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miércoles, 12 de septiembre de 2012

Lenguaje cristiano y lenguajes

Que hemos de evangelizar, está claro; que se está evangelizando, también, a pesar de muchos profetas de calamidades; que la evangelización resulte un éxito en número... ya es otro cantar.

Presentamos a Jesucristo al mundo, lo anunciamos, lo indicamos como Juan Bautista mostrando que Él es la respuesta a las preguntas del hombre, a los deseos de su corazón, a sus búsquedas más profundas y sinceras.

Pero hay dos problemas (entre otros).

El primer problema es que ofrecemos respuestas a interrogantes y preguntas que nadie se ha cuestionado y que, por tanto, nadie nos ha hecho. Si no se preguntan, si no buscan, ¿cómo van a necesitar las respuestas que les damos? La generación actual -con frutos de deseducación en las aulas y en la tv- está anestesiada contra todo, viviendo en un sopor, sin buscar nada más que lo inmediato y relegando a la nada lo más noble y las búsquedas más existenciales. Les proponemos respuestas: pero jamás se han atrevido a formular sus propias preguntas. 


El segundo problema sería el lenguaje. Hay un lenguaje cristiano específico, fruto de una cultura cristiana, una Tradición, una liturgia, que expresan contenidos vitales y salvíficos. Pero el lenguaje muchas veces es incomprensible para quien lo oye, entre otras cosas, porque no ha sido iniciado en él. ¿Alguien hoy, educado según los últimos planes educativos, sabe leer un retablo con escenas bíblicas? No. Pues lo mismo ocurre en el ámbito del anuncio. Oyen la palabra "amor", pero ya en su inteligencia la tienen traducida a simple sentimiento o emoción libre, de usar-tirar; oyen la palabra "paciencia" que es activa, diligente y recia, y la entienden como "resignación". Oyen la palabra "pecado" y sin ver su dramatismo originario, la interpretan como algo que está prohibido arbitrariamente y que no tiene maldad en sí mismo, sino que es fruto de un consenso que declara algo "malo" o "bueno".

Pero el problema del lenguaje cristiano y su comunicación es más amplio: por ejemplo, hoy el gran medio es la tecnología, Internet -aquí estamos como ejemplos vivos- con un lenguaje propio, inmediato.

Con las palabras del Papa al Pontificio Consejo de la Cultura, reflexionemos sobre el problema del lenguaje cristiano.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Estudiar es un trabajo (¡para jóvenes!)

Cada uno se santifica, ante todo y sobre todo, en las obligaciones propias de su estado, en el desempeño de su propio trabajo, cuando se hace en presencia de Dios, con la mayor perfección posible, y con miras sobrenaturales, es decir, para gloria de Dios.


Para los jóvenes, ya sea en la etapa de Secundaria, ya sea en la Universidad, así como para otras personas dedicadas a la investigación y la docencia, estudiar es un trabajo. Requiere el ejercicio de distintas virtudes y un deseo real de aprehender, es decir, comprender y abarcar lo que se estudia, hacerlo suyo, desarrollarlo. Es mucho más que memorizar para luego volcarlo en un examen. El estudio es un trabajo paciente, formativo, que da fruto muchísimo más tarde, cuando esos conocimientos hay que aplicarlos en la vida, en la profesión.

¿Cómo estudiar? ¿Para qué estudiar? ¿Qué debe guiar el estudio?

Y además, ¿cómo santificarse en las horas de estudio, entre libros, folios, fichas, ordenador y biblioteca?

sábado, 25 de agosto de 2012

Relativismo o negación de la Verdad

Por mucho que volvamos una y otra vez sobre lo mismo, resultarán pocas las veces... porque el principal desafío que tenemos que afrontar no es otro sino el relativismo que ha invadido nuestra cultura secularizándola.

Esto afecta en la práctica a la vida de los hombres y de los pueblos; el relativismo que es la destrucción de la Verdad y su sustitución por la "opinión" siempre que entre en lo políticamente correcto, es el clima en el que respiramos y que provoca la enfermedad que debilita a tantas sociedades y culturas.

Esta es la gran batalla que ha asumido el papa Benedicto XVI, el gran pensador y teólogo, mostrando sus raíces y causas, señalando sus consecuencias y encarando sus presupuestos. Es la defensa de la "razón" ante el "pensamiento débil" y las diversas formas de racionalismo; es la defensa del hombre, de la persona humana, ante la destrucción.

La libertad de anunciar el Evangelio se encuentra hoy en riesgo a causa de la dictadura del relativismo. El relativismo amordaza aquello que amenaza el sueño (más bien pesadilla) de que no existe la Verdad y por tanto no se puede anunciar nada como absoluto, universal, verdadero y bueno.

La relación entre verdad y libertad es esencial, pero hoy se encuentra frente al gran desafío del relativismo, que parece completar el concepto de libertad pero en realidad la pone en riesgo de destruirla proponiéndose como una verdadera 'dictadura'. Nadie se puede salir de los parámetros establecidos, de las "corrientes de pensamiento" tan débiles que desconfían de la capacidad de la razón para descubrir y abrazar la Verdad.

