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sábado, 8 de junio de 2013

La amistad, método de apostolado

Como la fe modela a la persona en todo lo que ella es y vive, un cristiano es un hombre que rezuma la fe en todo y en todas sus relaciones. No se es cristiano en unos momentos pero no en otros, o se es cristiano en unas relaciones y en otras no. La persona creyente crece en unidad, sin fragmentación.

Por eso la amistad también viene iluminada por la fe en su modo de relación, de compartir, de vivencia, y la amistad es el mejor método de apostolado. A nadie se le conquista para Cristo con meras razones dirigidas al intelecto, sino con la amistad del testigo, con la presencia cálida, afectuosa, amable, que convence siempre más que las disquisiciones racionales. Mi amigo, ¿por qué vive así? ¿Por qué ama así? ¿Por qué experimenta la realidad así? ¿Cuál es el secreto de la esperanza de mi amigo?

Sabiendo esto, tan elemental, llegaremos a que la amistad es el mejor método de apostolado, como el mismo Cristo hizo con sus discípulos. Ningún método es neutro, todos llevan una carga de profundidad, un tamiz, una particular visión; el método cristiano siempre es amable, el método cristiano es la amistad.

"Una de las luces que el Concilio proyecta sobre la Iglesia -ya lo hemos repetido- es la vocación de todo fiel de la Iglesia misma a esa expansión de fe y de vitalidad cristiana, a esa efusión de la plenitud interior que su inserción en el Cuerpo Místico de Cristo lleva consigo, a ese amor del Reino de Dios, a ese testimonio religioso y moral que trasciende la propia individualidad, a esa necesidad de comunicar a otros el tesoro de verdad y de gracia que posee, lo cual, con expresión ya común, llamamos apostolado.

También el laico, sea cual fuere su condición, está llamado a esta conciencia, a esta actividad. Esto vale para el obrero y para el estudiante, para el rico y para el pobre. En cualquier situación social, todos los fieles están obligados a irradiar en torno de sí algún apostolado para el bien de los demás. Habrá que insistir en este principio porque de él, en gran parte, nace esta renovación, este progreso que el Concilio ha querido traer a la Iglesia. La Iglesia llama a los laicos; les dice: venid a reanimar el cristianismo que está amenazado por todas partes y haced ver, vosotros, laicos, que no tenéis ninguna especial investidura jerárquica, ni una especial vocación religiosa, que también vosotros sois capaces de iluminar con la luz de Cristo la sociedad moderna.

El apostolado no es sólo un hecho externo, sociológico; es una exigencia espiritual interna que toma su razón de ser del mismo misterio de la Iglesia, a la que pertenece el cristiano. Mas, ¿cómo se expresa y realiza esta exigencia? En otra ocasión, siguiendo las huellas del Concilio, decíamos que de dos formas fundamentales: una, individual; otra, asociativa (cf. Apostolicam actuositatem, 15 ss).

sábado, 25 de mayo de 2013

La vocación seglar al apostolado

Resulta llamativo que en el "Año de la Fe", el gran Papa Pablo VI dedique varias catequesis, y algunas más que vendrán, sobre el apostolado y sobre el laicado. ¿Pero qué tiene que ver esto con la fe? ¿Un año de la Fe y habla del apostolado?


La fe, si es tal, es dinámica, viva, apostólica, testimoniante. En ese Año de la Fe, convulso culturalmente, con caminos nuevos en la Iglesia, ya parecía que la fe o meramente era un revulsivo ético-revolucionario para la sociedad cambiando las estructuras o era un sentimiento privado. Por eso hablar de Fe es también hablar de apostolado y testimonio, dinamizando la vida eclesial de todos sus miembros.

La fe es confesante, activa, práctica. La fe es camino, movimiento, misión.

Un año dedicado a la Fe ayer (en 1968) como ahora (2012-2013) es también mostrar las consecuencias de una fe integrada, asimilada, interiorizada. De ahí surgirá el apostolado. Por esta razón Pablo VI habla del apostolado y sus palabras siguen vivas y penetrantes cuarenta años después.

sábado, 18 de mayo de 2013

El seglar bautizado es un testigo

La fe -¡Año de la fe!- convierte al bautizado en un apóstol y en un testigo. En apóstol por cuanto es enviado al mundo, a los hombres, por parte del Señor; en testigo, porque de lo que ha visto y oído, de lo que sus manos tocaron, la Palabra de la Vida, da un testimonio real y elocuente en el mundo.

La fe se encarna en los testigos, no en los ideólogos. La fe suscita testigos, y el mundo contemporáneo pide maestros que sean siempre a la vez testigos con su vida de Jesucristo.

El testimonio cristiano se da cuando se vive la fe bautismal sin reducciones, sino alcanzado su virtualidad completa, desarrollándola, y se fortalece la fe misma con el testimonio dado. Apóstol y testigo es todo bautizado, por tanto, también todo seglar en su ambiente, en el orden temporal y mundano.

Esta es otra preciosa catequesis de Pablo VI en el Año de la fe para formarnos y remover la conciencia.

