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martes, 24 de mayo de 2016

Espiritualidad de la adoración - XI

La Eucaristía es una inagotable fuente de santidad. De ella depende la unión con Cristo, íntima y transformadora. Las almas que avanzan en la vida de santidad, son aquellas que han ido modelando su existencia con una forma eucarística, es decir, de caridad sobrenatural, sacrificio, donación.

La Eucaristía modela la vida cristiana realizando una transformación crística. El Espíritu Santo obra en nosotros esa transformación y así, vivir el misterio de la Eucaristía, entrando en él, es tener la garantía segura de una transformación interior.

Fuente de santidad, la Eucaristía requiere y pide nuestra adoración, ya que es el mismo Señor quien está en el Sacramento dándose y amando. Lo vivido en la celebración de la Misa, es profundizado, contemplado, asimilado por los largos ratos de adoración eucarística, de manera que la adoración es una escuela básica de esa inagotable fuente de santidad.

Tanta importancia tiene, que una buena pastoral (parroquial, comunitaria, diocesana) potenciará la vida eucarística y la adoración, consciente de los frutos de renovación y santidad que aporta, y buscará y fomentará "los medios litúrgicos y pastorales con los que la Iglesia de nuestro tiempo puede promover la fe en la presencia real del Señor en la sagrada Eucaristía y asegurar a la celebración de la santa misa toda la dimensión de la adoración" (Benedicto XVI, Disc. a la Plenaria de la Cong. para el Culto divino, 13-marzo-2009).

La Eucaristía no se agota en su celebración, como muchas veces se ha presentado y se vive; su permanencia en el Sagrario nos permite entrar en la adoración, en un contacto íntimo e interior, ya sea personal o comunitariamente (en Horas santas, exposición del Santísimo, etc.). Es una dimensión que a veces se ha oscurecido o ha pasado desapercibido, centrando el esfuerzo pastoral y espiritual únicamente en la misma celebración litúrgica.

viernes, 29 de abril de 2016

Espiritualidad de la adoración (X)

La espiritualidad de la adoración eucarística es un manantial en el que nutrirnos del amor de Dios y, recibiéndolo, poder amar a los hermanos, especialmente a los que sufren, débiles, enfermos. Es la caridad sobrenatural para amar dándonos a nosotros mismos, no simplemente dando algo.


La adoración eucarística es una escuela de caridad, de amor y de entrega, que rompe el sentimentalismo y la privacidad, para conducirnos a la entrega de un amor verdadero, que se da.

El Señor en la Eucaristía, constantemente dándose, expuesto de manera entregada, educa el corazón, la voluntad y la inteligencia, para amar como Él y darse como Él. La adoración eucarística no nos reduce a la privacidad, sino nos lleva al otro, mirado y considerado como hermano. Así lo señalaba el papa Benedicto XVI en su primera encíclica:

domingo, 28 de febrero de 2016

Espiritualidad de la adoración (IX)

Para comprender uno de los elementos fundamentales de la espiritualidad de la adoración, habremos de entender y explicar bien, así como vivir bien, el concepto de "reparación".

Ante tanto desamor, ante tanta agresividad manifiesta contra Cristo, la reparación es una respuesta.


 A la vista del pecado de los hombres, de todos y de cada uno, como infidelidad a Cristo y un desprecio a su amor; viendo tantas situaciones de pecado, viendo una cultura antihumana, la reparación es un camino necesario.

Conscientes de tantas personas que se han alejado de la Iglesia y viven al margen de Cristo; conscientes de tantas personas que sólo tienen una referencia lejana de Cristo, de tantas personas que viven su fe de manera tibia, mediocre, separada de su existencia real, la reparación se hace urgente.

Para entender qué es la reparación, dos frases nos pueden ayudar:

"Amor saca amor" (Sta. Teresa de Jesús, V 22,14)

"Donde no hay amor, ponga amor y sacará amor" (S. Juan de la Cruz, Cta. a María de la Encarnación).

lunes, 18 de enero de 2016

Espiritualidad de la adoración (VIII)

Los contemplativos son especialmente maestros de vida cristiana porque han adquirido una 'sapientia cordis', una sabiduría de corazón, por su contacto asiduo y amoroso con el Misterio.


