Como aclamación a Cristo,
petición de la Iglesia,
se introdujo esta expresión en la liturgia, respetando la forma griega: Kyrie
eleison, como respetó otras palabras en su lengua original: Aleluya, amén,
hosanna.
¿Qué
piedad es ésta? La ternura y la misericordia entrañable que, en Jesucristo, se
ha volcado por completo sobre la humanidad, ya que Cristo es el rostro visible
de la piedad del Padre.
¡Ten
piedad! Los salmos, y el Antiguo Testamento en general, están plagados de
súplicas a Dios despertando su piedad o de acción de gracias porque Dios ha
manifestado su piedad y su misericordia.
El
salmo 85, la oración de un pobre ante las adversidades, invoca la ternura de
Dios que no se queda indiferente ante el sufrimiento: “Tú eres mi Dios, piedad
de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día; alegra el alma de tu
siervo, pues levanto mi alma hacia ti; porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan”. El orante, el pobre, el afligido,
reconoce que Dios es “lento a la cólera y rico en piedad” (cf. Sal 85; 102;
144).








