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domingo, 19 de febrero de 2012

Sobre los discapacitados

La discapacidad mental es una realidad dura y difícil no sólo para quien la padece, sin conciencia de su limitación, sino también para la familia, cuidadores y educadores que necesitan un gran amor, una delicadeza exquisita, una paciencia sin límites y una fe profunda para ver en el discapacitado al mismo Cristo.


Se trata de un ejercicio profesional, para cuidadores y demás, que requiere una vocación de servicio altísima, con entrañas compasivas, humildes y mansos, porque supera lo laboral-profesional para entrar en el terreno del altruismo, movidos por la caridad, sostenidos por la gracia.

Para ellos pueden servir estas palabras del papa Pablo VI, iluminando y animando, pero también para todos nosotros, que habremos de ser cercanos a estas realidades, conscientes de esa vocación y de la dificultad de vivirla día a día, cercanía sin falsa compasión ni palabras estériles, sino afecto, empatía y ayuda.

Queridos amigos:

Deseamos deciros con toda sinceridad que es un verdadero gozo para nosotros el recibir hoy de los miembros del Consejo Ejecutivo de la Liga Internacional de Sociedades para los Discapacitados Mentales.

miércoles, 1 de febrero de 2012

El dolor ofrecido

Lo que somos y lo que hacemos, lo que vivimos y trabajamos, las incomodidades que nos molestan y las enfermedades que padecemos, todo es un "material" agradable a Dios si se viven unidos a Cristo y se ofrecen humildemente.


Estas son circunstancias que reciben una nueva luz y un valor sobrenatural cuando se viven ofrecidas, uniéndonos a Aquel que es Sacerdote, Víctima y Altar. No en vano suplicamos en la plegaria eucarística III "que Él nos transforme en ofrenda permanente" porque san Pablo enseñaba que "ofreceos como hostia viva, santa, racional... Éste es vuestro culto razonable" (cf. Rm 12,1).

Lo que somos y vivimos, lo que padecemos y sufrimos, pueden tener valor de redención desde el mismo momento en que se aceptan por fe y se ofrecen por amor. ¿Los vamos a desperdiciar? Lo vivido con amor de Dios y ofrecido adquieren un valor sobrenatural que contribuye al bien de todos. Así, existencialmente, vitalmente, realizamos lo que se canta en la doxología de la plegaria eucarística: "Por Cristo, con Él y en Él, a ti Dios Padre".

miércoles, 16 de noviembre de 2011

El sufrimiento en la enfermedad

La enfermedad es una ruptura de toda la persona; el cuerpo se ve disminuido en sus facultades, en sus fuerzas, y experimenta el dolor llegando incluso a incapacitar, por un tiempo o de forma permanente. Es el aspecto más visible y doloroso de la enfermedad, y probablemente el que, en principio, más nos preocupa y por el que más nos interesamos.


Al acercarnos a un enfermo, nuestra conversación gira generalmente en torno a este sufrimiento de su cuerpo, intentando empatizar con él, comprenderlo, hacernos cargo de su situación. O si somos nosotros los enfermos, solemos detenernos en este punto: es el más llamativo, evidentemente, en cierto modo novedoso porque nos introduce en una situación nueva.

Pero la enfermedad es una pasión -padecer- que va más allá de lo físico porque no sólo somos cuerpo. La enfermedad repercute en la unidad de nuestra persona y toca el aspecto espiritual, generando sufrimientos morales de diversos órdenes, nada desdeñables, ya que a veces este sufrimiento moral-espiritual supera con creces las molestias físicas, atenuadas por la medicación.

lunes, 9 de mayo de 2011

Sobre el sacramento de la Unción de enfermos

Uno se lleva muchas sorpresas en su vida ministerial, o sustos, sería más apropiado. Pero los que se refieren a la Unción de enfermos son demasiado abundantes, tal vez por las pocas veces que los fieles viven el rito y no saben muy bien qué hacer ni cómo va.

¡Curioso!


Acompañado siempre de una religiosa o de uno o dos seglares que visitan enfermos semanalmente, más la familia, el sacerdote comienza el rito de la Unción. Conmovido ante el dolor, haciéndose Padre del enfermo y hermano de sus familiares... empieza el rito. 

¡Oh sorpresa! Siempre hay alguien demasiado cariñoso e imprudente que, mientras el sacerdote recita la oración, lee la lectura bíblica o ... se pone a hablar al enfermo y le dice: "¡¡Qué bien!! ¡Vas a recibir la Unción! ¿Estarás contenta, no?" El sacerdote mira la indiscreción a ver si consigue el silencio y el decoro, pero vano es su deseo. Al momento un familiar se incorpora al diálogo: "Mamá, te están diciendo que si estás contenta". Y la enferma sonríe y en parte piensa: "¡Por qué no se callan!"

Prosigue el rito. Se intenta hacer silencio y seguir orando.

Cuando se van a imponer las manos, un nuevo revuelo. Se miran, se hablan para "dejar paso" al sacerdote y que pueda acercarse a la cabeza del enfermo... y rompen el silencio del Espíritu Santo en la imposición de manos.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Bendición de los enfermos (añado una Post data)

Para los enfermos que ya han recibido la Unción y permanecen estables, sin mejoras pero tampoco agravándose, y están así durante años, el Bendicional ofrece el rito de Bendición de los enfermos que puede alcanzarles la ayuda divina. Esta Bendición sí se puede repetir, por ejemplo, anualmente, con la Jornada del Enfermo o por la Pascua del Señor.


De esta manera conocemos otro rito más de la liturgia de la Iglesia y podemos saborear sus textos. Omitimos algunas rúbricas y los textos ad libitum, que se pueden encontrar consultando el Bendicional, para quedarnos con lo esencial de este rito.

