Mostrando entradas con la etiqueta cruz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cruz. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de abril de 2012

El Kyrios que abarca el universo: ¡Oh Pascua!

"Él (Cristo) estaba todo en todo y en todas partes, y llenaba el universo por sí solo. Mas se desnudó para el combate con las potencias del aire. Por breve tiempo clama que pase el cáliz, para mostrar de verdad que también era hombre. Mas cuando pensó en por qué había sido enviado y queriendo realizar el plan redentor por cuya causa había sido enviado, exclamó de nuevo: "No se haga mi voluntad, sino la tuya. El espíritu está pronto, pero la carne es flaca". Como tenía que combatir el combate victorioso en favor del alma, su sagrada cabeza fue primeramente coronada de espinas, arrancando de la tierra toda la maldición y descuajando de nuevo con su cabeza el zarzal que proliferaba a causa del pecado. Apuró la hiel amarga y agria del dragón y de ese modo suavizó por sí mismo para nosotros sus dulces fuentes. Como quería deshacer la obra de la mujer y poner un dique a la muerte que fluía del costado, hizo de su costado una fuente, de la que manaban agua y sangre sacrosantas, símbolos perfectos de las místicas y espirituales nupcias y de la adopción filial y de la regeneración...

Cuando terminó el combate cósmico y Él salió totalmente vencedor, sin levantarse como Dios ni dejarse vencer como hombre, quedó en la línea divisoria del universo, afincado como un trofeo de victoria, porque en su propia persona triunfó sobre el enemigo. Entonces el universo quedó estupefacto ante la tenaz paciencia; los cielos se estremecieron, las potencias ultramundanas, los tronos y los legisladores se sobrecogieron, al ver suspendido al jefe del gran poder. Poco faltó para que cayeran del cielo las estrellas, cuando contemplaron extendido en una cruz al que existe antes del lucero; casi se apagó el fuego del sol cuando vio oscurecida la gran luz del mundo... Poco faltó para que todo el mundo quedara disuelto en caos y descomposición por el terror de la Pasión; gracias a que el gran Jesús le insufló el Espíritu divino, cuando dijo: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". Mientras el universo temblaba y era agitado por el terremoto, y cuando ya todo se estremecía de susto, el universo se afianzó, animado, vivificado y fortalecido, al salir de nuevo el Espíritu divino, como si la crucifixión, que se extendiera a todo, fuera una extensión de Dios a todas las cosas y a todas partes...

Como Él (Cristo) se había revestido de toda la imagen, llevándola en persona, transformó también en hombre celeste al hombre viejo de que se había revestido. De esta manera la imagen, mezclada con Él, subió también con Él al cielo. Los poderes angélicos, que contemplaban el gran Misterio: un hombre que ascendía juntamente con Dios, gritaron con gran alegría a los ejércitos superiores, enardeciéndolos: "¡Alzad, príncipes vuestras puertas! Alzaos más, oh antiguas puertas, que va a entrar el Rey de la gloria". Y cuando aquéllos vieron esta nueva maravilla: un hombre unido a Dios, respondieron exclamando: "¡Es el Señor, el Fuerte! ¡Es el Rey de la gloria; el Fuerte, el Poderoso, que es poderoso en la batalla!"

¡Oh qué místico regalo! 
¡Oh qué fiesta más espiritual! 
¡Oh Pascua divina, que del cielo se extiende a la tierra, y de la tierra sube de nuevo al cielo! 
¡Oh, nueva fiesta del universo, fiesta en el orbe entero! 
¡Oh, gozo, gloria, alimento y delicia del universo! 

viernes, 6 de abril de 2012

Brilla el misterio de la Cruz (XI)


"Aun cuando se lave todos los días en todos sus miembros, Israel nunca está limpio. Sus manos están siempre sucias, indudablemente; manchadas para siempre con la sangre de los profetas y con la del mismo Señor. Por eso, con la conciencia de la culpa heredada de los padres, no se atreve tampoco a levantar sus manos al Señor, para que no deje oír su voz algún Isaías (cf. Is 1,15) ni se horrorice Cristo.