El peso de las palabras de un contemplativo, cuando nos habla de Cristo, es un peso específico y único: no habla de memoria, ni suelta un discurso ya establecido, acomodado a las circunstancias, sino que el verdadero contemplativo rezuma amor a Cristo y habla de ese amor que él ha descubierto porque el Señor se lo ha entregado. Sus palabras merecen atención para que dejen un poso interior.

Carlos de Foucauld es el gran contemplativo de la Eucaristía, cuya vocación y misión en la Iglesia fue adorar al Santísimo para que la vida de Cristo llegase a todos. Simplemente estuvo horas y horas cada día a los del Santísimo expuesto.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Espiritualidad de la adoración (VII)

Cristo y la Iglesia se unen al ofrecer el sacramento eucarístico. Hay una doble dirección; Cristo se entrega esponsalmente a su Iglesia, dando su Cuerpo y su Sangre, dándose Él y la Iglesia se ofrece a su Señor y se incorpora a su vida y a su redención. Doble dirección, un movimiento de Cristo a la Iglesia y de la Iglesia hacia Cristo.


Además, en la Eucaristía se produce la unidad de la misma Iglesia por lo cual la Iglesia vive de la Eucaristía, procede de la Eucaristía, halla su vida en la Eucaristía. Como muchos granos de trigo han sido necesarios para elaborar el pan eucarístico, han sido amasados, se ha empleado agua para la masa (el bautismo) y se ha cocido con fuego (el Espíritu en la Crismación), formando un solo y único Pan, así cada vez que celebramos la Eucaristía todos confluimos en un solo Cuerpo, el de Cristo. El misterio de la unidad de la Iglesia se hace real y patente en el sacramento de la Eucaristía.

Lo expresa bien la plegaria eucarística:

domingo, 11 de octubre de 2015

Espiritualidad de la adoración (VI)

La pastoral de la Iglesia va incluyendo en sus acciones la adoración eucarística, facilitando el encuentro personal, personalísimo, con Cristo, del que va a depender la santidad, el apostolado, el compromiso en la vida pública; de la adoración eucarística dependerán los frutos de la caridad, la acción social, la catequesis y la evangelización, la comunión interna de los miembros de la Iglesia.


La adoración eucarística es el motor de iniciativas buenas y apostólicas. La adoración eucarística es, asimismo, el crisol y la medida de discernimiento de tantas y tantas acciones pastorales y compromisos apostólicos. Ante el Señor todo se discierne y Él da su consentimiento o sugiere nuevos caminos y maneras de realizarlo, purifica el corazón y las intenciones.

En el Sagrario y en la exposición del Santísimo, una parroquia, cualquier comunidad, crece y ahonda sus raíces; por eso es tan importante el cuidado y el cultivo de la adoración eucarística, integrándola en el ritmo, en los horarios y en la planificación de la vida parroquial (o de la vida de una comunidad, asociación, monasterio, movimiento, etc.).

domingo, 6 de septiembre de 2015

Espiritualidad de la adoración (V)

Jesús, el Señor, no es una idea ni un mensaje, sino la Persona divina que tanto nos ha amado que se entregó por nuestra salvación. Nuestra relación con Él es una relación personal, donde Él sale a nuestro encuentro descubriéndonos la verdad de su ser y la verdad de nuestro propio ser humano, amándonos, redimiéndonos.

Con Cristo las cosas funcionan de modo personal y único, en un cara a cara con Él. Busca a cada hombre y le tiende la mano para salvarlo e incorporarlo a su Corazón.