Nos encontramos por tanto en un tiempo de difícil compromiso para afirmar la libertad de anunciar la verdad del Evangelio y de las grandes adquisiciones de la cultura cristiana.

Pero no debemos aminorar ni el impulso ni la fuerza del anuncio: el corazón del hombre está hecho para la Verdad y la busca aunque no llegue a percibirlo. La respuesta es Jesucristo para el hombre de hoy mientras vemos derrumbarse toda una civilización que nació cristiana pero que el secularismo actual ha ido minando en sus bases.


domingo, 20 de mayo de 2012

La Europa que nació cristiana

¿Acaso podríamos olvidarlo?

¡Europa nació cristiana! La fe cristiana configuró Europa, le dio un alma, impulsó su verdadero desarrollo a cotas que después jamás se igualaron.

Europa, cristiana, favoreció la unidad de los pueblos con un destino común, una vocación. Sólo la disgregación que provocó la modernidad, las distintas revoluciones, el nuevo paganismo, las diferentes ideologías, paralizó Europa y la llevaron a su crisis permanente, a su falta de identidad, a la negación y al relativismo.

Lo que el Papa Benedicto señalaba al Embajador de Croacia en un discurso es, en gran medida, extrapolable a todas las naciones europeas.

"Para fortalecer a las generaciones actuales, se debe explicar claramente la rica herencia de la historia de Croacia y la cultura cristiana que la ha nutrido profundamente y en la que siempre se ha apoyado su gente en la adversidad" (Benedicto XVI, Discurso al Embajador de Croacia, 11-abril-2011).

El proyecto hoy de una Europa unida en lo político y en lo económico, sólo puede tener como una base razonable la propia identidad, su cultura cristiana, su raíz nacida de la evangelización.

domingo, 26 de febrero de 2012

Evangelizar cómo y con sencillos gestos

No sabía muy bien cómo titular esta catequesis.

Veréis: he encontrado el siguiente video con la conferencia íntegra de d. Javier Martínez, Arzobispo de Granada, que fue una persona que marcó mi vida, al que aprecio y le debo mucho.

He escuchado la conferencia entera, que dura 1 h. 16 min., y he disfrutado enormemente. El tema es la evangelización pero a la hora de exponerlo D. Javier aborda los presupuestos culturales, un análisis profundo, los sencillos gestos cotidianos, el testimonio. A mí me ha encantado y es evidente que si os ofrezco el vídeo de la conferencia es porque la asumo, la rubrico.

A ver qué os parece.



Como es domingo, aunque la conferencia es larga, espero que saquéis tiempo y ganas para escucharla. Vale la pena.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

La Belleza sin más

La Belleza orienta al hombre a Dios, y toda verdadera Belleza suscita en el hombre la contemplación o fruición que diría San Agustín, deseando abrazar al Autor de toda Belleza.


La Belleza abre una ventana al hombre para que mire al infinito. Si aplicáramos este criterio como criterio de discernimiento a todo, tendríamos elementos de juicio más que suficientes para distinguir la Belleza tanto del feísmo reinante como del esteticismo encerrado en sí mismo; criterios para juzgar si una película es bella o no, si una música posee belleza o es mero ruido, si un lienzo es bello o son simples trazos, e incluso si una liturgia es Belleza o es esteticismo puro y duro.

La belleza, desde la que se manifiesta en el cosmos y en la naturaleza hasta la que se expresa a través de las creaciones artísticas, a causa de su característica de abrir y ampliar los horizontes de la conciencia humana, de llevarla más allá de sí misma, de asomarla al abismo de lo infinito, puede convertirse en un camino hacia lo trascendente, hacia el misterio último, hacia Dios.

El arte, en todas sus expresiones, en el momento en el que se confronta con las grandes interrogantes de la existencia, con los temas fundamentales de los cuales deriva el sentido de vivir, puede asumir una validez religiosa y transformarse en un recorrido de profunda reflexión interior y de espiritualidad.

Esta afinidad, esta sintonía entre camino de fe e itinerario artístico, se confirma en un incalculable número de obras de arte que tienen como protagonistas los personajes, las historias, los símbolos de aquel inmenso depósito de "figuras" --en sentido amplio-- que es la Biblia, la Sagrada Escritura. Las grandes narraciones bíblicas, los temas, las imágenes, las parábolas han inspirado innumerables obras maestras en cada sector de las artes, así como también, han hablado al corazón de cada generación de creyentes mediante obras de artesanía y de arte local, no menos elocuentes y conmovedoras (Benedicto XVI, Discurso a los artistas, 21-noviembre-2009).

domingo, 23 de octubre de 2011

Sobre el hombre y la civilización del amor

Sólo un hombre nuevo, renovado por la gracia de la redención de Cristo, puede construir algo nuevo y valioso; sólo un hombre nuevo puede edificar una cultura y una civilización nuevas, la "civilización del amor" según el término acuñado por Pablo VI. 

