Hay
una clara exageración, que parte del desconocimiento de la naturaleza de la
liturgia y su valor pastoral, en insistir en que la participación es solamente
algo externo, que hay fomentar, incluso añadiendo o inventando cosas no
previstas en los libros litúrgicos de la Iglesia.
Esa
clara exageración suele ir en detrimento de la participación interior, devota,
consciente, fructuosa, que son el núcleo de la verdadera liturgia. El cuidado
de la liturgia, la cura pastoral, la pastoral litúrgica, deben fomentar las
disposiciones internas, los sentimientos espirituales auténticos, para entrar
en el Misterio del Señor que se celebra en la liturgia.
Pío
XII lo advirtió ya en la encíclica Mediator Dei:
“Pero el elemento esencial del culto tiene que ser el interno; efectivamente, es necesario vivir en Cristo, consagrarse completamente a El, para que en El, con El y por El se dé gloria al Padre. La sagrada liturgia requiere que estos dos elementos estén íntimamente unidos; y no se cansa de repetirlo cada vez que prescribe un acto de culto externo” (nn. 34-35).
Lo externo, como los cantos, respuestas, posturas
corporales e incluso los distintos servicios litúrgicos (lectores, acólitos, coro,
oferentes en la procesión de los dones, monitor) buscan únicamente la
participación interior de los fieles, favorecer la unión con Cristo:

