Nosotros, en cambio, no solamente elevamos nuestras manos, sino aun las extendemos;
de esa manera adoptamos la figura del Señor paciente
y, cuando oramos, confesamos a Cristo (Crucificado)...

viernes, 16 de marzo de 2012

La cruz gloriosa del Señor Jesucristo

"Este árbol es, para mí, salvación eterna;
de él me alimento, de él me sustento;
en sus raíces me arraigo,
con sus ramas me dilato,
con su aura (Espíritu) me refresco,
abanicando como por un viento,
bajo su sombra armo mi tienda
y huyendo del tórrido calor,
encuentro fresco refugio,
con sus flores me adorno
y con sus frutos me deleito sobremanera;
sin dificultad recojo los frutos
que desde un principio me fueron preservados.

Este árbol es para mí bocado exquisito
cuando estoy hambriento;
en la sed, una fuente;
en el desamparo, un refugio.
Sus hojas son aliento de vida.
Ya no necesito las hojas de la higuera.
Cuando temo a Dios, es para mí protección,
cuando vacilo es apoyo,
cuando lucho es premio,
cuando triunfo es trofeo.

Es para mí el sendero estrecho,
el camino dificultoso,
escala de Jacob,
ruta de ángeles
a cuyo extremo se encuentra realmente el Señor.

Este árbol altísimo sube de la tierra al cielo.
Es un árbol inmortal,
plantado entre el cielo y la tierra,
soporte del universo,
columna del universo,
base del mundo entero,
nudo del cosmos,
cohesión de la esencia múltiple del hombre,
cosido con clavos invisibles del Espíritu,
para que el hombre, una vez unido a las cosas divinas,
no se pierda más;
con la extremidad superior toca el cielo,
y con los pies se apoya en la tierra,
y abarca con inmensas manos 
el rico soplo de aire que se encuentra en medio"

(Pseudo-Hipólito, Hom. pascual).

sábado, 10 de marzo de 2012

El combate de la Cruz en nuestra debilidad

"San Pablo marcha delante de nosotros como el atleta y como el obrero de la viña del Señor (cf. 2Co 11,19; 12,9). Toda su vida fue lucha y esfuerzo, persecución y cuidados. ¡Cómo fue acosado este hombre! No encontró descanso en ninguna parte. Tan pronto como le dejaba un momento un enemigo, salía otro nuevo. Y lo peor de todo era que sus propios hermanos eran muchas veces sus peores y más enconados enemigos. Hay que añadir su mala salud, las persecuciones por parte de las autoridades y del Estado, la preocupación por sus hijos espirituales. Sin embargo, este hombre no se gloría de sus trabajos. Podía haberlo hecho, pues hizo del cristianismo una religión universal, él, el "maestro de los gentiles" (1Tm 2,7). Pero no dice más que "sólo me gloriaré en mis flaquezas" (2Co 12,5). Porque si él es débil, Cristo es fuerte en él. Y Cristo es su gloria, su vida y su amor. Quiere ser todo sólo para Cristo, que ha muerto por él. Es muy grande la revelación del poder de Dios en su fiel Pablo. No obstante, para que no se ensoberbeciera, Dios le envió un ángel de Satanás, que le martirizaba a puñetazos. Repetidas veces rogó al Señor que le librara de aquel azote. Pero el Señor le contesta: "Te basta mi gracia, que mi fuerza se realiza en la flaqueza" (2Co 12,9). Así, pues, San Pablo se gloriará de su debilidad, para que habite en él la fuerza de Cristo (cf. 2Co 12,9), la fuerza del Ágape. ¡Qué pequeño es el hombre que se apoya en sí mismo y qué grande, en cambio, el que se olvida de sí mismo!