Tan personal es esta relación, que en el Sacramento de la Eucaristía Cristo no nos entrega algo, ni nos deja un símbolo o un recuerdo de un mensaje o un manifiesto de compromiso; en el Sacramento eucarístico nos entrega su Cuerpo y su Sangre, Él mismo en Persona se entrega en Comunión y permanece entre nosotros en el Sagrario. 

"Es muy distinto el modo, verdaderamente sublime, con el cual Cristo está presente a su Iglesia en el sacramento de la Eucaristía, que por ello es, entre los demás sacramentos, el más dulce por la devoción, el más bello por la inteligencia, el más santo por el contenido [39]; ya que contiene al mismo Cristo y es como la perfección de la vida espiritual y el fin de todos los sacramentos [40].

Tal presencia se llama real, no por exclusión, como si las otras no fueran reales, sino por antonomasia, porque es también corporal y substancial, pues por ella ciertamente se hace presente Cristo, Dios y hombre, entero e íntegro [41]. Falsamente explicaría esta manera de presencia quien se imaginara una naturaleza, como dicen, «pneumática» y omnipresente, o la redujera a los límites de un simbolismo, como si este augustísimo sacramento no consistiera sino tan sólo en un signo eficaz de la presencia espiritual de Cristo y de su íntima unión con los fieles del Cuerpo místico [42]." (Pablo VI, Mysterium fidei, 5).
 

lunes, 20 de julio de 2015

Espiritualidad de la adoración (IV)

De la mano de un gran adorador, Carlos de Foucauld, entremos en el misterio y en la fecundidad de la adoración eucarística.


Su vida, como sacerdote, transcurrió entre los tuareg, solo, con la Presencia de Cristo, la Eucaristía, a la que él adoró y amó por todos, en reparación por todos, derramando así ríos de gracia sobre todos.

También se evangeliza y se ayuda a la Iglesia en las horas y momentos de estar de rodillas, o postrados en el suelo, adorando a Cristo en el Sacramento.

sábado, 6 de junio de 2015

Espiritualidad de la adoración (III)

Conocer a Cristo y vivir con Cristo, en el seno de la Iglesia, es una gracia y el tesoro mayor de nuestras vidas. La perla escondida era Cristo, el tesoro enterrado en el campo era Cristo, y quien lo ha descubierto sabe que nada es comparado con esta riqueza y lo ordena todo y lo pone todo a disposición para lograr adquirir ese campo, esa perla.

En la adoración eucarística se contempla a Cristo y se goza con su amor. Se ve al Señor, se experimenta su Presencia y entonces uno siente el dolor y la pena de los muchos que aún no gozan de conocer al Señor, de los muchos que aún no se han encontrado con Cristo y que eso es, realmente, lo único que necesitan aunque ni siquiera lo sepan.

Nace un impulso evangelizador en la adoración eucarística. Se mira al Señor y resuena su palabra una y otra vez: "Id y predicad" (Mt 10,7), "id al mundo entero y proclamad el Evangelio" (Mc 16,15), "id y bautizad a todos los pueblos... enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado" (Mt 28,16-20). Esto provoca en el adorador un deseo de evangelización, un deseo profundísimo de que Cristo sea conocido, amado y seguido.

"Queremos ver a Jesús", pedían los griegos a Felipe (Jn 12,21). Ese es el deseo de muchos y su gran sed, aunque no lo sepan y busquen a tientas. Quien adora a Cristo en la Eucaristía experimenta que ese grito sigue siendo actual y pide al Señor por la evangelización, pide por los evangelizadores, pide para que el Evangelio sea predicado y acogido en todas las gentes.

domingo, 12 de abril de 2015

Espiritualidad de la adoración (II)

La Iglesia celebra con amor la Santa Misa y prolonga ese amor en la adoración eucarística, porque la Eucaristía es la fuente y el culmen de la vida litúrgica de la Iglesia, es su mismo Señor en la apariencia del pan y del vino que ha querido quedarse con nosotros.