El mundo, la cultura, la sociedad, no se cambian a base de leyes, como si las leyes por sí mismas fueran buenas por el mero hecho de ser promulgadas (iuspositivismo) al margen de la moralidad: sobran los ejemplos. Incluso las leyes más justas quedarán en nada si el hombre no se ha hecho a sí mismo justo (por la Gracia de Dios). Las diferentes estructuras de pecado existentes no se solventan con la promulgación de leyes, porque éstas serán de nuevo vulneradas si el hombre no es bueno ni se va haciendo bueno. El problema es más radical, el problema es la conversión y la transformación del hombre y entonces la vida social mejora buscando el Bien.

La homilía de Pablo VI al clausurar el Año Santo de la Reconciliación, en 1975, une, con insuperable estilo, estas dos realidades. Primero el hombre nuevo, convertido:

Nos, hemos dado a aquel rito de la apertura de la Puerta Santa un doble significado simbólico, pero tremendamente real, el de la necesidad de obtener un perdón, sin el cual una barrera de desesperación obstaculizaría nuestra entrada en el templo de Dios. Nos, hemos en efecto reconocido nuestra angustiosa y existencial necesidad de recomponer nuestra relación normal y feliz con el Dios vivo; hemos experimentado espiritualmente así nuestra incapacidad absoluta de transformar por nosotros solos en amistad vital tal indispensable relación; hemos rozado con el vértigo del miedo el abismo de un fatal ruina; hemos osado, nosotros hombres de este espléndido y babélico siglo, trepidante y animoso, llamar a la puerta, por nosotros mismos desierta, de la casa paterna, es decir, del reavivamiento de la economía del Evangelio, el de la reconciliación con la armonía primaria, contigo, oh Dios de la justicia y de la bondad.

sábado, 8 de octubre de 2011

Tareas de un estudiante en la Universidad

Un estudiante católico en la Universidad debe tener presente que se está labrando, ante todo, como persona: crece, se forjan las virtudes cristianas, y en el ámbito intelectual, se enriquece su conocimiento intelectual con nuevas perspectivas... Pero al hablar de lo intelectual, no podemos ceñirnos simplemente a un temario, unos libros y unos exámenes: sino a la dimensión más profunda del hombre que quiere conocer. Limitarse a los mínimos (aprobar unos exámenes, cumplir unos créditos), es privar a la inteligencia de su alimento y al espíritu de su necesidad de conocer.

Quien esté en la Universidad, ha de poner en juego, movido por la fe, todos los recursos para que su intelecto conozca y comprenda la realidad, y cuanto más estudie y profundice, podrá ir conociendo y contemplando la Verdad. Un católico en la Universidad debe llevar como sello distintivo el deseo de conocer y profundizarlo todo.
Inmersos en estos años de estudio en el mundo del conocimiento, estáis llamados a invertir vuestros mejores recursos, no sólo intelectuales, para consolidar vuestra personalidad y para contribuir al bien común. Trabajar para el desarrollo del conocimiento es la vocación específica de la Universidad, y requiere cualidades morales y espirituales cada vez más elevadas frente a la vastedad y la complejidad del saber que la humanidad tiene a su disposición. La nueva síntesis cultural, que en estos momentos se está elaborando en Europa y en el mundo globalizado, tiene necesidad de la aportación de intelectuales capaces de volver a proponer en las aulas académicas el mensaje sobre Dios, o mejor dicho, de hacer renacer ese deseo del hombre de buscar a Dios --"quarere Deum"-- al que me he referido en otras ocasiones (Benedicto XVI, audiencia a los participantes del primer Encuentro Europeo de Estudiantes Universitarios promovido por la comisión Catequesis-Escuela-Universidad del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa, 11-julio-2009).
Pero para conocer más y mejor guiados por la luz de la fe, se requieren cualidades morales y espirituales. Es necesario firmeza y constancia en el carácter para dedicar horas de estudio diariamente (aunque no haya una urgencia inmediata: un trabajo que entregar o un examen, por ejemplo); requiere paciencia y perseverancia... y sobre todo el aspecto vocacional de quien se prepara lo más y mejor posible para ponerse luego al servicio del Señor allí donde Cristo lo quiera situar en la sociedad humana.


sábado, 24 de septiembre de 2011

Jóvenes católicos en la Universidad

Como es comprensible, también la acción pastoral universitaria debe al mismo tiempo expresarse en toda su validez teológica y espiritual, ayudando a los jóvenes de manera que la comunión con Cristo les conduzca a percibir el misterio más profundo del hombre y de la historia. Y, precisamente por su específica acción evangelizadora, la comunidad eclesial comprometida en esa acción misionera, por ejemplo la capellanía universitaria, puede ser el lugar de la formación de creyentes maduros, hombres y mujeres conscientes de ser amados por Dios y llamados, en Cristo, a convertirse en animadores de la pastoral universitaria. En la Universidad, la presencia cristiana se hace cada vez más exigente y al mismo tiempo fascinante, porque la fe está llamada, como en los siglos pasados, a prestar su insustituible servicio al conocimiento que, en la sociedad contemporánea, es el verdadero motor del desarrollo. Del conocimiento, enriquecido con la aportación de la fe, depende la capacidad de un pueblo de saber mirar al futuro con esperanza, superando las tentaciones de una visión puramente materialista de nuestra esencia y de la historia (Benedicto XVI, Audiencia a los participantes del primer Encuentro Europeo de Estudiantes Universitarios promovido por la comisión Catequesis-Escuela-Universidad del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa, 11-julio-2009).