Nosotros también tenemos que recorrer el camino de nuestra vida igual que San Pablo: tenemos que aceptar pacientemente la debilidad con que Dios ha cargado nuestras espaldas y confiar únicamente en Dios; aun los pecados que Dios ha tolerado, debemos llevarlos humildemente en penitencia, para que Cristo pueda mostrarse en nosotros como Redentor y Salvador. Si fallamos con tanta frecuencia y si nuestras fuerzas son tan exiguas y mezquinas, alegrémonos, porque de esa manera el hombre, en nosotros, se hace pequeño, y Dios, en cambio, grande. Muchas veces Dios nos hace llevar ciertas cargas a lo largo de toda la vida, para que seamos humildes y clamemos: "En ti, Señor, me cobijo, ¡nunca quede defraudado!" (Sal 30,2; Sal 70,1). Esto no quiere decir que no debamos combatir nuestras debilidades. El que no lucha, está ya perdido. No, la victoria está solamente en la lucha, primeramente una victoria oculta, y más tarde -cuando lo quiera Dios- una victoria manifiesta. Muchas veces Dios no nos concede saborear durante mucho tiempo la victoria, para que no le perdamos a Él, al Señor. ¿Para qué nos serviría una victoria externa, si quedáramos con ella separados de la verdadera fuente de energía? Pensaríamos al fin que habíamos alcanzado la meta por nuestros propios medios, siendo así que solamente la misericordia de Dios puede salvarnos. "El que se gloríe, gloríese en el Señor" (1Co 1,31). Solamente la paciencia consigue la corona".

(Odo Casel, Misterio de la Cruz, p. 166-167).

viernes, 2 de marzo de 2012

Brilla el misterio de la Cruz (X)

"Extendí mis manos
y glorifiqué a mi Señor;
porque el extender de mis manos es un signo
y mi dilatación es el madero levantado"

(Oda de Salomón, 27).


"Extendí mis manos y me acerqué a mi Señor;
porque el extender de mis manos es su signo
y mi dilatación es el madero levantado
que fue instalado en el camino del ajusticiado"

(Oda de Salomón, 42).

*****************************

N.B. Las imágenes no están elegidas al azar. El orante de la pintura paleocristiana extiende los brazos y las palmas hacia adelante, al frente, al igual que el Señor crucificado. Es la forma de orar cristiana, la forma de orar del sacerdote, "in modum crucis", orando en el Crucificado. La gestualidad de la liturgia es importante, significativa y elocuente.

viernes, 3 de febrero de 2012

Brilla el misterio de la Cruz (IX)


"Cuando Moisés habló del árbol de la vida,
plantado en el Paraíso,
expresó simbólicamente la inteligencia gratuita de las cosas divinas...

Ese Paraíso puede ser también el cosmos,
donde va creciendo todo lo que trae su origen de la obra de la creación.

En este paraíso del mundo floreció también el Logos
y dio su fruto, cuando se hizo carne
y dio vida a los que gustan de su bondad.

Porque no nos comunicó la visión de la inteligencia sin el madero;
nuestra vida estuvo suspendida del madero
para que creyéramos en Él"

(Clemente de Alejandría, Strom. V, 72).

viernes, 4 de noviembre de 2011

Brilla el misterio de la Cruz (VIII)

"Cristo es, en todo, nuestra vida.
Su divinidad es vida, 
su eternidad es vida,
su carne es vida, 
su Pasión es vida.

Asi lo dijo Jeremías:
"Viviremos a su sombra" (Lm 4,20).

La sombra de sus alas
es la sombra de su Cruz,
la sombra de su Pasión.

Su muerte es vida,
su herida es vida,
su sangre es vida,
su sepultura es vida,
su resurrección es vida...

Él es trigo y fue molido en su cuerpo,
y murió para dar mucho fruto en nosotros.
Su muerte es el fruto de la vida.
Así pues, "cuanto ha sido hecho en Él, es vida" (Jn 1,3s)"

(S. Ambrosio, In Ps. 36, 36s).

viernes, 7 de octubre de 2011

Brilla el misterio de la Cruz (VII)

"La Cruz de Cristo,
que ha sido colocada para salvación de los mortales,
es, a la vez,
Misterio y ejemplo.
Misterio, en cuanto que la fuerza de Dios
despliega toda su potencialidad por medio de la Cruz;
ejemplo,
en cuanto que la Cruz enciende en el hombre
la voluntad de entrega"

(S. León Magno, Serm. 72,1).

miércoles, 14 de septiembre de 2011

La serpiente y la cruz (Ex 3)

    El tercer signo que Dios entrega a Moisés en el Horeb tendrá más importancia simbólica y será una constante en las Escrituras.

    ¡Una serpiente! “La serpiente era para las antiguas tradiciones un ser misterioso. Este carácter sobrenatural puede convertirla en una divinidad o en un demonio” .