"Un pensamiento actual se nos ofrece a la breve exhortación con la que queremos dar a la audiencia general un contenido doctrinal, familiar y modesto, digno de recuerdo y de reflexión; el pensamiento es sobre la exaltación que el Concilio ha hecho de cada uno de los miembros de la santa Iglesia, de cada fiel, de donde ha resultado la dignidad y la misión que competen al cristiano en cuanto tal y por ello también al simple laico. Esta magnífica doctrina merece ser comprendida y meditada;  nos lleva a las fuentes del misterio de la Iglesia, nos hace reflexionar sobre la naturaleza y la vocación del pueblo de Dios, y debe nutrir en profundidad la conciencia de cada fiel, y puede dar también al laico, al simple cristiano, no revestido de poder eclesiástico, ni perteneciente al estado religioso, un sentido vivo de su plenitud espiritual y de su compromiso apostólico con respecto a la comunidad eclesial (Cf. "Prima Romana Synodus", núms. 208 ss; Lumen Gentium, cap. IV).

Quisiéramos que estas enseñanzas fueran familiares para cada uno de vosotros. Cada fiel y, digámoslo ahora, cada seglar debería darse cuenta de su definición y de su función en el cuadro del designio divino de la salvación (Cf. Rahner, XX siècle, págs. 125 ss). Bástenos ahora en esta charla elemental presentar a vuestra consideración una palabra, que tiene mucha fortuna en el lenguaje espiritual moderno, la palabra "testimonio". Es una bella palabra, muy densa en significado, emparentada con otra, más grave y específica, "apostolado", del que el testimonio parece ser una forma subalterna, pero bastante extensa, que va desde la sencilla profesión cristiana, silenciosa y pasiva, hasta la cima suprema, que se llama martirio y que significa precisamente testimonio. Esto indica ya que el término, hoy tan usado, de testimonio, encierra, más aún, manifiesta muchos aspectos de la mentalidad cristiana; de estos aspectos sólo vamos a referirnos a algunos, para ofrecer en este diálogo nuestro tema para vuestras sucesivas indagaciones mentales.

jueves, 9 de mayo de 2013

La vocación cristiana es vocación al apostolado

En el contexto de aquel año de la Fe, desde junio de 1967 a junio de 1968, Pablo VI ofreció sus catequesis para iluminar no sólo la virtud sobrenatural de la fe, sino sus implicaciones y consecuencias.


Una de estas consecuencias es cómo la fe, la vocación cristiana, es una vocación al apostolado. La fe forja apóstoles y los envía, sin arriconarlos, encerrarlos, paralizarlos sino lanzándolos al mundo. Pero, ¿quién es sujeto apto para el apostolado? ¿Sólo las vocaciones de especial consagración? ¿Cuál es el fundamento verdadero del apostolado? ¡El Bautismo! Luego la fe cristiana es, de por sí, vocación al apostolado y todo bautizado es transformado en apóstol.

Palabras hermosas y catequesis precisa y esperanzada, la que nos ofrece el papa Pablo VI. Pero sean éstas una catequesis no sólo para disfrutarlas o aumentar nuestro caudal de conocimientos, sino para cuestionarnos, examinarnos, revisarnos, discernirnos.

"Tenemos que manifestaros que la visita de tantos hijos queridos despierta en nuestro espíritu la reflexión sobre los nuevos aspectos que el último Concilio ha querido considerar e ilustrar exponiendo su doctrina sobre el pueblo de Dios, del que formamos parte todos los que estamos en la Iglesia (cf. LG 12), y dictando la doctrina del laicado para evidenciar las prerrogativas que se le han de reconocer, y que pueden resumirse en dos capítulos, en los cuales puede encerrarse la llamada "teología del laicado": es decir, el puesto que ocupan en la Iglesia de Dios y la actividad eclesial y apostólica a que, hoy especialmente, están llamados.

viernes, 27 de julio de 2012

El laicado vivo que asume tareas

¿Un laico recibe algún encargo de la Iglesia? ¡Sí! El dinamismo propio del bautismo, concretado en su vocación laical, lo lleva a vivir su vocación en el mundo asumiendo tareas que le pertenecen por su propia naturaleza.

¡Ah!, ¿pero no es la pura pasividad? ¡No! El fiel laico posee una vocación y una misión, irrenunciable, insustituible. Le pertenece a él, no al sacerdote; es suya, no del religioso o consagrado.

¿Entonces? Pues habrá que mostrar el horizonte de la vocación laical y su campo de acción, recordarlo las veces que sean necesarias y ayudar, animar y acompañar en el desempeño de su apostolado.

"La Iglesia se concentra de modo especial en educar a los discípulos de Cristo, para que sean cada vez más testigos de su presencia en todas partes. 

-Toca a los fieles laicos mostrar concretamente en la vida personal y familiar, en la vida social, cultural y política, 
  • que la fe permite leer de una forma nueva y profunda la realidad y transformarla; 
  •  que la esperanza cristiana ensancha el horizonte limitado del hombre y lo proyecta hacia la verdadera altura de su ser, hacia Dios; 
  • que la caridad en la verdad es la fuerza más eficaz capaz de cambiar el mundo; 
  •  que el Evangelio es garantía de libertad y mensaje de liberación; 
  • que los principios fundamentales de la doctrina social de la Iglesia, como la dignidad de la persona humana, la subsidiariedad y la solidaridad, son de gran actualidad y valor para la promoción de nuevas vías de desarrollo al servicio de todo el hombre y de todos los hombres. 