La Eucaristía es el tesoro principal, el gran Sacramento, que nos da al Autor mismo de la gracia. Una buena dogmática, es decir, una recta comprensión del sacramento eucarístico nos ayuda a vivir bien el sacramento de la Eucaristía cuando se celebra y cuando luego tenemos la posibilidad maravillosa de adorarlo en el Sagrario o en la exposición eucarística, estando a solas con el mismo Señor.

domingo, 8 de marzo de 2015

Espiritualidad de la adoración (I)

La adoración eucarística es un tesoro que renueva y vivifica el alma y fortalece e impulsa la vida de la Iglesia, de cada parroquia, comunidad, monasterio. Por ello es necesario inculcar y desarrollar una espiritualidad de la adoración que conduzca a un renovado aprecio por la adoración eucarística para cada persona y para cada comunidad, así como ampliar los tiempos dedicados al Santísimo expuesto en cada parroquia, en cada comunidad, en cada monasterio.


La adoración eucarística es una fuente de vida para la Iglesia, una verdadera acción pastoral que, cuanto más se cuida, mayores bienes reporta.

Para ello es necesario ir profundizando en la espiritualidad de la adoración eucarística.

lunes, 30 de junio de 2014

Adoración eucarística - VI



            ¿Cómo se realiza esta piedad eucarística, este culto al Santísimo Sacramento? Hay tres formas fundamentales según la Instrucción Eucharisticum Mysterium:


1)      Oración de acción de gracias en privado después de la comunión y de la Misa
2)      La visita y oración ante el Sagrario.
3)      La exposición del Santísimo Sacramento.




            Ya en la carta apostólica Mane nobiscum Domine, afirmaba Juan Pablo II:


18. Hace falta, en concreto, fomentar, tanto en la celebración de la Misa como en el culto eucarístico fuera de ella, la conciencia viva de la presencia real de Cristo, tratando de testimoniarla con el tono de la voz, con los gestos, los movimientos y todo el modo de comportarse. A este respecto, las normas recuerdan —y yo mismo lo he recordado recientemente— el relieve que se debe dar a los momentos de silencio, tanto en la celebración como en la adoración eucarística. En una palabra, es necesario que la manera de tratar la Eucaristía por parte de los ministros y de los fieles exprese el máximo respeto. La presencia de Jesús en el tabernáculo ha de ser como un polo de atracción para un número cada vez mayor de almas enamoradas de Él, capaces de estar largo tiempo como escuchando su voz y sintiendo los latidos de su corazón. «¡Gustad y ved qué bueno es el Señor¡» (Sal 33 [34],9).

lunes, 26 de mayo de 2014

Adoración eucarística - V



Es importante el culto eucarístico, la vida de piedad y adoración al Santísimo. El Papa Juan Pablo II lo recuerda en su encíclica “Ecclesia de Eucharistia” dado el olvido generalizado de la adoración eucarística en muchísimas comunidades eclesiales, parroquias, movimientos, Asociaciones, incluso Monasterios.

  

          Si hay culto y adoración eucarística es que Cristo está allí, es decir, hay una PRESENCIA REAL de Cristo es el pan y el vino consagrados que permanecen en las especies consagradas después de la Misa. Es punto fundamental de nuestra fe ¡que se ha olvidado! Es la fe de la Iglesia explicitada en el Catecismo de la Iglesia Católica (CAT 1373ss), expresada por el término técnico de fe TRANSUSTANCIACIÓN, y la encíclica Mysterium Fidei, de Pablo VI:


            El modo de presencia de Cristo bajo las especies eucarísticas es singular. Eleva la Eucaristía por encima de todos los sacramentos y hace de ella como la perfección de la vida espiritual y el fin al que tienden todos los sacramentos. En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía están contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero. Esta presencia se denomina “real”, no a título exclusivo, como si las otras presencias no fuesen “reales”, sino por excelencia, porque es substancial, y por ella Cristo, Dios y Hombre, se hace totalmente presente (CAT 1374).


jueves, 24 de abril de 2014

Adoración eucarística - IV





"La vida interior sigue siendo como el gran manantial de la espiritualidad de la Iglesia, su modo propio de recibir las irradiaciones del Espíritu de Cristo" (PABLO VI, Ecclesiam suam, nº 17).




