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miércoles, 6 de junio de 2012

El Corazón de Jesús (I)

La espiritualidad del Corazón de Jesús es mucho más que una devoción al lado de otras legítimas devociones; es un modo de vivir, es una clave de lectura de todo el Evangelio, es el trato personal en amor, confianza y reparación con la Persona del Señor.

Aunque a veces la devoción del Corazón de Jesús se ha vinculado, desgraciadamente, a una imagen, a un modelo iconográfico poco afortunado, sin embargo, considerémosla dirigida al Señor mismo, al centro de su ser, al Amor que es Él y que ha llegado hasta el extremo por nosotros. Y si necesitásemos focalizarlo en algo, más que acudir a una imagen, la espiritualidad del Corazón de Jesús tiene como centro el Sagrario y la exposición eucarística, donde su Corazón vivo sigue palpitando de amor por los hombres, sus hermanos.

Esta espiritualidad tampoco se limita a su solemnidad anual -y por extensión, a la antigua forma de rellenar los meses, superpuestos al año litúrgico, y llamar a junio "el mes del Sagrado Corazón"- sino que se desarrolla como una corriente de vida y amistad con Cristo siempre.

Benedicto XVI escribió una Carta preciosa sobre el Corazón de Jesús, conmemorando el 50 aniversario de la encíclica de Pío XII sobre el Corazón de Jesús, la "Haurietis aquas". La traemos aquí para ir forjando una espiritualidad que sea recia y sólida, de entrega y amistad al Corazón de Cristo.

"Las palabras del profeta Isaías, "sacaréis agua con gozo de las fuentes de la salvación" (Is 12, 3), con las que comienza la encíclica con la que Pío XII recordaba el primer centenario de la extensión a toda la Iglesia de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, no han perdido nada de su significado hoy, cincuenta años después. La encíclica Haurietis aquas, al promover el culto al Corazón de Jesús, exhortaba a los creyentes a abrirse al misterio de Dios y de su amor, dejándose transformar por él. Cincuenta años después, sigue siendo siempre actual la tarea de los cristianos de continuar profundizando en su relación con el Corazón de Jesús para reavivar en sí mismos la fe en el amor salvífico de Dios, acogiéndolo cada vez mejor en su vida

lunes, 21 de marzo de 2011

El corazón entero en Dios: el mundo afectivo (Ejercicios III)

Llámale Amado para más moverle e inclinarle a su ruego, porque, cuando Dios es amado, con grande facilidad acude a las peticiones de su amante. Y así lo dice él por san Juan (15,17), diciendo: Si permaneciéredes en mí, todo lo que quisiéredes pediréis, y hacerse ha. De donde entonces le puede el alma de verdad llamar Amado, cuando ella está entera con él, no teniendo su corazón asido a alguna cosa fuera de él, y así, de ordinario trae su pensamiento en él. Que, por falta de esto, dijo Dalila a Sansón (Jue 16,15) que cómo podía él decir que la amaba, pues su ánimo no estaba con ella. En el cual ánimo se incluye el pensamiento y la afección. De donde algunos llaman al Esposo Amado, y no es Amado de veras, porque no tienen entero con él su corazón; y así, su petición no es en la presencia de Dios de tanto valor; por lo cual no alcanzan luego su petición, hasta que, continuando la oración, vengan a tener su ánimo más  continuo con Dios, y el corazón con él más entero con afección de amor; porque de Dios no se alcanza nada si no es por amor (S. Juan de la Cruz, CB 1,13).

El principio y fundamento del existir cristiano es vivir del Amor; hemos sido creados por Amor –por el Amor de Dios- y llamados a dar una respuesta de amor. Dios –en Cristo- ha de ser el Amado, el absoluto que se constituye en el centro del mundo interior, del mundo afectivo, de la existencia; un eje vertebrador en torno al cual se ordenan todas las cosas como a su centro y giran con soltura.

¿Dios, el amado? La relación con Dios es un flujo constante de amor. Ya de por sí esto es indicativo: no nos mueve el miedo o el temor; tampoco la ceguera de lo irracional porque el amor es inteligente, conoce con una visión distinta. Lo mejor –lo más santo- que nos puede pasar es que realmente amemos a Dios, que Él sea el Amado, el amor absoluto de nuestras vidas. Entonces, si Él es amado, “con grande facilidad acude a las peticiones de su amante”.

