Éste es un blog que pretende ser formación y catequesis de adultos, mistagogia de la liturgia, pensamiento teológico, vida espiritual y aliento para la santidad. Y lo pretende con fidelidad a la Iglesia, al sentir eclesial y a la Tradición. ¡Sé bienvenido!
domingo, 31 de mayo de 2015
La caridad misionera (de María)
lunes, 29 de diciembre de 2014
¡Cuotas para Cáritas!
domingo, 31 de agosto de 2014
La vida de la comunidad cristiana (Mt 18)
miércoles, 26 de marzo de 2014
La Hora de Jesús
martes, 3 de diciembre de 2013
La experiencia de amor de los santos
lunes, 25 de noviembre de 2013
Cáritas es eclesial
"Por lo que se refiere a los colaboradores que desempeñan en la práctica el servicio de la caridad en la Iglesia, ya se ha dicho lo esencial: no han de inspirarse en los esquemas que pretenden mejorar el mundo siguiendo una ideología, sino dejarse guiar por la fe que actúa por el amor (cf. Ga 5, 6). Han de ser, pues, personas movidas ante todo por el amor de Cristo, personas cuyo corazón ha sido conquistado por Cristo con su amor, despertando en ellos el amor al prójimo" (n. 33).
viernes, 4 de octubre de 2013
De egoístas, egocéntricos y del amor de verdad
El amor crece en nosotros y se desarrolla también entre las contradicciones, entre las resistencias que se le oponen desde el interior de cada uno de nosotros, y a la vez “desde fuera”, esto es, entre las múltiples fuerzas que le son extrañas e incluso hostiles.
viernes, 12 de julio de 2013
Cristo es el buen samaritano
jueves, 22 de noviembre de 2012
Amor al prójimo (Exht. a un hijo espiritual - IV)
miércoles, 7 de noviembre de 2012
El himno de la caridad explicado
Lo que mejor define la ley de Cristo es la caridad, y esta caridad la practicamos de verdad cuando toleramos por amor las cargas de los hermanos.
sábado, 23 de junio de 2012
Pensamientos de San Agustín (XI)
No todos tienen (ojos) para ver cómo resucitan los muertos en el corazón, a no ser los que ya han resucitado en su propio corazón. Más milagro es resucitar a quien ha de vivir siempre que resucitar a quien volverá a morir (San Agustín, Sermón 98,1).
martes, 25 de octubre de 2011
Aplicaciones trinitarias
Mala comprensión del cristianismo tendremos si pensamos en Dios como Uno y Unitario, aislado en sí mismo. Por ser Trinidad, es Amor, en mutua donación de Personas, no es soledad e independencia. Miremos al Misterio:"Toda la revelación se resume en estas palabras: "Dios es amor" (1Jn 4, 8.16); y el amor es siempre un misterio, una realidad que supera la razón, sin contradecirla, sino más bien extendiendo sus posibilidades. Jesús nos ha revelado el misterio de Dios: él, el Hijo, nos ha dado a conocer al Padre que está en los cielos, y nos ha donado el Espíritu Santo, el Amor del Padre y del Hijo. La teología cristiana sintetiza la verdad sobre Dios con esta expresión: única sustancia en tres personas. Dios no es soledad, sino comunión perfecta. Por eso la persona humana, imagen de Dios, se realiza en el amor, que es don sincero de sí" (Benedicto XVI, Ángelus, 22-mayo-2005).
viernes, 9 de septiembre de 2011
¿Y por qué nos quiere Dios? ¿Ha visto algo en nosotros?