Un repaso a las rúbricas del ritual del culto a la Eucaristía fuera de la Misa, nos permitirá saber con mayor exactitud cómo los libros litúrgicos vigentes describen el rito, aunque muchas veces se siguen costumbres y tradiciones locales que ya no figuran ni son obligatorias.




            La exposición con el Santísimo es prolongación del acto litúrgico fuente y culmen, del gran sacramento: la Misa. En la disposición del altar y del presbiterio, en el exorno y solemnidad, se pide que sea, como mucho, la misma de la Misa anterior, donde ya se ha consagrado el Pan para la adoración:


Hay que procurar que en tales exposiciones del culto del santísimo Sacramento manifieste, aun en los signos externos, su relación con la Misa. (nº 82).


            Cuando se hace a continuación de la Misa, es aconsejable consagrar el Pan en la Misa precedente:

Si se trata de la exposición solemne y prolongada, conságrese en la Misa que precede inmediatamente a la exposición la hostia, que se ha de exponer a la adoración, y póngase en la custodia sobre el altar después de la comunión. Entonces la Misa concluirá con la oración después de la comunión, omitiéndose el rito de despedida.(nº 94).

lunes, 14 de abril de 2014

Adoración eucarística - III

Es indudable que la adoración eucarística, especialmente la exposición del Santísimo en la custodia, es una fuente de piedad y de gracia, un motor e impulso de espiritualidad sana, si permite el encuentro con el Señor en el silencio (no rellenando todo de palabras y oraciones en común).

La adoración eucarística es un venero de vida espiritual, un cauce para orar y reparar, interceder y alabar.




            La adoración eucarística, prolongación de la Misa, incluso en su forma externa, llama e invita al silencio y a la quietud, centrando todo en Jesucristo, presente en el Sacramento. Viviendo así la adoración, será la liturgia verdaderamente fuente y cumbre de la vida de la Iglesia, porque la adoración es la actitud normal y exclusiva de la criatura con su Creador, del siervo con su Señor, de la Iglesia con Cristo.

           El culto a la Eucaristía fuera de la Misa no es sino la continuación a lo largo de los siglos de la actitud contemplativa de María a los pies del Señor, aquella que escogió la mejor parte y que nadie se la quitará, y que denota la esencia eminentemente contemplativa de la Iglesia, de la Ilgesia Orante y Oyente de la Palabra (igual que Abrahán, postrado ante Dios en la teofanía de Mambré).

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lunes, 24 de marzo de 2014

Adoración eucarística - II

Un breve recorrido histórico sobre el culto a la Eucaristía fuera de la Misa puede ayudar a situarnos.




            La comprensión teológica del sacramento, a lo largo del tiempo, desembocó en la adoración que se tributaba al Cuerpo del Señor que permanece después de la celebración en la sustancia del Pan. Como prolongación del sacramento celebrado y acto de adoración, la exposición del Santísimo se fue extendiendo poco a poco. La mirada de la fe provocaba la adoración del corazón y la reflexión teológica iba a desempeñar un papel importante en la pastoral y en la liturgia de este sacramento.



            En Oriente siempre se ha tratado a la Eucaristía con especial respeto y veneración. Se daba un sumo cuidado y respeto en los diáconos y acólitos al llevar la Eucaristía a los enfermos y ausentes. La asamblea se inclinaba y postraba, aún hoy, cuando en la liturgia bizantina el sacerdote hace la gran entrada en el santuario con los dones ya consagrados. Se reservaba la Eucaristía en un lugar aparte del santuario (pastoforios), la iglesia era el lugar de oración y celebración, y el altar era el punto de emergencia de todas las miradas y oraciones.