 -Compete también a los fieles laicos participar activamente en la vida política de modo siempre coherente con las enseñanzas de la Iglesia, compartiendo razones bien fundadas y grandes ideales en la dialéctica democrática y en la búsqueda de un amplio consenso con todos aquellos a quienes importa la defensa de la vida y de la libertad, la custodia de la verdad y del bien de la familia, la solidaridad con los necesitados y la búsqueda necesaria del bien común. Los cristianos no buscan la hegemonía política o cultural, sino, dondequiera que se comprometen, les mueve la certeza de que Cristo es la piedra angular de toda construcción humana...

lunes, 9 de julio de 2012

¿Ya es hora, no? ¿Políticos católicos?

Enredados en mil cosas de puertas adentro, pensando que, con que vayan muchos, por ejemplo, a una procesión, tenemos un pueblo católico, hemos descuidado la dimensión social del catolicismo, que es innata. Solamente nos hemos interesado de lo que ocurre bajo el campanario y de puertas afuera hemos dejado que otros nos impongan su tolerante intolerancia. La voz de la Iglesia queda riculizada o silenciada, según los casos. Pero, y tendremos que lamentarlo aún más, no hemos ido capacitando al laicado para asumir sus funciones sociales y políticas en el mundo sino que hemos detenido los procesos formativos en la primera comunión sin ser capaces de dar algo más. Esto ha provocado, por ende, una mentalidad: la de que no era necesaria tanta formación y que la catequesis es algo exclusivamene para los niños; por eso, ahora, cuando hay iniciativas serias en algunas diócesis para adultos, éstos son una minoría y las parroquias no llegan o no pueden asumir un reto de capacitación del laicado.


Todo esto se presenta como una maraña difícil de desenredar para luego poder hilar fino.

¡Pero no podemos abdicar de nuestra responsabilidad! ¡Ni podemos renunciar a la más noble y elevada aportación católica a la vida social, pública y politica!

La situación de constante crisis en la que vivimos no es, ni mucho menos, una crisis económica, más o menos internacional, más o menos global (como modernamente se llama); es una crisis de la propia civilización, es una crisis de humanidad, de déficit de lo humano y de idolatría de aquello que va destruyendo a la larga (movidos por el relativismo y el nihilismo):

"Bien mirado, el problema no es solamente económico, sino sobre todo cultural y se manifiesta en particular en la crisis demográfica, en la dificultad de valorar plenamente el rol de las mujeres, en la dificultad de tantos adultos de concebirse y ponerse como educadores. Con mayor razón, es necesario reconocer y sostener con fuerza y con los hechos la insustituible función social de la familia, corazón de la vida afectiva y relacional, además de lugar en el que mejor que ningún otro se asegura la ayuda, cuidado, solidaridad, capacidad de transmisión del patrimonio de valores a las nuevas generaciones. Es por ello necesario que todos los sujetos institucionales y sociales se comprometan a asegurar a la familia medidas eficaces de apoyo, dotándola de recursos adecuados y permitiendo una justa conciliación con los tiempos del trabajo.
No falta ciertamente a los católicos la conciencia del hecho de que tales expectativas deben ponerse hoy dentro de las complejas y delicadas transformaciones que interesan a toda la humanidad. Como escribí en la Encíclica Caritas in veritate, “El riesgo de nuestro tiempo es que la interdependencia de hecho entre los hombres y los pueblos no se corresponda con la interacción ética de la conciencia y el intelecto” (n. 9). Esto exige “una clara visión de todos los aspectos económicos, sociales, culturales y espirituales” (ibidem, n. 31) del desarrollo.

domingo, 5 de febrero de 2012

Catequesis de adultos: educar en la moral

La vida moral, es decir, la posibilidad de vivir según el Espíritu una existencia cristiana nueva y renovada se puede cultivar en la catequesis de adultos, en cierto modo, de manera indirecta. Pensemos que:

    “La conversión a Jesucristo implica caminar en su seguimiento. La catequesis debe, por tanto, e inculcar en los discípulos las actitudes propias del Maestro. Los discípulos emprenden, así, un camino de transformación interior en el que, participando del misterio pascual del Señor, pasan del hombre viejo al hombre nuevo en Cristo. El sermón del Monte, en el que Jesús, asumiendo el decálogo, le imprime el espíritu de las bienaventuranzas, es una referencia indispensable en esta formación moral, hoy tan necesaria. La evangelización, que comporta el anuncio y la propuesta moral, difunde toda su fuerza interpeladora cuando, junto a la Palabra anunciada, sabe ofrecer también la palabra vivida. Este testimonio moral, al que prepara la catequesis, ha de saber mostrar las consecuencias sociales de las exigencias evangélicas” (DGC 85).


Junto a la provocación que los temas doctrinales desarrollaban en los catequizandos, requiriendo de ellos nuevos comportamientos de vida, de vez en cuando, jalonando el curso catequético, la formación específicamente moral se debe desarrollar:

miércoles, 13 de julio de 2011

Eclesialidad en la catequesis de adultos

    En toda catequesis de adultos (que tantas dimensiones debe abarcar: lo doctrinal, litúrgico, moral y espiritual), junto al sentido de misión-vocación apostólica, una peculiar línea, o tono característico, será la eclesialidad. 