Sin embargo, nuestro mundo interior se desordena con demasiada facilidad amando desordenadamente: amamos más lo que se debe amar menos; amamos menos lo que se debe amar más; amamos por igual cosas que deben ser más o menos amadas. Hay un desorden afectivo, hay impulsos que no queremos dominar porque, en principio, nos resultan gratificantes; hay afectos desordenados que, a la larga, cansan, ensucian, enturbian. Hemos de identificarlos, aunque sea doloroso.

¿Cuándo es Dios amado? Cuando “ella está entera con él”, cuando “tienen entero con él su corazón”. Se trata entonces de estar por entero amando a Dios, con todas las facultades de nuestro ser, con todas las potencias de nuestra alma, con toda la capacidad de afecto. 

sábado, 5 de febrero de 2011

Himno eucarístico al Corazón de Jesús (Textos de los Padres - IX)

Del cielo de los cielos se ha desprendido aquel carbón que hoy es consagrado y respetuosamente llevado en las manos de los sacerdotes, de estos hermanos y compañeros de ministerios de los ángeles celestiales, los cuales, con perfecta armonía, levantan su voz temblando ante ti.
También nosotros, aunque enrededados en pecados, queremos, como ellos, cantar y clamar:
Santo eres tú, ¡oh Dios mío!, que das lo santo a los santos.
Santifícanos por tus misterios celestiales a nosotros que clamamos a ti.
Santo eres tú, ¡oh Fuerte!, que con tu fuerza poderosa has descubierto el fraude del maligno y nos has deparado armas para vencerlo y vernos libres de sus intrigas.
Santo eres tú, ¡oh Inmortal!; te alabamos porque has sido crucificado por nosotros. Pues por la puerta de tu costado abierta en la cruz ha sido santificada la tierra, la cual antes estaba maldita por la transgresión que Adán hizo del mandamiento.
Alabanza sea a ti, ¡oh Señor sobre todas las cosas!

(Rábulas de Edesa, Himno eucarístico, 2).

viernes, 4 de febrero de 2011

La Iglesia nacida del Costado de Jesús (Textos de los Padres - V)


"... Pero ¿cómo podrá demostrar que la Iglesia ha salido constituida del costado de Cristo? También esto nos lo indica la Escritura. Pues después de que Cristo expiró clavado en lo alto de la cruz: Acercándose uno de los soldados, le traspasó el costado y salió sangre y agua (Jn 19,34); y toda la Iglesia está formada de aquella agua y de aquella sangre. Nos lo atestigua Él mismo al decir: Quien no renaciere de agua y espíritu no puede entrar en el Reino de los cielos (Jn 3,5); a la sangre llama espíritu. Y realmente, nacemos por el agua del bautismo y nos nutrimos con la sangre. ¿Ves cómo somos de su carne y de sus huesos (cf. Gn 2,23), nosotros, que hemos nacido y nos hemos alimentado de la sangre aquella y del agua? Y de la misma manera que la mujer fue creada estando Adán dormido, así fue formada la Iglesia del costado de Cristo ya muerto".

S. Juan Crisóstomo (Homilía sobre las cualidades de las esposas, 3,3).

Tú que exaltado en la cruz quisiste ser atravesado por la lanza del soldado,
-sana nuestras heridas.


Tú que elevado sobre la cruz hiciste que de la herida de tu costado manara agua junto con la sangre,
-alegra con este manantial a la ciudad de Dios.

______

Y un recordatorio:

lunes, 30 de agosto de 2010

“Los salmos, modelo y prueba de cómo quiere ser tratado Jesús”


"Los salmos son, a la vez que la más bella fórmula de la “alabanza” a Dios, una “enseñanza” preciosa. David cantando a su Dios, enseña a su pueblo, a agradecerle, a desagraviarlo y a pedirle.

Nada más efusivo, íntimo y personal como la alabanza de los salmos. No es la alabanza del metro, ni del compás, ni del cálculo frío, ni del silogismo rígido. Es, según san Juan Crisóstomo, la satisfacción de una necesidad de nuestra naturaleza. Es la explosión de un corazón que arde y que no puede contenerse. Que alaba a su Dios cantando, ¡ya lo dijo san Agustín: “El que canta ama!” Y canta recreándose en las maravillas y bellezas de Él, de su poder, de su sabiduría, de su bondad, de su misericordia. Y en su exaltación le da forma humana y se deleita en la contemplación de sus ojos, de sus miradas compasivas y conquistadoras, de sus oídos siempre propicios y abiertos, de su boca de miel y de luz, de las trenzas de sus cabellos, de sus manos y de las maravillas de sus obras, y de las huellas de sus pies, de su paso por la creación de los mundos. Y vuelve sus ojos a sí mismo y sigue cantando la gratitud, la confianza, la contrición, el celo, la adoración, el temor, la alegría, los triunfos y las derrotas. Y tanto lo que canta de Dios como lo que canta de sí, ¡con qué variedad de formas, grados, matices, y con qué intensidad y espontaneidad de afectos!