            En Occidente, el proceso y el recorrido de la adoración de la Eucaristía es muy distinto. Las expresiones del culto eucarístico son significativas: la oración se dirige a Cristo, allí presente en el Pan, mientras que, en la celebración de la misa, se sigue la estructura trinitaria de la eucología: ad Patrem per Filium in Spiritum. Junto a esto, en el corazón de los cristianos nace el deseo del diálogo orante con el Señor Jesucristo, "un anhelo de intimidad más profunda".

jueves, 20 de febrero de 2014

Adoración eucarística - I

La adoración eucarística ha sido muy recomendada por la Iglesia, por su valor litúrgico y espiritual; una gran inversión "pastoral" en parroquias, comunidades, asociaciones, cofradías, etc., será el cultivo de la adoración eucarística, los amplios momentos (horas incluso) de la exposición del Santísimo en la custodia, que permiten orar, reflexionar, contemplar, interceder.



"Porque día y noche está en medio de nosotros [Cristo], habita con nosotros lleno de gracia y de verdad; ordena las costumbres, alimenta las virtudes, consuela a los afligidos, fortalece a los débiles, incita a su imitación a todos los que a Él se acercan, de modo que con su ejemplo aprendan a ser mansos y humildes de corazón, y a buscar no ya las cosas propias, sino las de Dios. Y así todo el que se vuelve hacia el augusto sacramento eucarístico con particular devoción y se esfuerza en amar a su vez con prontitud y generosidad a Cristo, que nos ama infinitamente, experimenta y comprende a fondo, no sin gran gozo y aprovechamiento del espíritu, cuán preciosa es la vida escondida con Cristo en Dios y cuánto sirve estar en coloquio con Cristo: nada más dulce, nada más eficaz para recorrer el camino de la santidad" (PABLO VI, Mysterium Fidei, n. 37).

viernes, 20 de septiembre de 2013

"Por todos ante Dios" - Adoración eucarística

A nadie se le oculta la importancia que tiene la adoración eucarística, la exposición del Santísimo, y por eso mismo, en este blog, con periodicidad, volvemos una y otra vez a mostrar sus valores y cualidades, litúrgicas, pastorales, espirituales.





Hace muchos años, o al menos eso me lo parece a mí, un lema de la Jornada Pro orantibus traía como lema una frase adaptada de Edith Stein (Sta. Teresa Benedicta de la Cruz), que rezaba así:


"Ante ti por todos".


La frase original (que he encontrado después de años) dice así: 

"nuestra vocación es interceder por todos ante Dios" 

(Carta nº 415, a Fritz Kaufmann, 14-mayo-1934; OC I, p. 1089).


Ese mismo sentido, en general, es el contenido hondo de la adoración eucarística. Se está ante el mismo Cristo, expuesto solemnemente en la custodia, intercediendo por todos. Se está ante el mismo Cristo cargando con los problemas, los sufrimientos, las angustias, los dolores, de nuestros hermanos, ofreciéndolos, intercediendo.

domingo, 14 de abril de 2013

Irse al sagrario a rezar


http://www.bac-editorial.com/catalogo/foto_14734_PO0188_-_Foto.JPG

Comienzo aconsejando un libro que me ha gustado especialmente y que he leido en estos días: Presente y futuro del Concilio Vaticano II, del cardenal Marc Ouellet, en la BAC popular Madrid 2013, 250 pp. Es un libro-entrevista con intuiciones muy buenas y una explicación de claves teológicas del Concilio Vaticano II muy asequibles para todos, a la vez que hondas, claras, certeras. Puede aportar mucho a quien lo tome serenamente entre sus manos.

En dicho libro, el cardenal Ouellet habla de la Presencia del Señor en la Eucaristía como una expresión máxima de amor y humildad en donde Cristo se "reduce" para hacerse cercano. Sigue en la Eucaristía el Misterio de Kénosis, humillación, anonadamiento, que comenzó haciéndose pequeño en su Encarnación.