En ocasiones, los esquemas de las religiones se infiltran en nuestra mentalidad casi sin darnos cuenta. Más aún, si lo mezclamos con el moralismo reinante, hablando de "valores". Esto nos influye hasta el punto de vivir muchas veces con una angustia que no sabemos expresar: tenemos que ser buenos para que Dios nos quiera, porque si no nos puede castigar o nos puede rechazar. Se disparan los niveles de exigencia personal, se vive con un cierto terror a Dios.Escribía Ratzinger en "Ser cristiano":
"Él no nos ama porque seamos particularmente buenos, particularmente virtuosos, particularmente meritorios, porque seamos de algún modo útiles o necesarios para él. Nos ama, no porque seamos nosotros buenos, sino porque él es bueno. Nos ama aunque no tengamos nada que ofrecerle; nos ama aunque nuestro vestido sean los harapos del hijo perdido, que no lleva consigo nada digno de ser amado".
¡Cómo cambia todo entonces!
lunes, 24 de enero de 2011
El lenguaje cristiano sobre el amor
domingo, 14 de noviembre de 2010
Iglesia y abrazos
"Mediante la fe, somos introducidos en el misterio de amor que es la Santísima Trinidad. Somos, de alguna manera, abrazados por Dios, transformados por su amor. La Iglesia es ese abrazo de Dios en el que los hombres aprenden también a abrazar a sus hermanos, descubriendo en ellos la imagen y semejanza divina, que constituye la verdad más profunda de su ser, y que es origen de la genuina libertad" (Benedicto XVI, Discurso en la Catedral, Santiago de Compostela, 6-noviembre-2010).
Aquí hay de fondo una melodía continua, la de la encíclica "Deus caritas est". El amor de Dios se comunica al hombre y la revela la verdad de su ser. Sólo el Amor de Dios salva al hombre y lo acoge en su verdad, en su limitación... a lo que debe corresponder el amor del hombre que se entrega a Dios.
jueves, 16 de septiembre de 2010
Caridad, virtud teologal (textos isidorianos)

1. Aunque algunos dan la impresión de participar en la fe y en las buenas obras, con todo, por estar faltos de la caridad del amor fraterno, no consiguen ningún aumento de virtud. Ya que, como dice el Apóstol, “si entregare mi cuerpo al fuego, mas no tuviere caridad, de nada me aprovecha” (1Cor 13,3).
2. Sin amor de caridad, por más que uno crea rectamente, no puede alcanzar la felicidad eterna, porque es tan grande la virtud de la caridad, que sin ella incluso el don de profecía y el martirio se valoran en nada.
3. Ningún premio vale por la caridad. En efecto, la caridad posee la primacía entre todas las virtudes. De ahí que el Apóstol llame a la caridad vínculo de perfección (cf. Col 3,14), por cuanto todas las virtudes quedan sujetas con este lazo.
4. El amor de Dios, en frase de Salomón, se compara a la muerte. “Firme como la muerte es el amor” (Cant 8,6); pues como la muerte separa con violencia el alma del cuerpo, así también el amor de Dios aparta eficazmente al hombre del amor mundano y carnal.
5. No ama a Dios quien desprecia sus mandamientos, pues tampoco amamos a un rey si tenemos aversión a sus leyes.
6. Con los varones santos hay que mantener la unidad en la caridad; y, en la medida en que uno se aparta del mundo, es preciso que se asocie a la compañía de los buenos.
7. La caridad consiste en el amor de Dios y del prójimo. Mas aquel conserva en su alma el amor de Dios que no se aparta del amor del prójimo. Quien se aparta de la comunidad fraterna queda privado de la participación del amor divino. No podrá amar a Dios quien sabemos falta en el amor al prójimo. Cristo es Dios y hombre. Por tanto, no ama a Cristo en su totalidad quien odia al hombre.
8. Corresponde a la discreción de los buenos no aborrecer a las personas, sino los pecados; y no desdeñar como falsas, antes bien aprobar las cosas bien dichas.
9. Los que son imperfectos en el amor de Dios deciden con frecuencia dominar los vicios; pero, abrumados por el peso de éstos, incurren de nuevo en aquellos defectos que desean eliminar.
viernes, 25 de junio de 2010
Cantar salmos es rezar amando: ¡cantar es propio de quien ama!