Un joven católico en la Universidad tiene retos por delante para su propia vida; pero estos retos no son los simplemente académicos, sino su propia persona en Cristo.

1. Ante todo, la etapa universitaria debe suponer el descubrimiento del misterio del hombre y de la historia. Una mirada nueva, como la mirada de Cristo sobre el propio hombre, y un conocimiento de la historia y de su proyección, de su sentido. En la Universidad pueden los jóvenes descubrir y valorar este misterio del hombre, creado, redimido y agraciado, con sed de Dios.

2. Puede ser una etapa de comunión mayor con Cristo, reforzada por toda pastoral universitaria. Los jóvenes, en la Universidad, pueden vivir unidos a Cristo cada día más (la oración personal es imprescindible, la visita al Sagrario en la capilla de la Facultad -si la hubiere-, el ofrecimiento de obras, estudiar en presencia de Dios, con un pequeño crucifijo delante). Hay que sumar la participación dentro de las actividades que la pastoral universitaria plantee: ciclos de conferencias, sesiones, etc., o si existe la posibilidad, elegir la asignatura de Teología como asignatura de libre configuración.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Una visión (católica) de la Universidad (JMJ)

La catequesis de hoy debería servir, en primer lugar, a los jóvenes que están en ese fascinante período académico que es la Universidad así como al profesorado; pero también y por extensión a todos nosotros para valorar adecuadamente qué es la Universidad, situarnos ante lo que es su realidad, entender el momento histórico-cultural en que vivimos, subrayar el valor de la razón y su ejercicio iluminado por la fe.

Cuando titulamos una visión "católica" no significa tanto la visión propia de la Iglesia Católica, cuanto la visión más completa e integradora de la Universidad misma en su vocación originaria, aquello que le dio su impulso al nacer en la Edad Media, propiciada por la Iglesia, aquello que constituye su sustancia y su naturaleza y sin lo cual la Universidad se degrada a una mera institución u organismo expendedor de créditos y títulos para incorporarse al mercado laboral competitivo.

No cabe duda de que Ratzinger tuvo como maestro interior a Newman y comparte con él una manera de ver, analizar y considerar. Y Newman es un intelectual de categoría, fundador de la Universidad Católica de Irlanda, en Dublín. En una lección pública, Newman presentó la naturaleza y la vocación de la Universidad:

"Aquí, al mismo tiempo, me siento invitado a explayarme sobre la grandeza de una institución cuya amplitud de miras es suficiente como para permitir un debate sobre un tema como éste. Entre los objetivos del quehacer humano -estoy seguro, caballeros, de que puedo afirmarlo sin exageración- ninguno es más alto ni más noble que el que contempla la fundación de una Universidad.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Universitarios católicos

Más de una vez, jóvenes que están en la Universidad, católicos ellos, que espero que realmente estudien y se abran al conocimiento de la Verdad y no simplemente aprobar asignaturas, se preguntan sobre su existencia católica en la Universidad. Realmente lo tienen duro, difícil: sienten que se les mira como bichos extraños, seres de otro planeta. Piensan que, como la Universidad es cosa de la razón-inteligencia, la fe es una superstición pasada y miran a los jóvenes católicos con cara de extrañeza.

Desde luego, lo primero que hay que desmontar es que la fe se relegue al ámbito del sentimiento, de la privacidad, y que la razón sea autónoma e incompatible con la fe. Al revés, la razón participa del Logos, que es Jesucristo, y la fe empuja a la razón a la búsqueda de la Verdad, la ilumina y sostiene. Por tanto, nada más católico que el estudio, la formación, el amor a la Verdad, el cultivo de la razón con la luz de la fe, el desarrollo de la inteligencia. Los jóvenes católicos en la Universidad deben saberlo y mirar su carrera universitaria desde esa perspectiva.

El papa Benedicto se dirigía a los jóvenes en la Universidad y les decía:
¿Qué espera la Iglesia de vosotros? Es el mismo tema sobre el que estáis reflexionando para sugerir la respuesta oportuna: "Nuevos discípulos de Emaús. Como cristianos en la Universidad"...