A los catequizandos habrá que conducirles, de mil maneras distintas y en muchos momentos, a amar la Iglesia, sentirse Iglesia, reconocer la Iglesia como seno materno y casa de salvación, y, por tanto, a no detenerse en las mediaciones que a veces pudieran ocultar la vida cristiana. Por encima de cualquier sacerdote está la Iglesia, y la vinculación ha de ser con la Iglesia, no una vinculación afectiva con éste o aquél sacerdote; por encima de un grupo concreto, un camino o un movimiento, está la Iglesia a la que uno pertenece sin encerrarse en la exclusividad de “lo mío”; los sacramentos son celebraciones de la Iglesia, y en ellos hay que buscar al Señor, sin detenernos en la mediación del templo (más hermoso o menos) o del sacerdote... o incluso de participar en la catequesis de adultos por el catequista responsable o quien la imparta, sino por el bien que en sí mismo supone la catequesis. Por encima de todo, debe brillar Jesucristo y la Iglesia, y las mediaciones si conducen a ello estarán bien, y si lo entorpecen hay que tener la madurez de superarlas.

   

sábado, 18 de junio de 2011

Catequesis de adultos: las vidas de santos

    Los santos son norma, canon, de cómo el Evangelio puede ser realmente vivido y cómo la gracia va transformando al hombre haciéndolo semejante a Cristo en medio del mundo, sin ser del mundo pero sin sacarlo del mundo. Un santo es el fruto maduro de la Redención de Cristo y la demostración palpable de que es posible vivir en entrega al Señor. Son espejos que nos devuelven nuestra propia imagen, los mejores hijos de la Iglesia que se constituyen en estímulo para el seguimiento del Salvador. Más que para admirarlos, los santos se nos ofrecen para imitarlos por su concreción, por su cercanía. Son evangelios vivos, con diferentes edades, carismas y vocación, circunstancias y momento histórico, y en ellos cada uno puede ver reflejada su propia lucha, su sed de Dios, sus dificultades, su trabajo y profesión.

    Este valor pedagógico-catequético de los santos se presenta como una ayuda para la catequesis de adultos. El alto nivel de vida cristiana que representa la santidad, el Evangelio anunciado en catequesis, tiene luego personas que lo han vivido. Cuando se conocen a estas personas, despojando la hagiografía de leyendas y anécdotas piadosas y devocionales, son una ayuda en el proceso formativo de los adultos. 

Cada mes se puede entregar una biografía amplia (hay libros que son compendios de hagiografías de 10-12 páginas, muy útiles) de algún santo contemporáneo, preferiblemente seglar en los primeros meses (Luigi Beltrame y su esposa, el doctor José Moscati, Pier Giorgio Frassati...) para conocer modelos seglares de santidad. De paso, se inculca así la vocación a la santidad, común a todo bautizado.

¿Qué se puede aprender leyendo estas vidas de santos?

Entre otras cosas:

lunes, 7 de febrero de 2011

Normas de vida (una ayuda de la catequesis de adultos)

 La catequesis de adultos parroquial tiene mucho de conversión y seguimiento de Cristo, no sólo formación doctrinal (¡con lo necesaria que es!), sino que debe proporcionar herramientas adecuadas para "cristificar" y "cristianizar" la vida cotidiana.

Una ayuda para integrar personalmente todas las dimensiones formativas de la catequesis de adultos (doctrinal, litúrgica, moral y espiritual) e irlas concretando, pasado algún tiempo de catequesis (un año por lo menos), será la proposición seria de un plan de vida o de unas normas de vida, que cada cual debe "escribir" en conciencia y ante Dios, para que la catequesis vaya modelando el vivir diario. Es simplemente un instrumento pedagógico que permite ver todas las dimensiones de la catolicidad vivida y vayan plasmando con sinceridad su adhesión a Cristo en cosas concretas, ¡porque Cristo tiene que ver con toda la vida, con todo lo concreto!

La santidad es un proyecto de vida y ha de configurar nuestra existencia, y está al alcance de todos. Su gracia no va a faltar... pero habremos de poner orden y colaborar con la gracia porque la santidad no se improvisa.

    Unas normas de vida son una ayuda fundamental para vivir cada jornada en presencia de Dios. En su conjunto, nos pueden parecer muchos elementos, demasiadas cosas y que absorben todo el tiempo; si somos realistas vemos que no es así. Necesitamos una pedagogía que eduque nuestra alma, un orden en nuestra vida que dé unidad a todo lo que somos y vivimos.

Las normas de vida abarcan lo diario, y esa es la propuesta ("obligatoria") de la catequesis de hoy:
  • ofrecimiento de obras, oración personal, Santa Misa diaria, Ángelus, Rosario y visita al Sagrario
  • lectura y formación personal, retiro, confesión mensual
  • y, por último, el apostolado concreto: matrimonio-familia, parroquia, trabajo, etc., como exigencia que brotaba del propio bautismo, o si no nos gusta la palabra "exigencia", digamos como respuesta personal al Señor y colaboración con la Gracia.     

lunes, 17 de enero de 2011

Educar en la oración: la catequesis de adultos

    La catequesis de adultos –como el RICA realiza al entregar el Padrenuestro- supone una iniciación y una práctica de oración, cultivando el trato asiduo con Jesucristo. La catequesis de adultos, como proceso de formación continua y de seguimiento de Cristo, no son sesiones para "comprometernos" ni sigue un esquema de revisión de vida o de "lectura de los signos de los tiempos", sino que tiene su proceso propio. Enseñar a orar es un ingrediente de una correcta y eclesial catequesis de adultos. Ésta tomará en serio las palabras de Juan Pablo II:

