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miércoles, 14 de marzo de 2018

El bien de la paciencia (San Cipriano, III)

Ser pacientes y ser mansos es, en último término, imitar la paciencia de Dios.

¡Seamos imitadores de Dios!

Recibimos los ejemplos de paciencia de Dios para que nos conformemos al estilo divino.



"5. Y para mejor comprender, hermanos amadísimos, que la paciencia es virtud propia de Dios y que el paciente y manso es imitador de Dios Padre, cuando en su Evangelio el Señor daba saludables máximas y avisos espirituales para instruir a sus discípulos, habló así: “habéis oído lo que se publicó: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo declaro: amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre, que está en los cielos, el cual hace salir su sol sobre los buenos y malos y llueve sobre los justos e injustos. Pues si amareis a los que os aman, ¿qué recompensa tendríais? ¿Acaso no obran así también los publicanos? Y si saludareis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿Acaso no hacen esto también los gentiles? Debéis ser, pues, perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,43-48).

jueves, 1 de marzo de 2018

El bien de la paciencia (San Cipriano, II)

¿Cómo argumenta san Cipriano?

Nos sitúa ante la paciencia de Dios.


Dios es paciente con malos y buenos. Más: Dios espera pacientemente la conversión del pecador, no quiere su muerte sino que viva y aguarda al hijo que se ha ido de la casa a que regrese.

Esta virtud moral, la paciencia, la vemos de manera excelsa en Dios mismo.



"4. Cuál y cuánta es la paciencia de Dios se ve en que aguanta con toda calma la afrenta que hacen a su soberanía y dignidad los hombres, levantando templos idolátricos, fabricando estatuas, practicando sacrificios sacrílegos; se ve en que hace nacer el día y el sol lo mismo sobre buenos que sobre malos y riega la tierra con lluvias, sin quedar nadie excluido de sus beneficios, porque no discrimina entre justos y malvados.

viernes, 16 de febrero de 2018

El bien de la paciencia (San Cipriano, I)

Tras haber visto el más antiguo tratado sobre la paciencia, el del escritor africano Tertuliano, pasaremos a leer el trabado "sobre el bien de la paciencia" de San Cipriano, el obispo africano de Cartago, mártir en el s. III.


Al considerar, bajo diferentes argumentos, la virtud de la paciencia, hemos de desearla, entenderla, asimilarla, por lo importante que es que logremos ser "hombres virtuosos", esto es, no tener un acto de paciencia una vez aislada, en alguna ocasión, sino ser siempre pacientes.

Con la paciencia, su raíz, su objeto, su fin, alcanzaremos los bienes definitivos. Sean éstas unas catequesis patrísticas de verdad morales, educando nuestro ser en la moral cristiana, no en el moralismo, y pidiendo desde ya el don de Dios en los corazones.



"1. Habiendo de tratar de la paciencia, hermanos amadísimos, y debiendo ponderar sus beneficios y ventajas, por dónde empezar mejor que diciéndoos que ahora mismo necesito de la vuestra para escucharme, pues sin ella no podéis oírme ni aprender de mí; un razonamiento bien concertado se capta con provecho y eficacia cuando se escucha con paciencia. Y, a la verdad, no encuentro un razonamiento más útil para la vida o más eficaz para la gloria que practicar por completo la paciencia siguiendo los preceptos del Señor con espíritu de temor y de entrega.

jueves, 1 de febrero de 2018

La paciencia (Tertuliano - y XVI)

Terminamos el tratado enjundioso de Tertuliano sobre la paciencia. 

Siempre se ha considerado que la meditación sobre una virtud ilumina la inteligencia, enciende el deseo por adquirirla y ofrece pasos válidos para que se convierta en un hábito para nosotros. Es el procedimiento que hemos intentado desarrollar al leer esta pequeña obra.


La paciencia cristiana en su forma exterior es igual a la paciencia de los paganos, de los estoicos, de los filósofos, pero su contenido y su raíz difieren: lo nuestro es imitar la paciencia de Dios, vivir la paciencia de Dios en nosotros, conformando nuestro ser con la paciencia divina.

Tertuliano, sin embargo, con el rigor acostumbrado (terminó en la secta montanista), omite la paciencia pagana como virtud y la remite a la astucia de quien sabe obrar el mal agazapado.