Los gritos, anhelos y afectos de los corazones de los hombres, desde los más grandes y sublimados hasta los más oprimidos y miserables, tienen en los salmos de David su fórmula y su expresión.

¡Qué gran modelo, repito, de trato íntimo, afectuoso y personal con Dios, son los salmos!

Y sube de punto el valor de esta afirmación y de aquel modelo, si se tiene en cuenta el carácter cristológico de los salmos".

Beato D. Manuel González, Así ama Él, en O.C., Vol. I, n. 304.

domingo, 29 de agosto de 2010

Jesucristo llena el corazón


En ti solo, Jesús, mi afición pongo,
corro a tus brazos, a esconderme en ellos.

Como un niño pequeño quiero amarte, como un bravo soldado luchar quiero. Como un niño, te colmo de caricias,
y de mi apostolado en la palestra como un guerrero a combatir me lanzo...

Tu corazón divino,

que guarda y que devuelve la inocencia,

no es capaz de frustrar mis esperanzas.

En ti, Señor, reposan mis deseos:
después de este destierro,
¡al cielo a verte iré!
Cuando la tempestad se alza en mi alma,
levanto a ti mis ojos,
y en tu tierna mirada compasiva

yo leo tu respuesta: “¡Hija mía, por ti creé los cielos!”

Yo sé que mis suspiros y mis lágrimas

ante ti están y te encantan, mi Señor.

Los serafines forman en el cielo
tu corte,
y sin embargo
tú vienes a buscar mi pobre amor...

Quieres mi corazón, aquí lo tienes,

te entrego enteros todos mis deseos.

Y por ti, ¡oh mi Rey y Esposo mío!,
a los que amo seguiré yo amando.

(Sta. Teresa de Lisieux, Poesía n. 39, “Sólo Jesús”).

domingo, 22 de agosto de 2010

Tu corazón y el nuestro, Señor


Mi corazón ardiente quiere darse sin tregua,
siente necesidad demostrar su ternura.

Mas ¿quién comprenderá
mi amor,
qué corazón
querrá corresponderme?

En vano espero y pido
que nadie pague con amor mi amor.

Sólo tú, mi Jesús,
eres capaz de contentar mi alma.
Nada puede encantarme aquí en la tierra,
no se halla aquí la verdadera dicha.
¡Mi única paz, mi amor, mi sola dicha
eres Tú, mi Señor!

Tú supiste crear un corazón de madre,
por eso encuentro en ti al más tierno y amable de los padres.
¡Oh Jesús, mi único amor, Verbo eterno!,

tu corazón es para mí más dulce que el corazón más dulce de una madre.
A cada instante y paso
me sigues en mis pasos y me guardas.
Cuando te llamo, acudes prontamente.

Y si, tal vez, parece que te escondes,
Tú mismo vienes en mi ayuda luego para poder buscarte.
(Sta. Teresa de Lisieux, Poesía n. 39, “Sólo Jesús”).

domingo, 1 de agosto de 2010

Plegaria al amor del Corazón de Cristo


Nos atrae con poder misterioso,
nos encierra en sí en el seno del Padre
y nos da el Espíritu Santo.


Este corazón palpita para nosotros en el pequeño tabernáculo

donde permanece misteriosamente oculto en aquella silenciosa, blanca forma.

Éste es, Señor, tu trono de Rey en la tierra,

que tú has erigido visiblemente para nosotros,

y te gusta ver acercarme a él.


Tú hincas tu mirada lleno de amor en la mía,

e inclinas tu oído a mis suaves palabras
y llenas el corazón con profunda paz.


Pero tu amor no encuentra satisfacción
en este intercambio
que todavía permite separación:

tu corazón exige más y más.

Tú vienes a mí cada mañana como alimento,

tu carne y sangre son para mí bebida y comida

y se obra algo maravilloso.