Esto puede realizarse si vosotros, como los discípulos de Emaús, encontráis al Señor resucitado en la experiencia eclesial concreta, y particularmente en la celebración eucarística. "En cada Misa, de hecho --recordé a vuestros compañeros hace un año durante la Jornada Mundial de la Juventud en Sydney--, el Espíritu Santo desciende nuevamente, invocado en la solemne oración de la Iglesia, no sólo para transformar nuestros dones del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor, sino también para transformar nuestra vida, para hacer de nosotros, con su fuerza, un solo cuerpo y un solo espíritu en Cristo".

sábado, 27 de agosto de 2011

"No os conforméis con menos que Cristo" (JMJ)

Tras la JMJ, se abre un tiempo necesario, el de la asimilación y maduración, no sólo del valor de la Jornada y el impulso a las iniciativas de la pastoral juvenil y la evangelización, sino asimilar y madurar la enseñanza del santo Padre.


Sus discursos, alocuciones y homilías son una hoja de ruta para todos y una enseñanza valedera. Muestran cuál es el lenguaje cristiano y la metodología cristiana. Señalan al horizonte último, Jesucristo, y cómo el deseo del hombre solamente halla su respuesta y cumplimiento en Él. Es, por tanto, un lenguaje existencial, cercano, fácilmente comprensible para todos porque conecta con la experiencia de lo humano en nosotros. A veces nuestros lenguajes pueden ser piadosos, otras una soflama ética y revolucionaria, otro el lenguaje del 'compromiso', otros un lenguaje devocional que suena a hueco... pero un lenguaje realmente cristiano es otra cosa. Benedicto XVI nos ha dejado un modo de hablar que deberíamos hacer nuestro.

"No os conforméis con menos que Cristo".

Esta afirmación absoluta del Papa hay que encuadrarla dentro de la situación real en que vivimos. Los sucedáneos no satisfacen el corazón ni su exigencia de verdad. La cultura ambiente que nos rodea está marcada por corrientes que arrastran: relativismo, nihilismo. Hemos vuelto a un paganismo real donde apenas se le deja sitio a Dios. Formas nuevas de idolatría se han impuesto y la principal es la del hombre que se ha creído un dios. Nada de esto responde a la naturaleza del hombre, a su sed de verdad, a su deseo de infinito. Más bien se revuelve y devora al hombre.

lunes, 4 de julio de 2011

Humanismo cristiano

El humanismo cristiano es una rica realidad nacida de la consideración de la Persona del mismo Cristo.

"Cristo revela el hombre al hombre" (GS 22).

Tal cual: el hombre sabe lo que es, la antropología, y sabe su destino y vocación, la escatología, por la Persona del mismo Cristo, donde el hombre se descubre  a sí mismo.

El humanismo cristiano parece estar hoy incluso mal considerado. Algunos pretenden identificarlo con un culto al hombre por el hombre sin Cristo y lo rechazan; es más, la misma expresión "humanismo cristiano" se intenta proscribir como maldita.

Atendamos a unas palabras del Papa:

Confiados en la posibilidad de la “razón humana”, en la fidelidad plena al inmutable depositum fidei, es necesario – como hizo el "Doctor Communis" [Santo Tomás] – recurrir siempre a las riquezas de la Tradición, en la constante búsqueda de la “verdad de las cosas”. Por esto, es necesario que las Pontificias Academias sean hoy más que nunca Instituciones vitales y vivaces, capaces de percibir agudamente tanto las preguntas de la sociedad y de las culturas, como las necesidades y las expectativas de la Iglesia, para ofrecer una contribución adecuada y válida y promover así, con todas las energías y los medios a disposición, un auténtico humanismo cristiano (Benedicto XVI, Discurso a las Academias Pontificias, 28-enero-2010).
En la búsqueda de la verdad de las cosas, en la investigación, en la respuesta a los interrogantes del hombre de hoy, hay que responder y crear un "auténtico humanismo cristiano".

sábado, 25 de junio de 2011

La cultura contemporánea: un reto

Como he afirmado muchas veces, la cultura de hoy se resiente fuertemente, tanto de una visión dominada por el relativismo y el subjetivismo, como por métodos y actitudes a veces superficiales e incluso banales, que dañan la seriedad de la investigación y de la reflexión y, en consecuencia también el diálogo, la comparación y la comunicación interpersonal. Parece, por tanto, urgente y necesario volver a crear las condiciones esenciales de una capacidad real de profundización en el estudio y en la investigación, para que se dialogue racionalmente y se confronte eficazmente sobre las diversas problemáticas, en la perspectiva de un crecimiento común y de una formación que promueva al hombre en su integridad y compleción. A la carencia de puntos de referencia ideales y morales, que penaliza particularmente la convivencia civil y sobre todo la formación de las generaciones jóvenes, debe corresponder una oferta ideal y práctica de valores y de verdades, de razones fuertes de vida y de esperanza, que pueda y deba interesar a todos, sobre todo a los jóvenes (Benedicto XVI, Discurso a las Academias Pontificias, 28-enero-2010)

Varios son los puntos fuertes de este párrafo. 