Viviendo la paciencia cristiana reproduciremos en nosotros aquella paciencia que radica en el corazón de Dios. Entonces alcanzaremos los bienes prometidos.


martes, 16 de enero de 2018

La paciencia (Tertuliano - XV)

Nadie dudará ya de la necesidad de la virtud de la paciencia y sus benéficos efectos en quien la adquiere; no dudará después de haber leído casi íntegra ya la enseñanza de Tertuliano (160-220) en su tratado sobre la virtud de la paciencia.

Su elogio es bien merecido; cuánto más ponderemos la paciencia, más la desearemos e intentaremos, sostenidos por la gracia, movidos por la gracia, adquirir la virtud que nos sostiene en la espera y engendra otras muchas virtudes.

Y si la paciencia de Dios es nuestra salvación, y Cristo nos dejó un ejemplo y modelo de paciencia en su pasión, nosotros adquiriendo la paciencia imitaremos aquello mismo que está en Dios y que nos lo mostró. Él es paciente, compasivo y misericordioso. Cristo, el Verbo hecho carne, es manso y humilde, de paciencia infinita. Y con la paciencia salvaremos nuestras almas.

La caridad, porque es paciente, lo aguanta todo, lo soporta todo, lo disculpa todo, porque siempre espera, y espera sin ser defraudada por Dios. Por eso la paciencia es una virtud auxiliar tan buena y saludable, ya que colabora al dinamismo entero de nuestro ser teologal (fe, esperanza y caridad).


domingo, 10 de diciembre de 2017

La paciencia (Tertuliano - XIV)

Los ejemplos de los santos nos sirven para confrontar su experiencia con la nuestra, viendo así cómo la Gracia los ha convertido en santos y ellos mismos han respondido adecuadamente a tanta Gracia.


En los santos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, así como los innumerables santos de la Iglesia entera, atestiguan con su vida diferentes circunstancias y modos de vivir la paciencia: leer sus biografías es recibir una enseñanza constante.

Para Tertuliano, la paciencia se ve reflejada en los santos y así son para nosotros ejemplos y modelos para vivir esta virtud, adquirirla y desearla.


"Capítulo 14: Grandes modelos de paciencia
Contando con las fuerzas de la paciencia, Isaías no dejó de profetizar del Señor sino cuando fue aserrado vivo. 

San Esteban, mientras era apedreado, pedía perdón para sus enemigos (Hch 7, 59-60). 

jueves, 23 de noviembre de 2017

La paciencia (Tertuliano - XIII)

Nuestro cuerpo gime aguardando la redención de nuestro cuerpo, dirá san Pablo en Rm 8. Los achaques, el debilitamiento de nuestro organismo, la enfermedad pasajera o crónica, la edad, etc., nos hacen ver cómo esta tienda nuestra se desmorona. El cuerpo es frágil aunque el alma esté pronta, dispuesta, ágil.


Incluso cuando quisiéramos hacer un mayor bien, entregarnos aún más, limitar el descanso y hacer muchas más obras de misericordia o también obras apostólicas, hemos de contar que nuestro cuerpo tiene limitaciones de distinto tipo.

También la paciencia ha de vencer aquí, también la paciencia tiene que ver con nuestro cuerpo, aceptando humildemente sus límites.

Desde otro punto de vista, el cuerpo aprende a ser paciente mediante los instrumentos clásicos: la penitencia, la oración y el ayuno, de manera que frene su impetuosidad o se detenga la concupiscencia que nos arrastra a la pereza o a la gula, etc.


jueves, 9 de noviembre de 2017

Enfermedades del alma, ¿incurables?

Se nos ha dado un Médico admirable, Jesucristo, Médico de los cuerpos y de las almas, que con su acción poderosa nos devuelve la salud, nos restablece a la primitiva hermosura y orden del hombre creado.


Él ha venido y aplica remedios y medicinas adecuadas para sanar. Pero hemos de dar su valor exacto y preciso a las enfermedades del alma. Normalmente nos preocupamos más por las enfermedades del cuerpo, que nos debilitan o nos impiden el desempeño cotidiano de la vida; pero no menos importantes son las enfermedades del alma.

Un alma enferma es incapaz de obrar el bien, de ser buena, de reconocer la belleza, de vivir la verdad. Se enfanga más y más en su enfermedad, el pecado, y muchas veces ni se percibe como enfermo.