Tu cuerpo cala misteriosamente en el mío,
y tu alma se une a la mía:

ya no soy yo lo que era antes.

Tú vienes y vas, pero permanece la semilla

que tú has sembrado para la gloria futura

escondida en el cuerpo de polvo.


Permanece un resplandor del cielo en el alma,

permanece una profunda luz en los ojos,
una suspensión en el tono de la voz.


Permanece el vínculo, que une corazón con corazón,

la corriente de vida que brota del tuyo

y da vida a cada miembro.


Qué admirables son las maravillas de tu amor,

sólo nos asombramos, balbuceamos y enmudecemos,
porque el espíritu y la palabra no pueden expresar.

(Edith Stein, “Yo estoy con vosotros”,
en Obras completas, vol. 5, Burgos 2004, pp. 799-803).

domingo, 18 de julio de 2010

Plegaria a la Presencia amorosa del Señor


Tú te sientas en el trono a la derecha del Padre
en el reino de su eterna gloria
como Palabra de Dios desde un principio.


Tú gobiernas en el altísimo trono
también en transfigurada forma humana

después de haber consumado tu obra en la tierra.


Así creo yo, porque tu Palabra me lo enseña,

y porque lo creo me siento feliz,

y de ahí florece una dichosa esperanza:


Pues donde estás tú allí están también los tuyos,

el cielo es mi maravillosa patria,
yo participo contigo el trono del Padre.


El Eterno, que todo ser creó,
Él, tres veces santo, que abarca todo ser,
tiene su propio reino silencioso.


El habitáculo más íntimo del alma humana

es el más querido lugar de la Trinidad,

su trono celestial en la tierra.


Para redimir este reino celestial de las manos del enemigo

ha venido el Hijo de Dios como hijo del hombre,

y dado su sangre en rescate.


En el corazón de Jesús, que fue atravesado,

el reino celestial y la tierra están unidos,
aquí está para nosotros la fuente de la vida.


Este corazón es el corazón de la Trinidad divina

y centro de todo corazón humano,
que nos da la vida de la Divinidad.
(Edith Stein, “Yo estoy con vosotros”,
en Obras completas, vol. 5, Burgos 2004, pp. 799-803).

martes, 22 de junio de 2010

Grandeza del Evangelio


“Una fotografía de Jesucristo, por muy bien hecha que hubiera resultado, sería siempre un retrato de Él por fuera y en una sola actitud; el Evangelio es el retrato de Jesucristo por dentro y por fuera en variadísimas actitudes.

¿Os habéis dado bien cuenta del valor de un libro que nos retrata al vivo al ser más querido de nuestro corazón, en sus lágrimas de pobre y de perseguido y sus triunfos de Rey y de Dios, que nos conserva la descripción de sus hechos, de sus milagros y de sus virtudes, nos guarda sus sentencias, sus parábolas y sus promesas, y que, para prevenir toda duda y matar toda incredulidad, se nos presenta con todas las garantías humanas y divinas de autenticidad?

No es un santo más o menos regalado por Dios de celestiales revelaciones, no es un milagro atestiguado por mayor o menor número de testigos, es la misma Tercera Persona de la Trinidad augusta la que se ha cuidado de velar por la exactitud y verdad de ese retrato del Hijo de Dios hecho hombre.

Amigos, demos una y muchas veces gracias al Espíritu Santo por el riquísimo regalo del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo.


jueves, 17 de junio de 2010

La gracia obrando


Partamos de un texto de san Agustín, autor al que hay que leer y mucho (además de Las Confesiones, claro):

"Cristo toma forma, por la fe, en el hombre interior del creyente, el cual es llamado a la libertad de la gracia, es manso y humilde de corazón, y no se jacta del mérito de sus obras, que es nulo, sino que reconoce que la gracia es el principio de sus pobres méritos; a éste puede Cristo llamar su humilde hermano, lo que equivale a identificarlo consigo mismo, ya que dice: Cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. Cristo toma forma en aquel que recibe la forma de Cristo, y recibe la forma de Cristo el que vive unido a él con un amor espiritual. El resultado de este amor es la imitación perfecta de Cristo, en la medida en que esto es posible" (Com. Ep. Gal, n. 37).

* La vida del cristiano es un constante proceso de crecimiento interior tomando la forma de Cristo. Quedarse estancado es renunciar a esta forma de Cristo; pensar que uno ya tiene alcanzado todo en la vida espiritual, o que ya ha hecho bastantes cosas buenas en su vida, es aumentar la desemejanza en lugar de la semejanza con Cristo.