1. Hemos de ser realistas y mirar la realidad en la que vivimos para saber situarnos y dar una respuesta creyente. Lo primero es que la cultura hoy se resiente, y mucho, del relativismo y del subjetivismo. Nos lo inculcan por todas partes, desde lo más inocente (programas de humor, series de TV) hasta lo más descarado (tertulias y debates). Esto genera una mentalidad: la opinión lo es todo, la tolerancia es compartir opiniones sin establecer ni buscar qué es Verdad y qué es mentira. A esto se le une el subjetivismo: la vida se determina por las emociones y sentimientos de cada uno, hacer lo que uno "sienta", lo que a uno le plazca, sin pensar, porque la inteligencia hoy está arrinconada en favor del sentimiento. ¡¡Es horrible!! Veamos (por favor, una sola vez) pero veamos uno de esos programas de "corazón" y comprenderemos bien qué es el subjetivismo y el emotivismo. Incluso la tan manida frase "allá cada cual con su conciencia" permite que incluso una conciencia errónea, equivocada o deformada, tenga plena libertad de acción. ¿Nada ni nadie ilumina la conciencia?

sábado, 30 de abril de 2011

Sana laicidad: proponer las grandes cuestiones

En el tiempo de la Pascua, la Iglesia recibe el impulso de su Señor para anunciar en el mundo que Cristo es el Señor; el impulso para afrontar un diálogo que acompañe a los hombres en el descubrimiento de la Verdad, planteando las grandes cuestiones: Dios y el hombre, la Verdad y la Vida.

La propuesta de anuncio se ha plasmado en una experiencia nueva, el "Atrio de los gentiles" para dialogar la fe y la razón y ofrecer las propuestas en un clima de sana laicidad (en palabras del propio Papa). Se trata de iniciativas grandes para la cultura de hoy, para los hombres de pensamiento de hoy, para el mundo de la cultura, de la universidad, los ámbitos en los que se forja una sociedad, su forma de vivir, de comunicar, de relacionarse.

Un videomensaje del Papa al primer encuentro de este "Atrio de los Gentiles" en París me parece que llama la atención y que deberíamos pensarlo, sobre todo, para ser sensibles a las nuevas cuestiones que se han de afrontar y adquirir una nueva mentalidad (mens) saliendo de los localismos, de la "pastoral de campanario" donde no se ve más allá que las mínimas cuestiones (devocionales, por ejemplo, o problemas domésticos-parroquiales) en las que estamos enredados.

"En el corazón de la Ciudad de las Luces, frente a esta magnífica obra maestra de la cultura religiosa francesa, Notre-Dame de París, se abre un gran atrio para dar un nuevo impulso al encuentro respetuoso y amistoso entre personas de convicciones diferentes. Vosotros jóvenes, creyentes y no creyentes, igual que en la vida cotidiana, esta noche queréis estar juntos para reuniros y hablar de los grandes interrogantes de la existencia humana. Hoy en día, muchos reconocen que no pertenecen a ninguna religión, pero desean un  mundo nuevo y  más libre, más justo y más solidario, más pacífico y más feliz. Al dirigirme a vosotros, tengo en cuenta todo lo que tenéis que deciros: los no creyentes queréis interpelar a los creyentes, exigiéndoles, en particular, el testimonio de una vida que sea coherente con lo que profesan y rechazando cualquier desviación de la religión que la haga inhumana. Los creyentes queréis decir  a vuestros amigos que este tesoro que lleváis dentro merece ser compartido, merece una pregunta, merece que se reflexione sobre él. La cuestión de Dios no es un peligro para la sociedad, no pone en peligro la vida humana. La cuestión de Dios no debe estar ausente de los grandes interrogantes de nuestro tiempo.

domingo, 20 de febrero de 2011

El humanismo cristiano: precisiones

Hoy se mira como sospechoso hablar y tratar del humanismo cristiano, como si éste fuera la negación del carácter sobrenatural del cristianismo y de la vocación eterna del hombre. Muchos propugnan sólo y exclusivamente el concepto de "teocentrismo" y valoran como heterodoxo o modernista hablar de humanismo cristiano, como una traición al depósito de la Revelación.

Pero el humanismo cristiano está en la entraña del cristianismo.

No vamos a entretenernos en refutar los ataques al humanismo. Creo mejor leer, meditar, sopesar e integrar la doctrina de la Iglesia misma, ésta por voz de Pablo VI (hoy cuestionado y arrinconado, su palabra puesta en entredicho, como si hubiera Papas cuya doctrina es de primera categoría y exige obediencia y respeto, y Papas de segunda categoría cuya doctrina sí puede discutirse, reinterpretarse o silenciarse).

¿Qué es el humanismo cristiano? 