Todo hombre ama; nadie hay que no ame; pero hay que preguntar qué es lo que ama. No se nos invita a no amar, sino a que elijamos lo que hemos de amar. ¿Pero, cómo vamos a elegir si no somos primero elegidos, y cómo vamos a amar si no nos aman primero? Oíd al apóstol Juan: Nosotros amamos a Dios, porque él nos amó primero. Trata de averiguar de dónde le viene al hombre poder amar a Dios, y no encuentra otra razón sino porque Dios le amó primero. Se entregó a sí mismo para que le amáramos y con ello nos dio la posibilidad y el motivo de amarle. Escuchad al apóstol Pablo que nos habla con toda claridad de la raíz de nuestro amor: El amor de Dios –dice- ha sido derramado en nuestros corazones. Y, ¿de quién proviene este amor? ¿De nosotros tal vez? Ciertamente no proviene de nosotros. Pues, ¿de quién? Del Espíritu Santo que se nos ha dado.
Por tanto, teniendo una gran confianza, amemos a Dios en virtud del mismo don que Dios nos ha dado. Oíd a Juan que dice más claramente aún: Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él. No basta con decir: El amor es de Dios. ¿Quién de vosotros sería capaz de decir: Dios es amor? Y lo dijo quien sabía lo que se traía entre manos. Dios se nos ofrece como objeto total y nos dice: “Amadme y me poseeréis, porque no os será posible amarme si antes no me poseéis”.
martes, 10 de noviembre de 2009
¿Estructuras o corazón?

En multitud de ocasiones, la responsabilidad personal se ha disipado proyectándola en lo común. Se habla de las estructuras injustas que son estructuras de pecado intentando siempre salvar la bondad absoluta del hombre y refugiándose en la maldad intrínseca de las estructuras. Todo un lenguaje teológico estaba referido a las estructuras animando a combatir el pecado social -el único que parecía existir- cambiando las estructuras, atacándolas, proyectando una especie de revolución del sistema.
Pero, ¿acaso las estructuras más perfectas, más justas y equitativas, no se pueden volver absolutamente tiránicas si no hay hombres buenos, corazones justos y santos? ¿Tal vez serán las leyes, o las conductas sociales, o los sistemas políticos, los que van a hacer triunfar la verdad, la bondad, la belleza, la justicia? El camino no es otro que el hombre, el hombre mismo. Es el hombre quien debe ser transformado, regenerado, porque sólo así el mundo puede cambiar. La sociedad jamás cambia a golpe de revoluciones: tarde o temprano demuestra su inestabilidad y sus puntos débiles. La sociedad sólo se transforma cuando hay hombres que han sido transformados. El mundo evoluciona a mejor en el momento mismo en que haya hombres que, tocados por la gracia, hayan cambiado el corazón de piedra por un corazón de carne; en el momento en que haya hombres que dejando "las estructuras injustas de su corazón" adopten el corazón nuevo de Cristo.
La predicación de Jesucristo estaba dirigida a la conversión personal porque cuando ésta se logra, el mundo se transforma, el Reino de Dios se va implantando. ¡El Reino de Dios está dentro de vosotros! La espiritualidad del Corazón de Jesús es, así pues, realmente transformadora tanto del hombre como de la sociedad, porque "Sólo el amor de Dios puede renovar el corazón del hombre, y la humanidad paralizada sólo puede levantarse y caminar si sana en el corazón. El amor de Dios es la verdadera fuerza que renueva al mundo" (Benedicto XVI, Ángelus, 19-febrero-2006). Éste camino es más lento que promulgar leyes y alentar revoluciones, cierto, pero a la larga es más eficaz, pacífico y verdadero.