* La gracia de Dios inspira, sostiene y acompaña nuestras obras... Lo que hagamos solos, confiados sólo en nosotros, en nuestro ascetismo orgulloso, son "pobres méritos". Sólo la gracia que viene en auxilio del hombre y le mueve interiormente hace que lo que hagamos sea "mérito" ante Dios (léase todo el tratado de la Justificación de Trento, maravilloso).

* La gracia es lo más opuesto a la soberbia del hombre; la soberbia cree necesitar a Cristo en todo caso al final, casi como un adorno superficial, para demostrar lo mucho que valía; la humildad es tan consciente de su naturaleza que reconoce que "Sin Mï, no podéis hacer nada", y configura su vida como una "humilde petición de Gracia" (que eso es la oración para San Agustín), como un ser constantemente "mendigos de la Gracia".

martes, 15 de junio de 2010

El Evangelio leído en el Sagrario: fotografía del Corazón de Jesús


“Hora es ya de descubriros al gran revelador del Sagrario, el gran confidente que está en el secreto suyo, el amigo íntimo que nos puede hacer entrar en ese alcázar de las misteriosas maravillas del Sagrario.

Tenéis prisa por saber su nombre, ¿verdad?

¡El Evangelio!

Es ése el dedo poderoso que va a levantar ante vuestra vista asombrada el velo de aquellos arcanos, y ése es el mensajero que Dios bueno os envía para que vuestros ojos y vuestros oídos de carne puedan ver y oír, si milagro ni revelaciones especiales, lo que en el Sagrario se dice y se hace.

¡El Evangelio!

¿Pero os habéis fijado en lo que es y lo que vale el Evangelio?

Algunas veces nos hemos lamentado de que no se hubiera conocido el arte de la fotografía en los tiempos de la vida mortal de nuestro Señor Jesucristo para haber tenido el consuelo, grande por cierto, de conservar su retrato. ¡Qué alegría poder recrearse en una fotografía de la que pudiéramos decir: ése era Él!

Ese retrato, sin embargo, no nos había de dar más alegría que la que nos proporciona el Evangelio".


Beato D. Manuel González, Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario,
en O.C., Vol. I, n. 393.

jueves, 10 de junio de 2010

El Corazón de Cristo


¡Dueño de mi vida,
vida de mi amor,
ábreme la herida de tu Corazón!

¡Qué petición tan sublime y humilde,
tan trascendental y sentida!

El Corazón de Jesús,
el Corazón divino-humano
de Cristo Resucitado es el Dueño de nuestras vidas,
de todas y cada una,
no nos pertenecemos a nosotros mismos,
pertenecemos al Señor,
y en la vida y en la muerte somos del Señor.

Vida de mi amor,
pues sólo Él sacia, llena,
con bondad infinita
la vida de nuestro amor,
nos hace amar con su amor,
o en lenguaje de Sta. Teresita,
“nos presta su amor” “para llenar nuestras manos vacías”

“Ábreme la herida de tu Corazón”,
ábreme tu costado traspasado
del que salió sangre y agua;
ábreme –como explicaba S. Juan de Ávila, patrón del clero diocesano-
esas saetías que son tus llagas
para ver que tus entrañas
son amor,
sólo amor, un amor sacrificado,
un amor crucificado, un amor hasta el extremo.

miércoles, 9 de junio de 2010

Culto al Corazón de Jesús (Pablo VI)

Como leemos en la Constitución Conciliar, “la Iglesia, o Reino de Cristo, presente ya como misterio, se desarrolla visiblemente en el mundo por la fuerza divina. Este nacimiento y desarrollo se significan por medio de aquella sangre y aquella agua que salieron del costado abierto de Jesús crucificado” (LG 3). Porque en realidad de aquel Corazón herido del Redentor nació la Iglesia y de él se alimenta, ya que Cristo “se entregó a Sí mismo por ella, para santificarla, purificándola por el agua, en virtud de la palabra de Vida” (Ef 5,25).