"Hoy día muchos sustituyen la teología por la antropología. Ven en el cristianismo un valor humano aceptable para todos; pero no ven la verdad divina que da a aquel valor humano su razón de ser y su valor infinito.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Necesidad de belleza

Sabemos que no es la primera vez que el papa Benedicto XVI habla de la belleza. Es, para él, un tema recurrente por necesario. Y lo es, porque, entre otras cosas, ha bebido de los trabajos de Von Balthasar que ofrecía el acceso a Dios y la Verdad revelada en forma de Belleza que seduce y atrae revelándose así la Gloria de Dios; y que Balthasar, genial teólogo, ofrece su "estética teológica" como un método hondo y precioso, no esteticista, para toda la dogmática.


La belleza es un atributo de Dios mismo, una cualidad esencial de su Ser, mostrándose así, para atraer el corazón de los hombres. El camino de la belleza, la via pulchritudinis, es un acceso privilegiado a Dios mismo. Lo que sea bello en sí mismo va unido indisolublemente a la Verdad y al Bien.

El Papa, en Barcelona, señalaba y recordaba:

"E hizo [Gaudí] algo que es una de las tareas más importantes hoy: superar la escisión entre conciencia humana y conciencia cristiana, entre existencia en este mundo temporal y apertura a una vida eterna, entre belleza de las cosas y Dios como Belleza. Esto lo realizó Antoni Gaudí no con palabras sino con piedras, trazos, planos y cumbres. Y es que la belleza es la gran necesidad del hombre; es la raíz de la que brota el tronco de nuestra paz y los frutos de nuestra esperanza. La belleza es también reveladora de Dios porque, como Él, la obra bella es pura gratuidad, invita a la libertad y arranca del egoísmo" (Benedicto XVI, Homilía en la basílica de la Sagrada Familia, Barcelona, 7-noviembre-2010).

La verdadera belleza se origina en Dios. El mundo queda transfigurado por la belleza de Dios y esta belleza de Dios embellece y hermosea las cosas. Lo que es bello en sí, entonces, es bueno, y nos remite a Dios y nos eleva a Dios. Lo que no es bello, sino artificioso, retiene al hombre en sí mismo, en las cosas, sin elevarse ni trascenderse.
La gran necesidad del hombre es la belleza; sin ella, nada se puede vivir; sin ella, la esperanza se pierde. Es la belleza de un abrazo o de un gesto de ternura o misericordia, es la belleza de la música que envuelve o de la arquitectura que revela al hombre su pequeña estatura y tiende a situarlo en el misterio; es la belleza de la pintura o de la escultura que revela el "algo más" que el corazón desea y busca; es la belleza de la creación entera que descubre al hombre el orden del Creador y su grandeza...

La gran necesidad del hombre es la belleza.

viernes, 29 de octubre de 2010

Palabras sobre la santidad en el contexto actual del mundo

El mundo en que vivimos -beligerante con guante blanco para el catolicismo- parece admitir la tesis de que el cristianismo es superfluo, innecesario para la vida real y cotidiana; en todo caso, sólo apto para provocar determinados sentimientos afectivos y emociones en el ámbito privado que dan cierto consuelo o cierto bienestar. Aquí está la gran mentira. Sin embargo, aquí y ahora, la existencia de los santos nos demuestra que vivir cristianamente es un "todo": uno que ha sido alcanzado por la gracia piensa distinto, vive distinto, tiene una mirada distinta sobre la realidad. Y lo distinto no significa aquí una mirada o actitud más puesta al lado de otras miradas y otras actitudes. Significa una mirada y una vida en plenitud: ¡aquello que el hombre desea y busca! La santidad es esa respuesta.


Lo cristiano (la fe, la gracia) no es algo marginal en la vida: genera una humanidad nueva que sabe amar, responder a los desafíos de hoy y entregarse porque "la gracia de Cristo vale más que la vida" (cf. Sal 62). Los santos son seres humanos plenamente completos porque son, simplemente, humanidad realizada.

Traigo aquí las palabras finales del Arzobispo de Granada, D. Javier Martínez, en la beatificación de fray Leopoldo, el 12 de septiembre de este año. Sencillamente geniales, situando la santidad -a la que todos estamos llamados- en el marco cultural concreto en que hoy vivimos. Aconsejo releerlas porque me parecen maravillosas, una gran catequesis.

"Dios nos sorprende siempre. En realidad, Dios es siempre la fuente y a la vez, en el fondo, el objeto, de ese asombro que es acaso el primer gesto específicamente humano ante la vida y la realidad. En todo asombro, lo que nos sorprende es la creación de Dios, nos sorprende su elección, nos sorprenden sus obras, nos sorprende su amor sin límites y sin condiciones. Y si no estuviera en nosotros esa ceguera que es fruto del pecado, entonces la lógica misma de ese asombro nos haría vivir establemente en el gozo y en la acción de gracias a Dios, que es en realidad la actitud más racional y más plenamente humana que pueda darse. Es la actitud que la redención de Cristo nos ha vuelto a hacer posible. Es la actitud que marca la vida de un hijo de Dios, de un cristiano...


miércoles, 29 de septiembre de 2010

Enseñanza, Universidad, laicado (de nuevo, Newman)

En la Iglesia Católica la razón no es mirada con recelo, y quien la mire así es que no ha entendido nada. La gran valedora hoy de la razón es la Iglesia, porque confía en la capacidad racional dada por Dios al hombre para la búsqueda de la Verdad... mientras que el ambiente circundante -que se las da de intelectual, que pretenciosamente se hacen llamar "los hombres y mujeres de la cultura"- sospechan de la razón, la ven débil e incapaz de alcanzar nada sólido y prefieren instalarse en el relativismo (nada es Verdad, todo da igual) y el emotivismo (mover al hombre sólo por impulsos y sentimientos).