miércoles, 21 de octubre de 2009
Evangelización, misión y misiones

El Señor envió a sus apóstoles, antes de su Ascensión, a predicar el Evangelio, enseñando a todos a guardar todo lo que Él mandó y bautizar para sumergirlos en el Misterio de Dios, dándoles la vida divina e incorporándolos a la Iglesia. Generaciones sin número entendieron así el mandato misionero de Cristo y desde el mismo día de Pentecostés, se convirtieron en osados apóstoles en las zonas paganas, yendo siempre más lejos, "mar adentro", con tal de que Cristo fuese conocido y amado y pudiera seguir salvando. Nada antepusieron a Cristo. Con nada confundieron la misión apostólica. Y así casi hasta nuestros días. La misión es explícitamente cristocéntrica y eclesial. Sin imposiciones, pero con la valentía apostólica de hablar de Cristo. Cuando en el tejido eclesial entra la secularización, se trastoca el orden misionero en muchísimos casos para identificar la misión única y exclusivamente con las obras de desarrollo humano, de progreso social, reduciéndose la misión a la filantropía anónima, al voluntariado social tal como tantas ONG y otras organizaciones realizan. Incluso aún hoy, cuando se escucha hablar de las misiones, lo único que se presenta es la obra social, pensando que sin hablar de Cristo porque no se considera necesario, tal vez lleguen los demás a la fe. Las obras de desarrollo son insuficientes para responder al mandato tan claro de Jesucristo. "La misión, si no está animada por el amor, se reduce a actividad filantrópica y social. A los cristianos, en cambio, se aplican las palabras del apóstol san Pablo: "El amor de Cristo nos apremia" (2 Co 5, 14). La misma caridad que movió al Padre a mandar a su Hijo al mundo, y al Hijo a entregarse por nosotros hasta la muerte de cruz, fue derramada por el Espíritu Santo en el corazón de los creyentes. Así, todo bautizado, como sarmiento unido a la vid, puede cooperar a la misión de Jesús, que se resume en llevar a toda persona la buena nueva de que "Dios es amor" y, precisamente por esto, quiere salvar el mundo.
La misión brota del corazón: quien se detiene a rezar ante el Crucifijo, con la mirada puesta en el costado traspasado, no puede menos de experimentar en su interior la alegría de saberse amado y el deseo de amar y de ser instrumento de misericordia y reconciliación... La misión brota siempre de un corazón transformado por el amor de Dios, como testimonian innumerables historias de santos y mártires, que de modos diferentes han consagrado su vida al servicio del Evangelio.
La misión es, por tanto, una obra en la que hay lugar para todos: para quien se compromete a realizar en su propia familia el reino de Dios; para quien vive con espíritu cristiano su trabajo profesional; para quien se consagra totalmente al Señor; para quien sigue a Jesús, buen Pastor, en el ministerio ordenado al pueblo de Dios; para quien, de modo específico, parte para anunciar a Cristo a cuantos aún no lo conocen" (Benedicto XVI, Ángelus, 22-octubre-2006).
domingo, 4 de octubre de 2009
La belleza y santidad del matrimonio indisoluble
“Que con el yugo suave delamor
y el vínculo indisoluble de la unidad,

hiciste más fuerte la alianza nupcial,
para que aumenten los hijos de tu adopción
por la honesta fecundidad de los esposos.
Tu providencia, Señor, y tu amor
lo dispuso así de modo tan admirable,
que el nacer llena la tierra
y el renacer aumenta tu Iglesia” (RM 365),
y por supuesto la solemne y epiclética bendición nupcial, después del Padrenuestro:
“Oh Dios, que con tu poder creaste todo de la nada,
y, desde el comienzo de la creación,
hiciste al hombre a tu imagen
y le diste la ayuda inseparable de la mujer,
de modo que ya no fuesen dos, sino una sola carne,
enseñándonos que nunca será lícito separar
lo que quisiste fuera una sola cosa.
Oh Dios, que consagraste la alianza matrimonial
con un gran Misterio
y has querido prefigurar en el Matrimonio
la unión de Cristo con la Iglesia.
Oh Dios que unes la mujer al varón
y otorgas a esta unión,
establecida desde el principio,
la única bendición
que no fue abolida
ni por la pena del pecado original,
ni por el castigo del diluvio...” (RM 82).