"Pasa ahora del ejemplo del cuerpo a las heridas del alma. Cuantas veces el alma peca, otras tantas resulta herida. Y para que no dudes que es herida por los pecados como por dardos y espadas, escucha al Apóstol, que nos advierte para que cojamos 'el escudo de la fe, en el cual podáis -dice- destruir todos los dardos ígneos del Maligno'.

Ves, pues, que los pecados son dardos 'del Maligno', dirigidos contra el alma. Sufren, sin embargo el alma no sólo la herida de los dardos, sino también las fracturas de los pies, cuando 'se preparan lazos para sus pies' y 'se hacen vacilar sus pasos'. ¿En cuánto tiempo, pues, consideras que tales heridas y de tal especie, pueden curarse? ¡Oh, si pudiéramos ver cómo resulta herido nuestro hombre interior por cada pecado, cómo le inflinge la palabra mala!" (Orígenes, Hom. in Num., VIII, 1, 7).

martes, 7 de noviembre de 2017

La paciencia (Tertuliano - XII)

El capítulo XII del tratado sobre la paciencia de Tertuliano orienta hoy nuestra reflexión, así como nuestro deseo, a conocer cómo la paciencia engendra y protege la paz y se pone al servicio de la penitencia.


La paz y la paciencia tienen una común raíz señalando así que el hombre pacífico es paciente y el hombre paciente es pacífico. Lo contrario sería la impaciencia que siempre es brusca, agresiva y colérica en ocasiones. El violento pierde la paz lanzándose con cólera hacia los demás.

Lo mismo habría que orientar sobre la penitencia. Ésta, definida por los Padres como un bautismo laborioso, necesita de paciencia para llorar los pecados y expiarlos en un proceso de conversión hasta que el corazón llegue a estar contrito y humillado en presencia del Señor.


martes, 17 de octubre de 2017

La paciencia (Tertuliano - XI)

La impaciencia todo lo destruye, y deja el alma arrasada, mientras que la paciencia, laboriosa, va engendrando virtudes que arraigan en el corazón humano.


Para adquirir cualquier virtud es necesaria su consideración, la repetición de actos hasta que se convierten en hábitos firmes del alma y lleguen ser parte de nosotros mismos. Esto no se consigue de un día para otro, ni de la noche a la mañana. No se deja ningún vicio del alma inmediatamente para que arraigue ya una nueva virtud. El trabajo es lento y paciente.

Por eso la paciencia trae consigo un conjunto de virtudes que se van haciendo nuestras con el paso del tiempo, lentamente, y refrena la impaciencia con sus vicios.


"Capítulo 11: La paciencia, madre de todas las virtudes
Después de haber tratado -dentro de nuestras posibilidades- los temas principales sobre la paciencia, ¿sobre qué otros trataremos?, ¿serán los de casa o los de afuera? Abundante y extensa es la labor del demonio. Variadísimos los dardos de este arquero dañino. A veces son pequeños y otras muy grandes. A los menores los desprecias en razón de su misma pequeñez; pero de los mayores, ¡huye a causa de su violencia! 

sábado, 23 de septiembre de 2017

La paciencia (Tertuliano - X)

Enseña Tertuliano la necesidad y conveniencia de la virtud de la paciencia en el desarrollo de la vida cristiana. 

Cuando se cierne sobre nosotros la maldad de los demás, cuando se nos provoca, o cuando el enemigo nos insulta, humilla o desprecia, sólo la paciencia puede refrenar la ira y la cólera, y así ni responder al mal con la violencia, frenando cualquier venganza que se nos pueda ocurrir -fruto de la concupiscencia-.

Sin la paciencia, la ira nos doblegaría ante cualquier ataque o daño sufrido; la cólera sin la paciencia sería voraz; la venganza planificaría su castigo si la paciencia no disipara la maldad del corazón.


"Capítulo 10: La paciencia, enemiga de la venganza
Otro muy grande estímulo para la impaciencia es la pasión de la venganza, tanto la que se pone a defensora del honor como la que se comete por maldad. Esta clase de honra es siempre tan vana, como la maldad es siempre odiosa ante Dios. Y lo es muy especialmente en este caso en que uno, provocado por la maldad de otro, se constituye a si mismo en juez con el fin de ejecutar la venganza. Esto es pagar con un nuevo mal; es duplicar el que se había cometido tan sólo una vez. Entre los malvados la venganza es considerada como un consuelo; pero entre los buenos se la detesta como un crimen. ¿Qué diferencia hay entre el provocador y el que a sí mismo se provoca? Que aquél comete el pecado antes, y éste lo comete después. Pero tanto el uno como el otro, son reos de crimen ante Dios, que prohibe y condena cualquier clase de maldad.