Si la Iglesia es valedora de la razón ante el "pensamiento débil" hijo de la secularización y de la postmodernidad, Newman es un ejemplo preclaro. Es la razón -el arte de pensar bien- lo que cuida él, y lo que quiere que se cuide al máximo en la vida de la Iglesia porque nos jugamos mucho. 

Newman, como buen intelectual (aunque ser intelectual hoy se mira como sospechoso, poco "pastoral"), traza líneas que hoy siguen siendo actuales: el cultivo de la enseñanza, de los colegios católicos, de la Universidad y del pensamiento. Son los lugares y ámbitos de la razón que genera pensamiento y configura el ser personal, a condición de una clarísima identidad católica (sin disimular, ni aguar la doctrina descafeinándola, disfrazándola de "valores" para no desentonar) y con alto nivel formativo. De ahí saldrá un laicado maduro, hecho, forjado; de ahí un laicado que puede hablar y responder a las objecciones del mundo; un laicado cuya razón ha sido moldeada para pensar y para contemplar.

Benedicto XVI lo expresaba así:

"El servicio concreto al que fue llamado el Beato John Henry incluía la aplicación entusiasta de su inteligencia y su prolífica pluma a muchas de las más urgentes “cuestiones del día”. Sus intuiciones sobre la relación entre fe y razón, sobre el lugar vital de la religión revelada en la sociedad civilizada, y sobre la necesidad de un educación esmerada y amplia fueron de gran importancia, no sólo para la Inglaterra victoriana. Hoy también siguen inspirando e iluminando a muchos en todo el mundo. Me gustaría rendir especial homenaje a su visión de la educación, que ha hecho tanto por formar el ethos que es la fuerza motriz de las escuelas y facultades católicas actuales. Firmemente contrario a cualquier enfoque reductivo o utilitarista, buscó lograr unas condiciones educativas en las que se unificara el esfuerzo intelectual, la disciplina moral y el compromiso religioso. El proyecto de fundar una Universidad Católica en Irlanda le brindó la oportunidad de desarrollar sus ideas al respecto, y la colección de discursos que publicó con el título La Idea de una Universidad sostiene un ideal mediante el cual todos los que están inmersos en la formación académica pueden seguir aprendiendo. 

viernes, 24 de septiembre de 2010

El mundo de la docencia: para profesores y maestros

Ahora que está empezando un nuevo curso escolar, con lo difícil que está el mundo educativo porque difícil es este mundo secularizado (sin interés, sin autoridad, nivel bajísimo en todo, etc.), los docentes deben armarse de una gran visión espiritual, de un sentido cristiano de su labor, para saber adónde deben llegar y animarse en su paciente trabajo.


De forma más especial aún, los colegios católicos con ideario católico: ¡deben ser tales, formando católicos, pues eso esperan los padres de ellos! Aquí se incluye la abnegada labor de muchos religiosos y religiosas consagrados a la enseñanza. Tienen en sus manos a muchísimos jóvenes y no es suficiente darles clases, y luego hablar de "valores", "tolerancia", "paz"... sino un aprendizaje de ser persona con sólidos principios católicos.

Los maestros y los religiosos de la enseñanza son educadores: esto es siempre algo más que la transmisión de unos contenidos prescritos por un programa con unos créditos y "objetivos". Es colaborar con Cristo en el desarrollo plenamente humano y sobrenatural de sus alumnos.

Prefiero dejar la palabra al Santo Padre. Orienta al profesorado a realizar cristianamente su docencia.

"A todos los hombres y mujeres que dedican sus vidas a enseñar a los jóvenes, deseo manifestarles mis sentimientos de profundo agradecimiento. Formáis a las nuevas generaciones no sólo en el conocimiento de la fe, sino en cada aspecto de lo que significa vivir como ciudadanos maduros y responsables en el mundo actual. 

Como sabéis, la tarea de un maestro no es sencillamente comunicar información o proporcionar capacitación en unas habilidades orientadas al beneficio económico de la sociedad; la educación no es y nunca debe considerarse como algo meramente utilitario. Se trata de la formación de la persona humana, preparándola para vivir en plenitud. En una palabra, se trata de impartir sabiduría. Y la verdadera sabiduría es inseparable del conocimiento del Creador, porque «en sus manos estamos nosotros y nuestras palabras y toda la prudencia y destreza de nuestras obras» (Sab 7,16)...