    “Llega un momento, en la cultura antigua, en que el bastón se convierte en signo de poder, de autoridad, y cambia de nombre, para llamarse “bastón de mando” o, simplemente, “cetro”, que no es otra cosa que la prolongación del brazo humano. Este es símbolo y sede de poder, de fuerza, de actuación. El brazo humano, que puede levantarse o bajarse, extenderse o descansar, se prolonga en esa pieza vegetal de madera que es el bastón de mando, o cetro, y que sirve igualmente para alargar el poder del brazo en dirección a una persona o un objeto; el cetro se puede empuñar y sostener verticalmente, afirmando con este esto la autoridad; y puede también inclinarse y apoyarse en el hombro. En el cetro puede apoyarse el rey, que es como apoyarse en su propia autoridad; y, si lo levanta, hace patente con este gesto el ejercicio de su autoridad. El bastón de pastor ha llegado a convertirse en símbolo. También el bastón de Moisés va a sufrir transformaciones” (Shökel).

    El simbolismo de un bastón es entonces autoridad, guía y pastoreo. El cayado del pastor Moisés se va a convertir en el bastón de mando para guiar al pueblo que Dios entrega a su elegido invistiéndole de autoridad. “Puede uno montar imaginariamente el tinglado de la escena y observar la sonrisa de Dios que dice: ¡No tengas miedo, agárrala por la cola! Moisés lo hace, animado por la palabra de Dios, y en el momento en que la empuña y sujeta vuelve a ser nuevamente poder subordinado al hombre, no desprendido de él en forma sinuosa y amenazante. Desde ahora, el brazo de Moisés se prolongará en ese bastón de mando, cetro de autoridad, y le obedecerán los hombres y los elementos” (Shökel).

    La serpiente le sirve a Moisés de bastón y báculo, misterioso y con poder; y este bastón se convierte en serpiente que devora las serpientes de los magos del Faraón: es el poder de Dios ante el mal, el poder de Dios en la debilidad de Moisés por lo cual Moisés se apoyará no en sí mismo ni en sus recursos humanos ni en su prestigio si lo hubiese tenido, sólo se puede apoyar en el poder de Dios. Así aparece Moisés en la escena derecha del icono, descendiendo de la montaña, con la serpiente-dragón en la mano.

viernes, 2 de septiembre de 2011

La Cruz de Cristo y sus dimensiones

"En realidad, propio de la divinidad es extenderse a través de todo y ser coextensiva de la naturaleza de los seres en todas sus partes, porque nada puede permanecer en el ser, si no permanece en lo que es, y por otro lado, lo que es propia y primariamente es la naturaleza divina, y la permanencia de los seres nos obliga necesariamente a creer que esa naturaleza está en todos los seres. Pues bien, por medio de la cruz, cuya figura se distribuye en cuatro, de suerte que, partiendo del punto medio, hacia el cual todo converge, se pueden contar cuatro prolongaciones, se nos ha enseñado lo siguiente: el que sobre ella fue extendido en el momento oportuno según el plan divino para su muerte es el mismo que conjunta y ajusta todo a sí mismo, reuniendo por sí mismo las diferentes naturalezas de los seres en un solo acuerdo y una sola armonía...
 
Por tanto, puesto que toda la creación mira hacia Él y está alrededor de Él, y por medio de Él mantiene su cohesión, pues gracias a Él se conjuntan las cosas con las de abajo y las de los flancos entre sí, era necesario, no sólo que se nos llevara por el oído al conocimiento de la divinidad, sino también que nuestra vista se convirtiera en maestra de los más altos conceptos. De ahí es de donde parte el gran Pablo cuando inicia en los misterios al pueblo de Éfeso y le da, mediante su enseñanza, la capacidad de conocer cuál es la hondura, la altura, la anchura y la largura.


viernes, 5 de agosto de 2011

Brilla el misterio de la Cruz (VI)

"Aquel fuego,
que parecía una columna,
y el fuego que consumía la zarza
eran símbolos del fuego sagrado,
que se saca de la tierra
y vuelve de nuevo llameante al cielo
a través del madero,
por cuyo medio nos fue dada la visión espiritual"

(Clemente de Alejandría, Strom. I, 164,4).

viernes, 1 de julio de 2011

Brilla el misterio de la Cruz (V)


"Apenas gustaron el fruto del árbol,
entró la muerte en el cosmos.
¡En el madero de la muerte busquemos el árbol de vida!