Ser el primero o el segundo en pecar no establece diferencia; ni el lugar distingue lo que iguala la semejanza del crimen. Porque de un modo absoluto está mandado que no se devuelva mal por mal (Rm 12, 17). Por tanto, a iguales acciones corresponde igual merecido. ¿Cómo observaremos, pues, este precepto si de veras no despreciamos la venganza? A más de esto, si nos apropiamos el arbitrio de nuestra defensa, ¿qué clase de honor tributamos a Dios, que es nuestro Señor? 

lunes, 4 de septiembre de 2017

La paciencia (Tertuliano - IX)

La paciencia, virtud sumamente necesaria, modera en nosotros el miedo ante la muerte, la perspectiva de la misma muerte -siempre terrible- y el dolor hondo cuando se rompen los hilos del afecto con aquellos a los que estábamos unidos y la muerte nos los arrebató.


La muerte, al no ser definitiva, ni victoriosa, es vencida con paciencia, hasta que, por pura gracia, si hemos vivido en santidad y justicia, podamos gozar de la vida eterna, de la resurrección de la carne y del reencuentro feliz con todos los santos en el cielo.

Sin paciencia, la muerte es demasiado angustiosa y la vida se convierte en una carrera sin freno para apurarla ante el temor de que después no hay nada más.


jueves, 17 de agosto de 2017

La paciencia (Tertuliano - VIII)

Las injurias y las humillaciones se dan en nuestra vida. Dichosos nosotros si ocurren por el Nombre de Jesús y su Evangelio.

Pero hay que resistir y no ceder a la tentación de responder con el mal o con la ira, sino que la paciencia nos conducirá a responder con el bien, a resistir mediante el bien: la mansedumbre y el perdón.


"Capítulo 8: La paciencia enseña a soportar las injurias
Los que en esta vida llevamos no sólo el cuerpo sino la propia alma expuesta a la injuria de todos, y además hemos de sobrellevarlo todavía con paciencia, ¿nos vamos a sentir heridos por algún pequeño daño? ¡Lejos del siervo de Cristo una torpeza tal, como sería la que una paciencia ejercitada para afrontar pruebas muy grandes viniese luego a quebrarse delante de unas naderías! 

Por lo tanto, si alguno osase provocarte con su propia mano, hállese pronta la admonición del Señor, que dice: "Al que te hiriere en el rostro, ofrécele también la otra mejilla" (Mt 5, 39). Canse tu paciencia a la maldad, cuyo golpe ya sea de dolor como de afrenta, será frustrado y más gravemente contestado por el mismo Dios. Pues, más castigas al mal cuanto más lo soportas; y más castigado será por Aquel por quien los sufres.

jueves, 20 de julio de 2017

La paciencia (Tertuliano - VII)

La paciencia nos humaniza, nos hace saber esperar, resistir, crecer.

Con ella alcanzamos bienes, sin ella podemos echar a perder todos los bienes.


"Capítulo 7: La paciencia y los bienes temporales
Hemos ya tratado sobre las causas de la impaciencia, ahora veremos otras obligaciones según se vayan presentando. Si el ánimo se halla perturbado a causa de la pérdida de los bienes familiares, casi no hay enseñanza del Señor que no inculque el desprecio de las cosas mundanas. Nada inspira tanto menosprecio del dinero como pensar que al Señor no se le encuentra jamás entre ninguna clase de riquezas. Siempre ensalza a los pobres; y a los ricos los amenaza con la condenación.

Si ordena el desprecio de la opulencia, la adelanta en la paciencia la resignación, para que no se haga cuenta de unas riquezas que se tienen que perder. En consecuencia, lejos de nosotros apetecer algo que el Señor tampoco quiso, sino que hemos de soportar sin pena su disminución y aun su pérdida. El Espíritu del Señor, por medio del Apóstol, declaró: "La codicia es la raíz de todos los males" (2Tm 6,10). Y esto lo interpretamos diciendo que no está la codicia tan sólo en el afán de lo ajeno, sino también en lo que parece ser nuestro; pues esto mismo es ajeno. Nada en verdad es nuestro, ni siquiera nosotros, por cuanto todo es de Dios. De consiguiente, ni resentidos por el daño sufrido, lo llevamos con impaciencia doliéndonos de la pérdida de algo que no era nuestro, entonces estamos cerca de ser víctimas de la codicia. Codiciamos lo ajeno cuando con amargura sufrimos la pérdida de lo que no era nuestro.

viernes, 30 de junio de 2017

La paciencia (Tertuliano - VI)

En el capítulo VI, Tertuliano presenta cómo la paciencia es el crisol de la fe.