    Por esta razón es absolutamente necesario que los fieles rindan culto y veneración, ya con afectos de íntima piedad, ya con públicos obsequios, a aquel Corazón “de cuya plenitud todos hemos recibido” y aprendan de él a ordenar su vida, de modo que responda exactamente a las exigencias de nuestro tiempo. En este Smo. Corazón de Jesús se encuentra el origen y manantial de la misma Sgda. Liturgia, puesto que es “el Templo Santo de Dios”, donde se ofrece el sacrificio de propiciación al Eterno Padre, “de modo que puede salvar perfectamente a cuantos por Él se acercan a Dios” (Hb 7,25). De aquí recibe también la Iglesia el impulso para buscar y emplear todos los medios que sirvan para la unión plena con la Sede de Pedro de todos aquellos hermanos que están separados de nosotros; más aún, para que también aquellos que todavía están al margen del nombre cristiano, “conozcan con nosotros al único Dios y al que Él envió, Jesucristo” (Jn 17,3). Porque, en efecto, el ardor pastoral y misionero se inflama principalmente en los sacerdotes y en los fieles, para trabajar por la gloria divina, cuando mirando el ejemplo de aquella divina caridad que nos mostró Cristo, consagran todo su esfuerzo a comunicar a todos los inagotables tesoros de Cristo.

    A nadie se le oculta que tales son los principales objeti-vos que, por divina inspiración, recomienda y alienta en los fieles el Sdo. Concilio; y mientras nos esforzamos por traducir en realidad lo que la esperanza nos propone, hemos de pedir una y otra vez la luz y fuerza necesarias a aquel Salvador Divino, cuyo Corazón traspasado nos inspira tan ardientes deseos de lograrlo.

Carta “Diserti interpretes”, de Pablo VI, 25-mayo-1965

viernes, 7 de mayo de 2010

Eucaristía: Maná y Cuerpo, ¡Corazón de Jesús! (Textos de los Padres - X)

El pan celestial en el maná, el cual maná es Cristo. El maná prometido del cielo. Consumidos los panes que Israel había traído consigo de Egipto, murmurando pidió a Moisés pan, deseoso también de las carnes de Egipto (Ex 16,2s). Mas aquel mediador Moisés en seguido les obtuvo del Señor pan y carne. Recibe la orden el pueblo de coger por la mañana el pan, y por la tarde las carnes.
Mas estas cosas fueron figuras nuestras. Pues recibió primero el pueblo para comer aquel pan santo que descendió del cielo, después recibió la carne de Cristo preparada en la pasión, de la cual carne el mismo Señor dice: Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, no tendréis vida en vosotros (Jn 6,54)...

Esta piedra (cf. 1Co 10,4), saciándonos también, dice: El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que se hará en él fuente de agua bullidora para vida eterna (cf. Jn 4,13s). Esta piedra golpeada (cf. Ex 17,6) en la cruz, dio de sí sangre y agua (Jn 19,34), con las cuales nos embriagamos sobriamente.

(San Quodvultdeus, Sermón sobre las promesas y predicciones de Dios, 1, 39,56).

viernes, 5 de marzo de 2010

Costado de Cristo: Eucaristía e Iglesia (Textos de los Padres - VIII)


"Si quieres conocer más la fuerza de la sangre de Cristo, acuérdate del primer origen de donde manó; esta sangre corrió de la herida del costado del Señor crucificado... El agua es el símbolo del bautismo, la sangre el símbolo del sacramento santísimo; por eso no se dice: Salió sangre y agua, sino primero salió agua y luego sangre. Porque primero somos lavados por el bautismo y después se nos otorga la gracia del sacramento santísimo. Aquel soldado picó el costado y cavó en la pared del santo templo, y yo encontré el tesoro y tomé la riqueza. Así sucedió también con el cordero. Los judíos inmolaron el cordero, y yo he cogido como fruto el sacrificio. Del costado, sangre y agua. No pases superficialmente por este hecho lleno de sentido, y considera qué otro secreto hay escondido allí. Decía yo que el agua y la sangre son el símbolo del bautismo y del sacramento santísimo; pues la Iglesia está fundada sobre la renovación espiritual por medio del baño de la regeneración y en el sacramento santísimo, los cuales tienen su origen en el costado de Cristo. Por tanto, Cristo edificó de su costado la Iglesia, como hizo del costado de Adán a Eva. Por eso dice Pablo: Somos carne de su carne y de sus huesos (Ef 5,30), insinuando el costado... Ved, pues, qué íntimamente se ha unido Cristo con su esposa, ved con qué comida nos sacia; Él mismo es nuestra comida y alimento, y como una mujer alimenta con su propia sangre y leche a su hijo, así también Cristo a aquellos a quienes Él engendró alimenta constantemente con su propia sangre".