Suspendida del madero,
la vida produce como fruto las leyes.

Los que creéis, coged ahora los frutos de la vida.

Al primer hombre se le dio desde el árbol una ley terrible.

De allí surgió la muerte,
por haber sido violada la ley primera.

¡Extiende ahora tu mano
y coge del árbol de la vida!"

(Comodiano, Instructiones 35, 7ss).

viernes, 3 de junio de 2011

Brilla el misterio de la Cruz (IV)


"Cristo, primogénito que es de toda la creación,
vino también a ser principio de un nuevo linaje,
por Él regenerado con el agua, la fe y el madero,
que contenía el Misterio 
(es decir, aquí, la mística prefiguración)
de la Cruz"

(S. Justino, Diálogo con Trifón, 86).

"La Cruz de Cristo es el árbol de vida"

(S. Atanasio Sinaíta; cita sin localizar).

viernes, 6 de mayo de 2011

Brilla el misterio de la Cruz (III)

"Cristo, ven en busca de tu oveja,
no por medio de siervos,
ni por medio de asalariados,
sino ven en persona.
Tómame en esta carne que cayó en Adán.
Tómame, no de Sara, sino de María...

Llévame a la Cruz,
que es salvación para los que yerran;
solo allí encuentran descanso los que están fatigados,
y vida, los que están muriendo".

(S. Ambrosio, In Ps. 118, XXII, 30).

martes, 3 de mayo de 2011

La Cruz en el esplendor pascual (Pseudo-Hipólito)

En el calendario hispano-mozárabe, hoy se celebra la Invención (Hallazgo) de la Santa Cruz, una fiesta pascual que mira a la Cruz de Cristo, ahora gloriosa, transformada por el fulgor de la Resurrección.

Esta Cruz es gloriosa y celebrada popularmente como "las Cruces de mayo", donde la Cruz está hecha de flores... ¡de vida y de belleza de la Pascua!

Meditemos la Cruz santa del Resucitado.

"Brillan rayos de luz sagrada, se encienden luces puras del puro Espíritu, se abren tesoros celestes de gloria y de divinidad. La noche densa y oscura quedó absorbida, su negra oscuridad quedó anulada, la sombría muerte se desvaneció entre sombras. La vida se extendió en todo el universo; todo quedó lleno de una luz inconmensurable; la salida del sol del Oriente transfigura el mundo llenándole de luz. El gran Cristo, engendrado antes que el lucero del alba y antes que los astros, el Inmortal y el Rico, se manifiesta al universo brillante más que el sol. ¡Por eso, para los que hemos creído, amanece un día largo, eterno y eternamente resplandeciente!

¡Pascua!, el Misterio celebrado en figura por la Ley, pero cumplido realmente en Cristo.

¡Pascua!, el prodigio, el asombro, obra de la fuerza y del poder milagrosos de Dios, verdaderamente fiesta y memorial sempiterno.

¡De la pasión, impasibilidad;
de la muerte, inmortalidad;
del cadáver, vida;
de la enfermedad, salud;
de la caída, resurrección;
del hundimiento, elevación!

Así realiza Dios las cosas grandes; de lo imposible hace cosas maravillosas, para que se sepa que sólo Él puede hacer lo que quiere...


viernes, 1 de abril de 2011

Brilla el misterio de la Cruz (II)


"El Sumo Sacerdote murió por ti,
fue crucificado por ti,
para que tú te aferres a sus clavos.
Verdaderamente él te asumió en su carne
a ti y a tus pecados".