Sin duda, y lo habremos experimentado, la fe es puesta a prueba muchas veces, para acrisolarla, refinarla, purificarla de falsas adherencias y que busque a Dios sólo por Dios, sin otras mezclas ni egoísmos. Pero en estas pruebas, la paciencia sostiene a quien es probado. Por eso, la paciencia es el crisol de la fe.

Y así, "la paciencia engendra virtud probada" (Rm 5). Hemos de resistir todo "firmes en la fe", o sea, pacientes en la fe, ya que la caridad es paciente, lo soporta todo, lo aguanta todo.


"Capítulo 6: La paciencia, crisol de la fe
Tan excelente es la paciencia que no sólo sigue a la fe sino que aún la precede (Gn 15). En efecto, creyó Abraham a Dios, y Éste lo reputó por justo. Pero la paciencia probó su fe cuando le ordenó la inmolación de su hijo. Yo diría que no se probó su fe, sino que se lo destacó para modelo, porque bien conocía Dios a quien había aprobado por justo. Y no sólo escuchó pacientemente tan grave mandato, cuya realización hubiera desagradado al Señor, sino que lo hubiera ejecutado si Dios lo hubiese querido. ¡Con razón bienaventurado, porque fue fiel; con razón fiel, porque fue paciente! De este modo cuando la fe -gracias a una paciencia divina fue sembrada entre los pueblos por Cristo, descendiente de Abraham- colocó la gracia sobre la ley; para ampliar y cumplir la ley antepuso la paciencia como auxiliar, pues sólo ella era lo que faltaba a la enseñanza de la anterior justicia (Gál., III).

En efecto, antes se exigía "diente por diente y ojo por ojo", se daba mal por mal (Ex 31, 23-25 y Dt 19, 21), porque aún no había llegado a la tierra la paciencia, porque tampoco había llegado la fe. Entonces la impaciencia se gozaba de todas las oportunidades que le ofrecía la misma ley. Así acontecía antes que el Señor y Maestro de la paciencia, hubiese venido. 

miércoles, 14 de junio de 2017

La paciencia (Tertuliano - V)

La educación moral sobre la paciencia que leemos en Tertuliano (s. II-III) nos lleva hoy a analizar y conocer bien qué es la impaciencia y los males que acarrea.


Pensemos que la impaciencia es lo contrario al método divino. Lo queremos todo aquí y ahora, con nuestros propios métodos y medidas, en lugar de aguardar a los tiempos divinos y su pedagogía. Eva quiso "ser como Dios", pero en lugar de aguardar a la divinización ya en el plan de Dios, prefirió acortar camino, y "ser como Dios" ya, atravesando los límites del tiempo y del plan de Dios, para serlo ahora, al momento, enseguida.

La impaciencia engendra pecados.


"Capítulo 5: Origen y males de la impaciencia
Proseguiremos pues, en nuestra disertación ya que no es simple ocio, sino más bien de utilidad el que se traten argumentos fundamentales para la fe. La locuacidad, aun cuando sea vituperable casi siempre, no lo es si se entretiene con temas edificantes. Ahora bien, cuando se investiga sobre alguna cosa buena, el método exige que se estudie también lo que le es opuesto, porque de esta manera se verá más claro lo que deba seguirse y, por consiguiente, más preciso lo que deba evitarse. Tratemos ahora pues, de la impaciencia.

lunes, 22 de mayo de 2017

La paciencia (Tertuliano - IV)

Siervos humildes somos y sólo hacemos lo que tenemos que hacer. Pero el trabajo obediente a la voluntad de Dios, los trabajos del Padre, sólo se pueden realizar pacientemente, día tras día, momento tras momento.

Es necesaria la constancia, la fortaleza y la perseverancia, para que seamos servidores del Señor, hijos obedientes. Entonces iremos viviendo en una paciente sumisión a Dios, que nada interrumpe ni altera.


