Toda
la historia de la humanidad, todas las esperanzas del pueblo de Israel sostenidas
por las palabras de los profetas, todos los deseos, inquietudes, preguntas y búsquedas
del corazón humano, encuentran una respuesta definitiva en un nombre bendito:
“Jesús”. Jesús, el Señor, el Verbo encarnado, Hijo de Dios nacido de María
Virgen por obra del Espíritu Santo.
Su
nombre es fascinante: encierra Misterios grandes, y pronunciar su nombre, el
nombre de Jesús, requiere amor y profunda humildad; respeto grande que se llama
“temor de Dios”.
“Y le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a
su pueblo”
(Mt 1,21).
¿Qué
significa la palabra “Jesús”? Lo encontramos en el sueño en que el ángel revela
a san José el misterio de la Encarnación y su papel como custodio del Redentor.
Ya san Jerónimo, gran biblista, comenta: “Jesús en hebreo significa salvador.
El evangelista ha querido explicitar la etimología de su nombre al decir: “le
pondrás por nombre”: Salvador, porque “es él quien salvará a su pueblo” (Com.
in Mat, I,1,21). En efecto, explicando en su obra sobre la etimología de los
nombres hebreos, afirmará el mismo san Jerónimo: “Jesús (1,1), salvador o que
va a salvar”[1], y
son palabras sinónimas “Jesús” y “Josué” –el que hizo al pueblo de Israel
cruzar el Jordán y entrar en la tierra prometida-: ambos son salvadores del
pueblo, y Josué mismo es anuncio, tipo y figura del mismo Jesús Redentor. Por
eso ambos nombres, en hebreo, significan “salvador”[2].
En
el Antiguo Testamento aparecen en distintas ocasiones personajes con el nombre
de “Jesús” o su equivalente “Josué”, que reciben una misión de Dios para salvar
a su pueblo en circunstancias concretas, por eso su nombre siempre significa
“salvador”, como en Ex 17,9[3],
en Nm 13,16[4],
también en Eclo 51,30 o especialmente en Mt 1,21 aplicándose a Cristo. Hay que
recordar que, para la mentalidad bíblica, el nombre no es algo accidental,
simplemente para identificar a una persona, sino que revela una misión, un
encargo de Dios: por ejemplo, Cristo mismo cambiará a Simón su nombre por el de
“Pedro”, “Piedra” sobre la que va a edificar su Iglesia (Mt 16,18), y podrían
enumerarse muchos más ejemplos.