"Sí, queridos hermanos y hermanas, nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser auténticas « escuelas de oración », donde el encuentro con Cristo no se exprese solamente en petición de ayuda, sino también en acción de gracias, alabanza, adoración, contemplación, escucha y viveza de afecto hasta el « arrebato del corazón. Una oración intensa, pues, que sin embargo no aparta del compromiso en la historia: abriendo el corazón al amor de Dios, lo abre también al amor de los hermanos, y nos hace capaces de construir la historia según el designio de Dios.
...Se equivoca quien piense que el común de los cristianos se puede conformar con una oración superficial, incapaz de llenar su vida. Especialmente ante tantos modos en que el mundo de hoy pone a prueba la fe, no sólo serían cristianos mediocres, sino « cristianos con riesgo ». En efecto, correrían el riesgo insidioso de que su fe se debilitara progresivamente, y quizás acabarían por ceder a la seducción de los sucedáneos, acogiendo propuestas religiosas alternativas y transigiendo incluso con formas extravagantes de superstición. Hace falta, pues, que la educación en la oración se convierta de alguna manera en un punto determinante de toda programación pastoral" (Carta Novo millennio ineunte, nn. 33-34).
 
“Enseñar a orar” es la cuarta tarea prioritaria de toda catequesis (junto a lo doctrinal, lo litúrgico y lo moral):

       

jueves, 18 de noviembre de 2010

La formación litúrgica en la catequesis de adultos

La catequesis de adultos pretende ser una iniciación no solamente doctrinal sino también litúrgica y vivencial, a tenor de las directrices de la Iglesia, que señala como una de las tareas fundamentales la educación litúrgica:

    “La comunión con Jesucristo conduce a celebrar su presencia salvífica en los sacramentos y, particularmente, en la Eucaristía. La iglesia desea ardientemente que se lleve a todos los fieles cristianos a aquella participación plena, consciente y activa que exige la naturaleza de la liturgia misma y la dignidad de su sacerdocio bautismal. Para ello, la catequesis, además de propiciar el conocimiento del significado de la liturgia y de los sacramentos, ha de educar a los discípulos de Jesucristo para la oración, la acción de gracias, la penitencia, la plegaria confiada, el sentido comunitario, la captación recta del significado de los símbolos...; ya que todo ello es necesario para que existe una verdadera vida litúrgica” (DGC 85).

Por eso, además de un año que se dedique a la mistagogia de la Eucaristía, al iniciarse un nuevo tiempo litúrgico (Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua) se podría hacer lo siguiente:

  • en cada curso de forma cíclica es bueno dedicar una o dos sesiones cada año a desgranar el contenido espiritual de cada ciclo litúrgico, su historia, su dinamismo interno, la distribución de las lecturas bíblicas, las líneas fuertes de espiritualidad,  viendo los textos litúrgicos (oraciones y prefacios), señalando qué es lo propio de cada momento del año litúrgico...
  •  y de modo particular, las catequesis de iniciación al Triduo pascual, donde paso a paso se explique de forma mistagógica cada celebración litúrgica: partes de cada celebración, estructura, respuestas y cantos. Para muchos será un descubrimiento lo que estas celebraciones encierran de riqueza y belleza así como la primera vez para algunos en descubrir y vivir (y participar) en la Santa Vigilia pascual. Tras la Pascua, puede haber algunos momentos de intercambio de la experiencia litúrgica-espiritual del Triduo.
  • Con algunos folletos u hojas, entregar los textos litúrgicos y enseñar cómo se estructuran (invocación, memorial, petición y conclusión), su inspiración bíblica, y educar en la oración con los textos litúrgicos.
  • La catequesis de adultos, dedicando una sesión por ejemplo al trimestre alternando con el contenido doctrinal, enseñará las distintas posturas y gestos corporales en la liturgia, cómo se proclama una lectura, el significado de algún rito o signo... También, y cada día parece más importante, explicar el sentido del canto litúrgico, qué es y qué no es, su momento propio para cantarlo, la importancia de la letra y de la música, acostumbrados hoy a cantar cualquier cosa pensando que eso ya es "participar", hacer "la Misa distraída, divertida", olvidando a veces la letra y solemnidad de los grandes cantos: el Gloria, el salmo responsorial, el Santo...
    La liturgia es escuela de vida espiritual, donde se bebe el genuino espíritu cristiano. La participación en la liturgia no se improvisa, porque no se trata de que todos intervengan y "hagan algo", sino que sepan orar, cantar, responder, adorar, escuchar y amar, con finura de espíritu y sensibilidad para la dignidad de la liturgia.

    domingo, 17 de octubre de 2010

    Catequesis de adultos: la parte doctrinal

    La catequesis de adultos es aconsejable diseñarla con una reunión semanal, de personas de distintas edades, niveles culturales, formación cristiana e implicación personal. Se establece así como catequesis de adultos de la parroquia, teniendo en cuenta, además, que se solía vincular el concepto “catequesis” restringiéndolo a la infancia.