(S. Juan Crisóstomo, Homilía a los bautizados).

viernes, 5 de febrero de 2010

Corazón eucarístico de Jesús (Textos de los Padres - VI)

"Además de esto, se cumplía un misterio inefable. Brotó, pues, agua y sangre. Y no manaron sin razón y por casualidad esas fuentes, sino porque de ambas se formó la Iglesia. Esto lo conocen muy bien los iniciados, que renacen por el agua y se alimentan con la sangre y carne. De aquí tienen su origen los misterios, para que, al acercarte al tremendo cáliz, lo hagas como si fueras a beber de ese mismo costado. Y el que lo vio es el que lo asegura, y su testimonio es verdadero (Jn 19,35)".

(S. Juan Crisóstomo, Hom. 85, 3 sobre el Evangelio de San Juan).

La devoción al Corazón de Jesús -que es más, es toda una espiritualidad, un modo de vivir y tratar con Jesucristo- es sacramental.
El cáliz contiene la Sangre del Señor, recibimos su Cuerpo en la comunión y hemos sido lavados en el bautismo con el agua que brotó de su Costado.
Adoramos su Cuerpo eucarístico en la comunión, en el Sagrario y en la exposición eucarística... ¡y recibimos su amor y su salvación!


Salve, Cuerpo verdadero,
que has nacido de la Virgen.
Por nosotros inmolado,
en la cruz has padecido.
De tu pecho traspasado
brotan ríos de agua y sangre.
Que podamos recibirte
en la hora de la muerte.
¡Oh Jesús dulce!

¡Oh Jesús bueno!

¡Oh Jesús, hijo de María!

viernes, 4 de diciembre de 2009

En Cristo está nuestra salvación (Textos de los Padres - IV)


"Y ya que hemos citado el versículo en el que hace mención del cuerpo del Señor, a fin de que nadie, al leerlo, se perturbe viendo que ha escogido para sí un cuerpo de dolor, acuérdese de que se dolió y lloró por la muerte de Lázaro, y que fue herido en la pasión, y que de su herida manó sangre y agua, y que, por fin, entregó su alma. El agua, para el bautismo; la sangre, para bebida, el espíritu, para la resurrección. Por eso en solo Cristo está nuestra única esperanza, fe y caridad: esperanza en la resurrección, fe en el bautismo, caridad en el sacramento".

S. Ambrosio (Sobre las vírgenes, 3,5,22).

La verdad de tu humanidad santísima nos salva.
Tuviste un cuerpo verdadero, formado y nacido de la Virgen María.
¡Fuiste la Ofrenda de amor por nuestra salvación!
¡Sálvanos, Redentor nuestro!
¡Perdona nuestros pecados!
¡Atrae las almas hacia Ti!
Sé Tú el centro de nuestros corazones.

martes, 24 de noviembre de 2009

Leer el Evangelio, palpitar con el Corazón


Conocer al Corazón de Jesús por el Evangelio

"No conozco guía más seguro ni más enterado, ni más a nuestro alcance. En cada página, ¿qué digo?, en cada hecho, en cada sentencia, en cada partícula y hasta en cada signo del Evangelio, palpita el Corazón de Jesús. En él no hay letra ni signo que no suene, huela, sepa, a amor. Suprimid el sentido de esa palabra en el Evangelio y lo trocaréis de libro de la Vida, de la Luz y de la Paz, en fábula de absurdos y quimeras.


El Evangelio es la conjugación de los grandes verbos del corazón: amar y entregarse.
San Pablo, que ha expresado en esas dos palabras toda la obra redentora de Jesús: “Me amó y se entregó por mí”, ha definido del modo que puede ser definido con palabras de la tierra, ese Arca de los tesoros de Dios, al Corazón de Jesús: “El que me amó y se entregó a Sí mismo por mí”. ¡Así! ¡Sin adverbios que limiten, condicionen o califiquen la acción inmensa de esos dos verbos! El Evangelio es el relato de una vida y de una doctrina, no sólo de un Jesús que pasó, que hizo, que dijo..., sino de un Jesús que está viviendo en el cielo y en los Sagrarios de la tierra, en su Cuerpo místico, la Iglesia, y en el alma de los justos...