Dice Tertuliano en el capítulo IV:


"Capítulo 4: Paciente sumisión a Dios
Ahora bien, si observamos que son los mejores siervos, los que soportan con buena voluntad el humor de su amo y lo sirven para merecer un premio que es fruto de su dedicación y de su complaciente sumisión, ¿cuánto más no debemos nosotros estar solícitos en el servicio del Señor, siendo servidores de un Dios vivo, cuyo juicio no tiene por castigo grillos de esclavitud, ni como premio sombreros de libertad, sino penas o dichas eternas?

miércoles, 3 de mayo de 2017

La paciencia (Tertuliano - III)

En el tercer capítulo de "La paciencia", de Tertuliano, se nos enseña la infinita paciencia de Cristo. Ésta marca y configura al cristiano que ha de vivir reproduciendo en él la paciencia de su Señor.


Recordemos, como durante toda la Cuaresma cantamos, que Cristo padeció por nosotros "dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas" (1P 5), y al fin y al cabo, su ejemplo de paciencia es también la gracia de la paciencia para nosotros, la reproducción de su paciencia en nosotros, que hemos de irnos configurando con Cristo.

¿De qué modo fue paciente Cristo?

¿Cómo brilló en Cristo la paciencia?

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"Capítulo 3: Paciencia de Cristo
Estas manifestaciones de la sabiduría divina podrían parecer como cosa tal vez demasiado alta y muy de arriba. Pero, ¿qué decir de aquella paciencia que tan claramente se manifestó entre los hombres, en la tierra, como para ser tocada con la mano? Pues siendo Dios sufrió el encarnarse en el seno de una mujer y allí esperó; nacido, no se apuró en crecer; y adulto, no buscó ser conocido; más bien vivió en condición despreciable. Por su siervo fue bautizado, y rechaza los ataques del tentador con sólo palabras. 

martes, 11 de abril de 2017

La paciencia (Tertuliano - II)

Continuamos con el tratado de Tertuliano sobre la paciencia.

¿Dónde fundamentamos nuestra paciencia?

¿Qué es la paciencia cristiana?


Es una imitación de la paciencia de nuestro buen Dios.

Así nos sintetiza mucho, tal vez en exceso, la paciencia de Dios en el capítulo II, como una referencia fundamental para que podamos vivir la paciencia.

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Capítulo 2: Paciencia de Dios con los hombres
A nosotros la obligación de practicar la paciencia no nos viene de la soberbia humana, asombrada de la resignación canina, sino de la divina ordenación de una enseñanza viva y celestial, que nos muestra al mismo Dios como dechado de esta virtud. Pues desde el principio del mundo Él derrama por igual el rocío de su luz sobre justos y pecadores. Estableció los beneficios de las estaciones, el servicio de los elementos y la rica fecundidad de la naturaleza tanto para los merecedores como para los indignos. Soporta a pueblos ingratísimos, adoradores de muñecos y de las obras de sus manos; y que persiguen su nombre y a su familia. Su paciencia aguanta constantemente la lujuria, la avaricia, la iniquidad insolente, a tal punto que, por esta causa, la mayoría no cree en Él porque jamás lo ven castigando al mundo.

jueves, 23 de marzo de 2017

La paciencia (Tertuliano - I)

Para forjar la conciencia es necesario conocer las virtudes, desearlas, y empezar a crear hábitos interiores que permitan que tal o cual virtud arraiguen como forma habitual de comportamiento.


La paciencia es una virtud auxiliar, podríamos decir, de la esperanza. Nos ayuda y sostiene ante la esperanza que Dios nos prometió y nos hace desear.

Comenzamos una larga serie, de 16 partes, leyendo el tratado de Tertuliano sobre "la paciencia", un autor africano (160-220). De camino, nos adentramos en una obra patrística para familiarizarnos cada día más con los Padres de la Iglesia y los escritores eclesiásticos.


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Capítulo 1: Importancia de la paciencia


Confieso a Dios, mi Señor, que temo no poco por mí y quizás sea desvergüenza el que yo me atreva a escribir acerca de la paciencia. De ninguna manera soy capaz, como hombre carente de todo bien. Porque cuando es necesario demostrar e inculcar alguna cosa, entonces se buscan personas competentes que con anterioridad la hayan tratado y con decisión dirigido para poderla recomendar con aquella autoridad que procede de la propia conducta; sin que sus enseñanzas tengan que avergonzarse por falta de los propios ejemplos.