(S. Ambrosio, De fuga saeculi, 9, 57).

martes, 29 de marzo de 2011

Meditación sobre la cruz en cada cristiano

"Por ser descendencia de Adán, pertenecimos un tiempo a Satanás. En el bautismo, la sangre de Cristo cayó sobre nosotros y arrancó nuestra alma del poder de Satanás. Mas en nuestra carne ha quedado la concupiscencia; la inclinación al mal no ha sido borrada completamente. Dios quiere que seamos vencedores netos por nuestra propia colaboración. Él lucha en nosotros; su Ágape nos sostiene en la lucha. Pero ese Ágape debe convertirse en Ágape nuestro, porque Dios quiere séquito voluntario, y no forzado, amor desinteresado y libre. Por eso tenemos que tomar la Cruz con sus dos caras. Mientras sigamos bajo el pecado y mientras nuestra voluntad no esté totalmente sometida al Ágape, tenemos que llevar la pasión de la cruz, su vergüenza, debemos mortificarnos: "Mortificationem Domini Iesu in corpore nostro circumferentes - Llevando siempre en nuestros cuerpos la muerte de Jesús" (2Co 4, 10).

El Señor ha triunfado; su Cruz es Cruz de gloria y este glorioso estandarte va delante de nosotros arrastrándonos y dándonos fuerza y valor. Por el momento, nuestra cruz sigue siendo instrumento de muerte: "Mortificamur tota die" - Somos muertos todo el día" (Rm 8,36). Pero con cada avance en la lucha contra la carne y contra el pecado, hacemos que avance nuestro estandarte y nosotros mismos nos acercamos a la Cruz de gloria.

Cada vez que sufrimos una afrenta, una humillación o una enfermedad; cada vez que ejercitamos la obediencia, o mortificamos nuestro cuerpo, o renunciamos a nuestra voluntad, avanza el estandarte de la Cruz. Vistos con los ojos del mundo, cada vez somos más pequeños e insignificantes; pero a los ojos de Dios, la Cruz aparece cada vez más adornada y más gloriosa. A cada acto de amor de la Cruz, se debilita el dominio de Satanás y del mundo, y se acerca el Reino de Dios"

(Odo Casel, El Misterio de la cruz, p. 103s).

¡Ya tenemos más pistas para nuestro trabajo cuaresmal interior!

La cruz maniestada en una afrenta, o una humillación, o una enfermedad, o un acto de obediencia o... ¡¡tantas cosas!!

viernes, 4 de marzo de 2011

Brilla el misterio de la Cruz

"Cuando se predica a Cristo,
es preciso predicarlo como Crucificado.

No tiene sentido predicarlo a Él
y pasar en silencio su Cruz.
El que afirma que Jesús es Cristo
pero al mismo tiempo pasa por alto su nacimiento de la Virgen,
o la estrella que señaló su nacimiento,
o los ángeles que se regocijaron y cantaron en su nacimiento
"Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra
a los hombres de buena voluntad",
o los demás peligros y signos que Él hizo,
ese tal no está tan lejos de la verdad
como aquel que oculta su Cruz".

(Orígenes, In Mt. XII, 19).

jueves, 28 de octubre de 2010

Extender las manos, orar "in modum crucis"

Uno de los signos casi universales para la oración es extender las manos. El cuerpo hace oración también, el cuerpo expresa la oración y las manos abiertas señalan la indigencia, el recibir, el señalar al cielo; esto es que común a distintas religiones por su valor expresivo, lo encontramos claramente en el Antiguo Testamento. El orante se dirige a Dios extendiendo sus manos hacia el cielo, por así decir, para que Dios desde arriba vea las palmas de las manos extendidas.



Salomón, el rey ora: “se puso ante el altar del Señor, frente a toda la asamblea de Israel, extendió sus manos hacia el cielo y dijo: “Señor, Dios de Israel, ni arriba en el cielo ni abajo en la tierra...”” (1Re 8,22-23). “Cuando Salomón terminó de dirigir al Señor toda esta oración y esta súplica, se levantó de delante del altar del Señor, donde estaba arrodillado con las manos extendidas hacia el cielo” (1Re 8,54). Así mismo, igualmente, lo narra el libro de las Crónicas: “Salomón, puesto de pie ante el altar del Señor, frente a toda la asamblea del Israel, extendió las manos. Porque él había hecho un estrado de bronce, de dos metros y medio de largo, dos y medio de ancho, y uno y medio de alto, y lo había colocado en medio del atrio. Salomón subió al estrado, se arrodilló frente a toda la asamblea de Israel, extendió sus manos hacia el cielo” (2Cro 6,12-13).