Ese libro, en suma, escrito ayer, cuenta con palabra infalible lo que Jesús hizo y dijo ayer, amándome y entregándose por mí. Lo que hace y dice hoy. Y lo que hará y dirá mañana y eternamente, conjugando los mismos verbos:
amar y entregarse. Este aspecto del Evangelio me regala con esta gratísima noticia: Por él yo puedo sentir las palpitaciones del Corazón de Jesús, no ya durante un período de su acción o de su vida, sino de todos los períodos y de toda su vida mortal, celestial, eucarística, mística y eterna...

Grande, interesante, revelador es siempre el Evangelio como doctrina y como historia. Pero cuando con ojos de fe viva, miro sus páginas y las veo moverse, subir y bajar suavemente, como suavemente baja y sube el pecho a impulso del corazón que guarda adentro; cuando siento que aquel subir y bajar con la sístole y la diástole del Corazón más grande, más generoso, más incansable, más inverosímilmente amante y dadivoso, el libro ya no es libro, sino un pecho vivo. La palabra escrita es una palabra hablada. El ayer es hoy. El mañana la eternidad. El milagro contado es milagro repetido. El misterio de la doctrina no es misterio, sino claridad de mediodía. La fe y la esperanza casi, casi, se van eclipsando, porque por entre letra y letra, renglón y renglón, van saliendo rayos de un sol, el sol del Amor...
¡Jesús descubriendo su Corazón y repitiendo: “Yo soy” con palabra de luz y de fuego!...

Pero también es cierto que así como por la lanzada del soldado quedó
“abierto el costado” de Jesús y por esa abertura podía verse y tocarse su Corazón de carne, por el espíritu de fe y mejor, por el don de su Espíritu Santo, a través de cada palabra del Evangelio de Jesús, puede verse y sentirse su Corazón, y por tanto, que no hay que escribir un libro sobre lo que es Él, sino dedicarse a “buscarlo” en el gran libro, en el libro eterno de su Evangelio.

Ésa, ésa quisiera yo que fuera la ocupación de los ojos y de las inteligencias de los cristianos, leer y contemplar el Evangelio,
“buscando” el Corazón de Jesús sin parar hasta encontrarlo".

Beato D. Manuel González, Así ama Él, en O.C., Vol. I, nn. 240-245.

martes, 10 de noviembre de 2009

¿Estructuras o corazón?


En multitud de ocasiones, la responsabilidad personal se ha disipado proyectándola en lo común. Se habla de las estructuras injustas que son estructuras de pecado intentando siempre salvar la bondad absoluta del hombre y refugiándose en la maldad intrínseca de las estructuras. Todo un lenguaje teológico estaba referido a las estructuras animando a combatir el pecado social -el único que parecía existir- cambiando las estructuras, atacándolas, proyectando una especie de revolución del sistema.

Pero, ¿acaso las estructuras más perfectas, más justas y equitativas, no se pueden volver absolutamente tiránicas si no hay hombres buenos, corazones justos y santos? ¿Tal vez serán las leyes, o las conductas sociales, o los sistemas políticos, los que van a hacer triunfar la verdad, la bondad, la belleza, la justicia? El camino no es otro que el hombre, el hombre mismo. Es el hombre quien debe ser transformado, regenerado, porque sólo así el mundo puede cambiar. La sociedad jamás cambia a golpe de revoluciones: tarde o temprano demuestra su inestabilidad y sus puntos débiles. La sociedad sólo se transforma cuando hay hombres que han sido transformados. El mundo evoluciona a mejor en el momento mismo en que haya hombres que, tocados por la gracia, hayan cambiado el corazón de piedra por un corazón de carne; en el momento en que haya hombres que dejando "las estructuras injustas de su corazón" adopten el corazón nuevo de Cristo.

La predicación de Jesucristo estaba dirigida a la conversión personal porque cuando ésta se logra, el mundo se transforma, el Reino de Dios se va implantando. ¡El Reino de Dios está dentro de vosotros! La espiritualidad del Corazón de Jesús es, así pues, realmente transformadora tanto del hombre como de la sociedad, porque "Sólo el amor de Dios puede renovar el corazón del hombre, y la humanidad paralizada sólo puede levantarse y caminar si sana en el corazón. El amor de Dios es la verdadera fuerza que renueva al mundo" (Benedicto XVI, Ángelus, 19-febrero-2006). Éste camino es más lento que promulgar leyes y alentar revoluciones, cierto, pero a la larga es más eficaz, pacífico y verdadero.