La cercanía de Cristo en el Sagrario de cada parroquia, de cada iglesia, permite al fiel cristiano arrodillarse y orar tranquilamente. Mucho depende del tiempo y calidad de nuestra adoración eucarística. Mucho en nuestra existencia dependerá del tiempo real que saquemos para estar con el Señor en el Sagrario (o en la exposición del Santísimo en la custodia) y dejarnos amar por Él mientras le vamos abriendo los entresijos de nuestra alma, nuestros miedos y desconfianzas, nuestras luchas y las debilidades que nos superan.

Es así: la adoración eucarística es vital para nuestro ser cristiano; el tiempo de Sagrario es una inversión en calidad de vida, en forma cristiana para nuestra alma.

Aquí, en este blog, sabemos la importancia que le hemos de dar siempre. Hoy, en tiempo pascual, y con las palabras del cardenal Ouellet, volvemos a recordar lo evidente: necesitamos el Sagrario, necesitamos tiempo de adoración eucarística, de estar ante el Santísimo.

miércoles, 23 de enero de 2013

Sueños de una primavera eucarística

El término "primavera eucarística" lo ha acuñado Benedicto XVI.

¿Podríamos soñar con él?

Sería algo hermoso: la vida de nuestras parroquias, y por tanto la vida de cada uno de nosotros, girando en torno a la Eucaristía, con una piedad sólida, cimentada en la Santa Misa diaria, la oración ante el Sagrario y la adoración al Santísimo expuesto.

Es verdad que existe hoy un resurgir en la vida eucarística de muchas parroquias (¿podríamos añadir de muchos colegios católicos, de muchas iglesias conventuales, de muchos fieles?), y el Papa lo ve con esperanza describiendo los tres puntos fundamentales que a todos nos atañen:

"Quiero afirmar con alegría que la Iglesia vive hoy una «primavera eucarística»: ¡Cuántas personas se detienen en silencio ante el Sagrario para entablar una conversación de amor con Jesús! Es consolador saber que no pocos grupos de jóvenes han redescubierto la belleza de orar en adoración delante del Santísimo Sacramento. Pienso, por ejemplo, en nuestra adoración eucarística en Hyde Park, en Londres. Pido para que esta «primavera eucarística» se extienda cada vez más en todas las parroquias... El venerable Juan Pablo II, en la encíclica Ecclesia de Eucharistia, constataba que «en muchos lugares (…) la adoración del Santísimo Sacramento tiene diariamente una importancia destacada y se convierte en fuente inagotable de santidad. La participación fervorosa de los fieles en la procesión eucarística en la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo es una gracia del Señor, que cada año llena de gozo a quienes participan en ella. Y se podrían mencionar otros signos positivos de fe y amor eucarístico» (n. 10).
...Renovemos también nosotros la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Como nos enseña el Compendio del Catecismo de la Iglesia católica, «Jesucristo está presente en la Eucaristía de modo único e incomparable. Está presente, en efecto, de modo verdadero, real y sustancial: con su Cuerpo y con su Sangre, con su alma y su divinidad. Cristo, todo entero, Dios y hombre, está presente en ella de manera sacramental, es decir, bajo las especies eucarísticas del pan y del vino» (n. 282).
Queridos amigos, la fidelidad al encuentro con Cristo Eucarístico en la santa misa dominical es esencial para el camino de fe, pero también tratemos de ir con frecuencia a visitar al Señor presente en el Sagrario. Mirando en adoración la Hostia consagrada encontramos el don del amor de Dios, encontramos la pasión y la cruz de Jesús, al igual que su resurrección. Precisamente a través de nuestro mirar en adoración, el Señor nos atrae hacia sí, dentro de su misterio, para transformarnos como transforma el pan y el vino. Los santos siempre han encontrado fuerza, consolación y alegría en el encuentro eucarístico. Con las palabras del himno eucarístico Adoro te devote repitamos delante del Señor, presente en el Santísimo Sacramento: «Haz que crea cada vez más en ti, que en ti espere, que te ame»" (Benedicto XVI, Audiencia general, 17-noviembre-2010).