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domingo, 30 de agosto de 2015

Ungidos en el Ungido

"Como ungüento perfumado que baja por la barba de Aarón hasta la franja de su ornamento" (Sal 132).

Era el ritual de consagración sacerdotal en el Antiguo Testamento: derramar aceite perfumado en abundancia desde la cabeza de manera que cayera ungiendo todo el cuerpo. Visualmente, es una escena clara y simbólica.


El salmo 44, que habla figurada y proféticamente de Cristo, también cantará la unción del rey: "el Señor tu Dios te ha ungido, con aceite de júbilo".

La unción es el signo de consagración de sacerdotes, de reyes así como de profetas. El aceite derramado que todo lo impregna y que es absorbido por la piel, muestra cómo el Espíritu Santo llena e invade a la persona, dejándola marcada, sellada, para siempre.

lunes, 15 de junio de 2015

El don de fortaleza

El Espíritu Santo derrama sus siete dones. La fortaleza es uno de ellos que viene a robustecer la virtud cardinal de la fortaleza. A cada una de las virtudes (fortaleza, justicia, templanza, prudencia) corresponde la gratuidad desbordante del Espíritu Santo.


Un hombre fuerte es aquel que acomete grandes obras sin desmoronarse, en su trabajo, en su apostolado, de manera constante, perseverante, y, por otra parte, un hombre fuerte es el que sabe resistir las dificultades, las adversidades, las circunstancias contrarias y los sufrimientos del tipo que sean con paciencia... porque la paciencia es virtud de los fuertes.

El hombre puede ir desarrollando estas virtudes cardinales con su trabajo interior y la repetición de actos virtuosos. Pero nada comparado con los dones que el Espíritu Santo infunde en las almas.

miércoles, 3 de junio de 2015

Estáis ungidos por el Santo

"En cuanto a vosotros estáis ungidos por el Santo..." afirma la 1Jn 2,20.

Mediante el santo Crisma, el Espíritu Santo nos selló, nos marcó, habitó en nosotros, y ofrece una asistencia continua para convencernos del pecado y llevarnos a la verdad plena, recordando las palabras de Jesús en el propio corazón.

Su Unción nos consagra a Dios, sí, pero esta Unción es vital, está viva, y así el Espíritu se convierte en el Maestro interior que nos enseña, nos educa, nos instruye, nos sugiere.

La Unción que hemos recibido mediante el santo Crisma es el Espíritu Santo mismo.

sábado, 23 de mayo de 2015

Tal es la gracia del Espíritu

"Tal es la gracia del Espíritu:

si halla abatimiento, lo disipa;

si encuentra malos deseos, los consume;

si halla temor, lo desecha

y no permite que hombre alguno participe en lo sucesivo de éste,

sino que, como transportado al cielo, hace que contemple todas las cosas de allí"

(S. Juan Crisóstomo, In Io., Hom. 75,5).

lunes, 26 de enero de 2015

Acción del Espíritu en las almas

"Derramaré mi Espíritu sobre toda carne, profetizarán vuestros hijos e hijas..." (Jl 3).

"Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará... Os infundiré mi espíritu y viviréis..." (Ez 36).


Y las promesas del mismo Señor, en su discruso de despedida (Jn 14-16):

"No os dejaré huérfanos. Os enviaré otro Paráclito..."

"Yo le pediré al Padre y él os dará otro Defensor..."

Se derramó el Espíritu Santo en la cruz, por el costado abierto del Salvador, y en Pentecostés. Se nos da el Espíritu Santo en el Bautismo y en la Confirmación y cada vez que celebramos la Eucaristía.

jueves, 9 de octubre de 2014

La fortaleza que nos viene dada

"Descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.


...Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro,
mira el poder el pecado cuando no envías tu aliento

Sana el corazón enfermo, lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero" (Secuencia de Pentecostés).

"Virtute firmans perpeti" (Himno Veni Creator).

La fortaleza interior nos viene dada como un don precioso del Espíritu Santo. "Sed fuertes y valientes de corazón los que esperáis en el Señor" (Sal 36) pero reconocemos que "el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad" (Rm 8). Sin Él, nada podemos.

¿Quién es fuerte? ¿Quién es imbatible? Las fuerzas humanas se agotan y debilitan, dejándonos expuestos a las luchas interiores y a las tentaciones; difícilmente podemos resistir persecuciones exteriores sin una gracia particular del Espíritu Santo, su don de fortaleza.

La fortaleza, recordemos, posee una doble dimensión: nos lleva a resistir pacientemente los males que nos afligen comunicándonos entereza y, por otra parte, la fortaleza es activa para acometer obras buenas, y grandes, y santas por el Señor, sin abandonarlas por las dificultades que se presenten.

Lo expresa muy bien una oración colecta:

sábado, 12 de julio de 2014

La consolación del Espíritu

La acción de consolar la encontramos de manera muy frecuente en las Escrituras y nos presenta una acción de Dios que llena de esperanza. Dios no se muestra distante del sufrimiento de sus hijos, sino que lo asume, y se vuelca para aliviar. Dios está cercano, próximo, en la aflicción.