        Teniendo en cuenta la variedad del grupo, habrá que insistir en una formación doctrinal seria, rigurosa, que vaya iluminando la inteligencia pero al mismo tiempo creando una mentalidad, una forma de pensar católica que, lógicamente, influya en la vida, provocando la conversión y el ajuste para vivir según la fe; o, desde otra perspectiva, intentar lograr que puedan dar razón de su esperanza. El conocimiento doctrinal no es secundario ni puede postponerse. El DGC señala como primera tarea fundamental de la catequesis el “propiciar el conocimiento de la fe” (DGC  85). Así de muy diversas formas se puede asimilar y desarrollar el planteamiento del Directorio:

        “El conocimiento de los contenidos de la fe (fides quae) viene pedido por la adhesión a la fe (fides qua). ... La catequesis debe conducir, por tanto, a la comprensión paulina de toda la verdad del designio divino, introduciendo a los discípulos de Jesucristo en el conocimiento de la Tradición y de la Escritura... Esta profundizar en el conocimiento de la fe ilumina cristianamente la existencia humana, alimenta la vida de fe y capacita también para dar razón de ella en el mundo” (DGC 85).

        El hilo conductor de cada año podría ser un tema o bloque temático en general, que se despliegue en cada sesión, con diálogo, con intercambio de experiencias (más que de opiniones, que siempre conducen al subjetivismo de “adaptar” cada uno a su gusto) y el estudio y profundización semanal en casa con materiales ad hoc que se proporcionen: artículos fotocopiados, libros, un índice de citas bíblicas y del Catecismo...

       

    jueves, 30 de septiembre de 2010

    Un laicado activo en la Iglesia para el mundo

    Era lo que se promovió durante el siglo XX y el Concilio Vaticano II asumió y alentó: un laicado activo. Forma parte de la Iglesia, ¡es Iglesia!, y no puede estar adormecido, impasible, inerte, sino vivo y activo.

    Es Iglesia el laicado, pero no para vivir encerrados en las sacristías y despachos parroquiales, sino para estar en el mundo, evangelizando el mundo, la sociedad y la cultura. Se parte del núcleo familiar, Iglesia doméstica, donde se recibe la tradición de la fe y se transmite, y se amplía a los deberes profesionales y de estado, pasando por la cultura, la política, la economía, el arte, las ciencias, el pensamiento... ¡Un laicado para el mundo!

    Primero, la clara conciencia que el laicado debe poseer de sí mismo. ¡Qué difícil despertar ese sentido de Iglesia y misión!

    Segundo, una robusta vida espiritual sin la cual nada se sostiene y se corre el riesgo de estar en el mundo a la intemperie, expuestos a todo, porque falla el cimiento de la vida interior.
    Tercero, la formación que ilumina la inteligencia para decir palabras certeras y dar razón de la esperanza cristiana a este mundo que ni espera ni cree necesitar nada (hemos hablado mucho de formación: este blog quiere responder a esa necesidad cuando a veces no se puede encontrar de otras maneras, o también, para suplir y completar la formación ya recibida).

    Cuarto, el respaldo y el apoyo de la comunidad cristiana que, como un corazón, lanza un movimiento de diástole, enviando. Las parroquias y comunidades cristianas no pueden ser una "fábrica de Misas", una especie de "supermercado" de servicios litúrgicos ni tampoco su opuesto: un club de amiguetes que forman un refugio afectivo y cálido.

    Las palabras de Benedicto XVI a este respecto deben marcar la pauta de trabajo y un convencimiento hondo:

    miércoles, 22 de septiembre de 2010

    Distintas formas de catequizar a los adultos

        Hay situaciones y circunstancias que exigen particulares formas de catequesis:
              a) La catequesis de iniciación cristiana, según el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos, paradigma de toda catequesis.
     
              b) Catequesis siguiendo el año litúrgico, en sus formas tradicionales, o en la forma extraordinaria de misiones populares.

              c) Catequesis perfectiva, aquella encaminada a quienes tienen una tarea de formación en la comunidad: catequistas, servidores en alguna tarea litúrgica, los que organizan el apostolado laical...

              d) Catequesis ocasionales: matrimonio, bautismo de hijos, sacramentos de iniciación cristiana, momentos especiales para los jóvenes, en la enfermedad, etc... "son circunstancias en las que las personas se sienten más movidas que nunca a preguntarse por el verdadero sentido de la vida".

                e) Catequesis con ocasión de circunstancias particulares: entrada en el mundo del trabajo, servicio militar, emigración... "Son cambios que pueden generar enriquecimientos interiores, pero también confusión y pérdida de orientación, por lo que se necesita la luz y la ayuda de la Palabra de Dios".

                 f) Catequesis referida al uso cristiano del tiempo libre, en vacaciones y viajes de turismo.
                 g) Catequesis que hay que hacer con ocasión de acontecimientos particulares que afectan a la vida de la Iglesia y de la sociedad. La Misa crismal, encuentros diocesanos, peregrinaciones, la visita ad limina, un Sínodo diocesano...

    Todas estas formas son complementarias, interaccionadas, mutuamente se reclaman según las diversas circunstancias y evolución espiritual. "Estas y otras formas particulares de catequesis no disminuyen en manera alguna la necesidad de instituir para todos los adultos procesos sistemáticas, orgánicos y permanentes de catequesis que toda comunidad eclesial debe garantizar" (DGC 176).