293. Existe la antiquísima costumbre, que tiene su origen en la manera de obrar del mismo Cristo y de los apóstoles, de que los enfermos sean bendecidos por los ministros de la Iglesia. Los ministros, cuando visitan a los enfermos, deben observar diligentemente lo que se dice en el Ritual de la unción y de la pastoral de los enfermos, núms. 87-90; pero sobre todo les han de poner de manifiesto la solicitud y el amor de Cristo y de la Iglesia.

295. El rito que aquí se describe puede utilizarlo el sacerdote, el diácono y también el laico, con los ritos y preces previstos para el laico; todos estos, respetando la estructura y los principales elementos del rito, adaptarán la celebración a las circunstancias concretas de los enfermos y del lugar.


Reunida la comunidad, el ministro dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Luego el sacerdote o diácono saluda a los enfermos y a los presentes, diciendo:

La paz del Señor a esta casa y a todos los aquí presentes. –Y con tu espíritu.

El ministro dispone a los enfermos y a los presentes a recibir la bendición con estas palabras u otras semejantes:

Jesús, el Señor, que pasó haciendo el bien y curando todas las dolencias y enfermedades, encomendó a sus discípulos que cuidaran de los enfermos, que les impusieran las manos y que los bendijeran en su Nombre. En esta celebración, encomendaremos a Dios a nuestros hermanos enfermos, para que los ayude a soportar con paciencia los sufrimientos del cuerpo y del espíritu, sabiendo que si son compañeros de Cristo en el sufrir, también lo serán en el buen ánimo.

Luego se proclama la lectura bíblica (2Co 1,3-7, o bien Mt 11,28-30).

lunes, 23 de agosto de 2010

La enfermedad en la paz


El joven san Rafael Arnáiz murió joven en su monasterio trapense. Sufrió con la diabetes, sin embargo, vivió en paz, en oblación, en abandono. Sabía que la enfermedad era una nueva ocasión de encuentro con el Señor, de ofrecimiento diario para bien de la Iglesia, para la redención del mundo, indicando así cómo vivir cristianamente la enfermedad.

Su testimonio nos puede educar para cuando nos llegue la enfermedad, y a los enfermos hoy a vivirla con visión sobrenatural, en el Misterio que nos sostiene.


n. 831. “Enfermo..., separación. Largas horas sentado en un sillón oyendo campanas, y siguiendo con la intención todos los actos de la comunidad...
También yo tuve salud..., eso era antes. Ahora, gracias a Dios, estoy enfermo, y cuando el Señor lo cree necesario me lo recuerda, haciéndome sentar unos cuantos días en un sillón de la enfermería y sacándome del coro... Él sea bendito.

n. 832. Él..., que es el que todo lo dispone, y lo dispone bien me lleva a la soledad, y enseñándome el vacío inmenso de la nada, que es todo lo que está fuera de Él..., me invita a pensar; me obliga en mi inutilidad a buscar su apoyo. De todo me separa, para mejor unirme a Él.
Bendito sea Dios y bendita sea mi enfermedad, que es el medio de que Él se vale para cumplir sus designios en mi insignificante personal.

¡Qué grande es Dios!... ¡Qué inmensa es su misericordia!... ¡Qué pequeños somos los hombres!... Todo eso voy pensando a medida que transcurren las horas sentado en mi sillón y oyendo las campanas que anuncian los actos de la comunidad.


n. 833. Cuesta a veces pequeños sufrimientos llegar a esa paz del alma, a esa alegría santa de vivir cumpliendo nuestro fin de enfermos. Son muchas pequeñas cosas a las que hay que renunciar. Pero una vez que el alma ha comprendido que el único camino es la espera en los brazos de Dios..., se renuncia de buen grado y con alegría a todo lo que es pasajero, a todo lo que es mudable, a todo lo que no es nuestro..., como por ejemplo, la salud”.
(Santo Hermano Rafael, OC).

miércoles, 14 de julio de 2010

Ritos con los enfermos

No todo en la pastoral con los enfermos es la Santa Unción, máxime cuando ésta se administra últimamente de manera que no parece sacramento de Enfermos (por gravedad, por estado grave de salud) sino casi como un sacramento de la ancianidad, a todos a partir de que hayan cumplido los 65 años y que se ponen en fila a recibirlo, cuando aún no son sujetos de este Sacramento de la Unción. Es una manera de trivializar el Sacramento.

"Aprendiz" lo preguntaba el otro día y hoy le respondo con libros litúrgicos en la mano.

Para muchos que estando enfermos, no son enfermedades gravísimas ni viven sus últimos momentos, sino que soportan debilidad física e incluso moral (los achaques de la edad, por ejemplo), la Iglesia ofrece otro rito, tanto en la casa del enfermo como para celebrarlo en la iglesia, de manera comunitaria, que es la Bendición de los enfermos. La liturgia de la Iglesia es muy rica y si se la conoce, pastoralmente daría una impronta espiritual.

El Bendicional dice:

"Existe la antiquísima costumbre, que tiene su origen en la manera de obrar del mismo Cristo y de los apóstoles, de que los enfermos sean bendecidos por los ministros de la Iglesia. Los ministros, cuando visitan a los enfermos, deben conservar diligentemente lo que se dice en el Ritual  de la unción y de la pastoral de los enfermos, núms. 87-90; pero sobre todo les han de poner de manifiesto la solicitud y el amor de Cristo y de la Iglesia.

El rito que aquí se describe puede utilizarlo el sacerdote, el diácono y también el laico, con los ritos y preces previstos para el laico; todos estos, respetando la estructura y los principales elementos del rito, adaptarán la celebración a las circunstancias concretas de los enfermos y del lugar" (Bend., n. 293. 295).