Los salmos oran y cantan pidiendo que Dios escuche la oración “cuando elevo mis manos hacia tu Santuario” (Sal 28,2); o el salmo vespertino 140,2: “Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde”.

Y terrible es la denuncia del Señor por boca de Isaías: “Cuando extendéis las manos, cierro los ojos; aunque multipliquéis las plegarias, no os escucharé. Vuestras manos están llenas de sangre” (Is 1,15). Cuando las palmas de las manos, en horizontal, miran al cielo, ¡Dios las ve desde arriba manchadas de sangre, de injusticias, de pecados!

La Iglesia asumió este gesto orante tan expresivo, y al asumirlo, lo modificó. Ya no sería con las palmas en horizontal al cuerpo erguido para que Dios las vea desde el cielo, sino que las palmas se pondrían mirando hacia delante, para que el cuerpo al orar hiciera memoria del Señor en la cruz. Este cambio es propulsado y explicado por Tertuliano y Orígenes en sus respectivos tratados sobre la oración. Los cristianos deben modificar la práctica primitiva de alzar las manos hacia lo alto para extenderlos, en cambio, en la representación simbólica de la crucifixión y del Crucificado, y con los ojos mirando al cielo según el modo tradicional (cf. Lc 18,13).


Las palmas hacia delante, mostrándolas, “alzando las manos libres de iras y divisiones” (1Tm 2,8), es memoria del Crucificado; es la oración del mismo Cristo Mediador que muestra sus llagas gloriosas al Padre intercediendo por nosotros, sus hermanos. Oramos “in modum crucis” uniéndonos a Cristo crucificado; oramos “in modum crucis”, especialmente el sacerdote en la acción litúrgica, porque actúa in persona Christi.


La Tradición enseñaba a orar a los fieles extendiendo las manos con las palmas hacia delante para orar “in modum crucis”:

martes, 14 de septiembre de 2010

Sólo la cruz permanece

STAT CRUX, DUM VOLVITUR ORBIS (Mientras el mundo gira, la Cruz permanece).

Éste podría ser el resumen de la fiesta de hoy, la Santa Cruz. Mientras el mundo gira, la Cruz permanece. El mundo gira, cambia, modas y vientos de doctrina arremeten; revoluciones, cambios culturales, crisis de civilización: el mundo gira y a velocidad de vértigo. Técnica, ciencia: el mundo cambia. Parece que nada hay duradero, nada verdadero, nada estable. Sólo la Cruz permanece.

Al giro del mundo parecería corresponder el deseo de "modernizar" la Iglesia, pensando que así los hombres vendrán a ella; adaptar la Iglesia a los tiempos quitando aquello que las modas de hoy (que mañana ya han caducado) no soportan o les parece desfasado. Pero la Cruz permanece. La identidad del Misterio es siempre la misma y Dios permanece Fiel.

En la Cruz está la redención. Ahí está el gran signo del amor de Dios: en su Hijo entregado hasta la muerte y muerte de Cruz. Sólo hay que mirarlo a Él: el Señor crucificado nos habla de amor, nos entrega su amor, nos muestra su amor. 

No hay otro camino tampoco para nosotros: la cruz marca la vida cristiana. En la liturgia signamos nuestro cuerpo con la Cruz, desde nuestro propio bautismo, pasando por el sacramento de la Confirmación, la fórmula del perdón con la cruz en el Sacramento de la Penitencia, hasta las veces que nos signamos durante la Eucaristía (al inicio, en el Evangelio, en la bendición final) o al iniciar las distintas Horas del Oficio divino. Pero si nos signamos así, ¿a qué extrañarnos luego de la Cruz de la propia vida? De una manera u otra, la Cruz brilla en la vida: circunstancias adversas, enrevesadas, inesperadas, dolorosas; humillaciones o dificultades, incomprensiones o soledad; una enfermedad física, moral, psicológica o espiritual; situaciones difíciles por las que atravesar... En esa cruz personal nos unimos al Redentor. Su dificultad -llevar la cruz, ser crucificados con Cristo- conlleva siempre una gracia especial que es insensible, no la percibimos fácilmente, pero que realmente nos está sosteniendo.