    Pero de forma permanente, y de manera más sistemática, señalaría tres modos de formación permanente que exigen, desde luego, una dedicación muy intensa de los sacerdotes para prepararlas:

    1. La catequesis de adultos, abierta a todos,
    2. La formación de catequistas (no es simplemente ver qué decimos en los grupos de catequesis de niños y jóvenes, o qué dinamica de grupo, o qué balance: estas reuniones necesarias pertenecen a un ámbito operativo)
    3. Los retiros parroquiales: una tarde al mes en la parroquia, con el Santísimo expuesto, una meditación o plática, oración personal, rezo de Vísperas...

    sábado, 18 de septiembre de 2010

    Ante la dictadura del relativismo, respuestas claras

    Los discursos del papa Benedicto XVI son luminosos, muy sencillos en la forma facilitando la comprensión, pero al mismo tiempo, y es un don, claros y profundos. Es el estilo de un verdadero maestro.


    En este viaje que está realizando a Inglaterra, ha pronunciado uno de esos párrafos que se convierten en antológicos. Se refiere a la dictadura del relativismo, un término acuñado por él, para expresar la realidad cultural en la que estamos inmersos y que se filtra por todas las rendijas generando una mentalidad perniciosa.

    Leamos primero sus palabras:

    "La evangelización de la cultura es de especial importancia en nuestro tiempo, cuando la "dictadura del relativismo" amenaza con oscurecer la verdad inmutable sobre la naturaleza del hombre, sobre su destino y su bien último. Hoy en día, algunos buscan excluir de la esfera pública las creencias religiosas, relegarlas a lo privado, objetando que son una amenaza para la igualdad y la libertad. Sin embargo, la religión es en realidad garantía de auténtica libertad y respeto, que nos mueve a ver a cada persona como un hermano o hermana. Por este motivo, os invito particularmente a vosotros, fieles laicos, en virtud de vuestra vocación y misión bautismal, a ser no sólo ejemplo de fe en público, sino también a plantear en el foro público los argumentos promovidos por la sabiduría y la visión de la fe. La sociedad actual necesita voces claras que propongan nuestro derecho a vivir, no en una selva de libertades autodestructivas y arbitrarias, sino en una sociedad que trabaje por el verdadero bienestar de sus ciudadanos y les ofrezca guía y protección en su debilidad y fragilidad. No tengáis miedo de ofrecer este servicio a vuestros hermanos y hermanas, y al futuro de vuestra amada nación" (Benedicto XVI, Homilía durante la celebración de la Misa en el Bellahouston Park de Galsgow, 16-septiembre-2010).
    Vayamos por partes.

    jueves, 9 de septiembre de 2010

    Los cometidos de la catequesis de adultos

    La catequesis de adultos debe responder a las necesidades y problemas de nuestro tiempo, capacitando al adulto para saber dar razón de su esperanza; para ello hay que anunciar la Palabra de la Verdad en su integridad, autenticidad y de forma sistemática, desde la Tradición y la vida eclesial. Esto debe realizarse:
    • poniendo en un primer plano el anuncio de la salvación,
    • iluminando con su luz las dificultades, oscuridades, falsas interpretaciones, prejuicios y objecciones hoy presentes (se ridiculiza la fe, se desprecia y margina lo cristiano, reduciéndolo a instancia cultural sin incidencia real en la vida cotidiana),
    • mostrando las implicaciones y exigencias morales y espirituales
    • e introduciendo a la lectura creyente de las Escrituras y a la oración, tanto personal como litúrgica.
    El Catecismo de la Iglesia Católica, y desde él, los catecismos de las Iglesias particulares, son herramientas de trabajo e instrumentos útiles y válidos para toda catequesis de adultos.

    Siguiendo las tareas fundamentales de la catequesis, que ya se describieron en el Directorio (tercer capítulo de la I parte), se detallan unas tareas específicas para la catequesis de adultos (cf. DGC 175):

    • Promover la formación y la maduración de la vida en el Espíritu de Cristo resucitado con los medios adecuados: pedagogía sacramental, retiros parroquiales, Vigilias de oración y Liturgia de las Horas, dirección espiritual...
    • Educar para juzgar con objetividad los cambios socio-culturales de la sociedad a la luz de la fe, para que se puedan discernir los valores cristianos con sabiduría e inteligencia espiritual. Así pues, muchas noticias o acontecimientos de actualidad en algún momento de la catequesis de adultos deberán ser juzgados y discernidos con los criterios de la fe, para no acabar pensando con el "pensamiento único" que se nos quiere imponer...
    • Dar respuesta a los interrogantes espirituales y morales. Todo hombre busca la Verdad y la Belleza, peregrina, busca e interroga para saciar su sed más profunda. Son interrogantes sobre moral pública y social, las cuestiones sociales, la educación de las nuevas generaciones; son interrogantes de sentido, de fin y objeto de la vida misma... y los interrogantes o cuestiones más pequeñas de la vida eclesial que a veces no se saben dónde ni a quién presentar. Una buena señal de esta iluminación y respuesta será la satisfacción al salir de la catequesis de adultos, como la alegría del que ha descubierto por fin algo que no hallaba de ningún modo.


    miércoles, 1 de septiembre de 2010

    Y decía Newman sobre la formación del laicado...

    He encontrado en un artículo esta cita, que no indica su procedencia, donde Newman, el cardenal que este mes será beatificado en Inglaterra por el propio Papa Benedicto, realiza afirmaciones muy serias, interpelantes, sobre la necesidad de un laicado con una formación profunda, sólida.


    "He aquí que ha llegado el tiempo de hablar…
    Es necesario no ocultar vuestros talentos bajo un velo, ni vuestra luz bajo el celemín. Yo quisiera contar con laicos preparados, no arrogantes, ni impacientes ni querellantes, sino hombres que profesan sinceramente su religión, que se identifican con ella, que saben justificar su punto de vista, que conocen bien las verdades de su fe de las que pueden dar cuenta, que estén bien informados de la historia, que puedan defender estas verdades. 
    Yo quisiera laicos inteligentes, bien formados… Yo espero que vosotros sabréis ampliar vuestros conocimientos, desarrollar vuestra razón y  que aprenderéis a discernir la relación de una verdad con otra, a ver las cosas tal como ellas son, y a percibir los fundamentos y los principios del catolicismo”.

    En muchas parroquias hay tímidas iniciativas de formación del laicado y comienzan actividades formativas, catequesis de adultos y escuela de catequistas.

    En muchas diócesis hay ámbitos nuevos de formación laical, más básico o con mayor envergadura (Instituto Superior de Ciencias Religiosas).

    ¿Se acude a ellos? ¿Hay conciencia clara en el laicado de la necesidad de esta solidísima formación? ¿Se valoran, se estiman, se potencian, todos estos ámbitos?

    Y también habría que preguntarse: ¿En todas las parroquias se es capaz de ofrecer ámbitos de formación real para el laicado? 

    Son dos las dimensiones o factores: que existan estos ámbitos es uno, el otro factor es que el laicado responda movido por el reconocimiento de que hoy son muchos los retos y desafíos, y hay que saber dar respuesta.

    sábado, 21 de agosto de 2010

    Elementos y criterios de la catequesis de adultos

        La catequesis de adultos intenta crear cristianos que vivan según el Espíritu de Cristo y que ordenen las realidades temporales según Dios. La fe de los adultos, en cambios y crisis muy profundas, sometidos a presiones y ambiente notoriamente hostil, tiene que ser iluminada, desarrollada y protegida para que "adquiera esa sabiduría cristiana que da sentido, unidad y esperanza a las múltiples experiencias de su vida personal, social y espiritual" (DGC 173).

        La catequesis de adultos busca crear los rasgos auténticos del cristiano adulto en la fe. Especial mención merece el catequista de adultos, por su formación, su talante, su vida cristiana, su madurez humana y sensatez, su paciencia y misericordia.

        La catequesis de adultos será auténtica y eficaz si asume unos criterios mínimos (cf. DGC 174):
    • atención a los destinatarios en cuanto adultos, teniendo en cuenta sus problemas y experiencias, sus capacidades espirituales y culturales, con pleno respeto a las diferencias;

    • atención a la condición laical de los adultos, que por el Bautismo buscan sembrar el Reino de Dios y su propia santidad;

    • atención a despertar el interés de la comunidad entera, para que sea lugar de acogida y ayuda sincera y fraternal a los adultos;

    • atención a la catequesis de adultos en sus diversas dimensiones, integrando la catequesis con la formación litúrgica y el servicio de la caridad.

    Hay que pensar que la catequesis de adultos no es simplemente unas sesiones de cursillos (bíblicos o litúrgicos) ni charlas de corte devocional; es la formación en todas las dimensiones del catolicismo para saber dar razón de nuestra esperanza, conociendo más para seguir mejor y más de cerca a Cristo.

    lunes, 26 de julio de 2010

    Planteamiento general de la catequesis de adultos

    Es tremendamente significativo que el primer nivel de catequesis que remarca el Directorio General de Catequesis es el de adultos. Es una gran renovación para la mentalidad eclesial: la catequesis de adultos es una acción prioritaria para toda comunidad cristiana, puesto que al ser catequizados los adultos se va renovando la Iglesia, creando familias católicas como la familia de Nazaret, donde niños y jóvenes sean educados por sus padres en una certera transmisión de la fe en el santuario familiar, en la liturgia doméstica. La exhortación apostólica Catechesi tradendae de Juan Pablo II incluso, aun cuando reconoce la importancia de esta catequesis, no la ponía al principio, sino detrás de la catequesis a niños, jóvenes, minusválidos; no obstante es iluminador el mensaje de Juan Pablo II:

                    "[La catequesis de adultos] es la forma principal de la catequesis, porque está dirigida a las personas que tienen las mayores responsabilidades y la capacidad de vivir el Mensaje cristiano bajo su forma plenamente desarrollada. La comunidad cristiana no podría hacer una catequesis permanente sin la participación directa y experimentada de los adultos, bien sean ellos destinatarios o promotores de la actividad catequética. El mundo en el que los jóvenes están llamados a vivir y dar testimonio de la fe que la catequesis quiere ahondar y afianzar, está gobernado por los adultos; la fe de éstos debería, igualmente, ser iluminada, estimulada o renovada sin cesar con el fin de penetrar las realidades temporales de las que ellos son responsables. Así pues, para que sea eficaz, la catequesis ha de ser permanente, y sería ciertamente vana si se detuviera precisamente en el umbral de la edad madura, puesto que, si bien ciertamente de otra forma, se revela no menos necesaria para los adultos" (CT 43).

        "La transmisión del mensaje de la fe a los adultos que ha de tener muy en cuenta las experiencias vividas, los condicionamientos y los desafíos que tales adultos encuentran, así como sus múltiples interrogantes y necesidades respecto a la fe" (DGC 172).