Las promesas de Dios a lo largo de la historia de Israel eran promesas de salvación, y a su pueblo elegido y tantas veces infiel y de dura cerviz, que experimentó diversas pruebas, lo consoló en la tribulación y lo alentó en la esperanza de la salvación: “Como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo, y en Jerusalén seréis consolados” (Is 66, 13), “los alegraré y aliviaré sus penas” (Jer 31,13). En todo momento, “el Señor consuela a su pueblo y se compadece de sus pobres” (Is 49,13) y pide a sus profetas: “Consolad, consolad a mi pueblo” (Is 40, 1).

Dios es siempre “fuente de toda paciencia y consuelo” (Rm 15,5), “consuela a los afligidos” (2Co 7,6) y el consuelo es expresión de su amor infinito: “Dios nuestro Padre, que nos ha amado tanto y nos ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza, os consuele internamente” (2Ts 2,6). 

miércoles, 4 de junio de 2014

Oración Adsumus de San Isidoro

Clásica y hermosísima, la oración "Adsumus" de san Isidoro se emplea siempre al inicio de reuniones, asambleas, o incluso de Concilios.


Tengámosla a mano e invoquemos al Espíritu Santo con ella para que nos asista en nuestros trabajos.

"Aquí estamos, Señor Espíritu Santo.

Aquí estamos frenados por la inercia del pecado,
pero reunidos especialmente en tu Nombre.

Ven a nosotros y permanece con nosotros.
Dígnate penetrar en nuestro interior.
Enséñanos lo que hemos de hacer,
por dónde debemos caminar
y muéstranos lo que debemos practicar
para que, con tu ayuda sepamos agradarte en todo.


lunes, 2 de junio de 2014

El Espíritu Santo en la santa Unción

En todos los sacramentos se nos comunica el don del Espíritu Santo con su actuación específica, su gracia particular. 

Cada sacramento, en su modalidad específica, nos permite participar de la Unción del mismo Cristo; su Humanidad glorificada es la fuente del Espíritu Santo para ungirnos a nosotros; de modo particular, visible, expresivo, en aquellos sacramentos en los que se emplean los óleos santos, por el valor de la unción sacramental:
"En los Hechos de los Apóstoles, Pedro alude también a la unción que recibió Jesús, cuando recuerda "cómo Dios a Jesús de Nazaret le ungió con el Espíritu Santo y con poder, y cómo Él pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo" (Hch 10,38). Así como el aceite penetra la madera o las otras materias, de la misma manera el Espíritu Santo penetra todo el ser del Mesías-Jesús, confiriéndole el poder salvador de curar los cuerpos y las almas. Por medio de esta unción con el Espíritu Santo, el Padre realizó la consagración mesiánica del Hijo" (Juan Pablo II, Audiencia general, 24-octubre-1990).

El Espíritu Santo no es una fuerza alocada, impulsiva, al margen de la Iglesia y de la liturgia -como muchas veces se le presenta- sino que es precisamente la Iglesia el lugar donde florece y se da el Espíritu Santo y la liturgia sacramental es viva porque el Espíritu, presente en ella, se comunica por medio de los sacramentos. Sí, el Espíritu y toda gracia se nos dan por la liturgia. ¿Cuál es la acción del Espíritu Santo?

domingo, 1 de junio de 2014

En la escuela del Espíritu (Preces de Laudes de Pascua - y



Congregados en oración, los hijos de la Iglesia no cesan de pedir el pleno cumplimiento de las promesas y un nuevo y eficaz Pentecostés. La súplica eclesial recuerda, en las distintas preces de Laudes, la multiforme acción del Santo Espíritu.


            El Espíritu dirige a los hijos de Dios para vivir filialmente orientando la vida: “Señor Jesús, haz que nos dejemos llevar durante todo el día por el Espíritu Santo y que siempre nos comportemos como hijos de Dios” (Dom VII).

            El Espíritu, “que lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios” (1Co 2,10), conduce a penetrar más en el Misterio, conocerlo y amarlo, asombrándonos de su grandeza y de su amor: “Danos, Señor, el sentido de Dios, para que, ayudados por tu Espíritu, crezcamos en el conocimiento de ti y del Padre” (Dom VII).

            Si tenemos el Espíritu Santo, y seguimos sus mociones y sus gracias, seremos miembros vivos de la Iglesia, Cuerpo de Cristo, porque participamos de la vida de Cristo en sus miembros: “Concédenos vivir de tu Espíritu, para ser de verdad miembros vivos de tu cuerpo” (Lun VII), ocupando cada cual su lugar en este Cuerpo.

            El Espíritu Santo santifica las almas fieles, las enriquece con sus dones, gracias y carismas, le concede sus frutos abundantes: “Colma nuestra fe de alegría y paz, para que, con la fuerza del Espíritu Santo, desbordemos de esperanza” (Lun VII).

jueves, 29 de mayo de 2014

¡El Espíritu del Señor!

El culmen y plenitud de la Pascua es la efusión del Espíritu Santo. Cristo va al Padre pero su acción eficaz continuará en nosotros mediante su Santo Espíritu. Desde el cielo, lo derramará con abundancia. Convenía que Él se fuese para que viniera el Espíritu actuando ya interiormente en los hijos renacidos por el Bautismo.


No nos quedamos huérfanos por la Ascensión del Señor y su desaparición visible de la escena de este mundo. Él da otro Paráclito, el Consolador, el Defensor, que aliviará nuestra tristeza, la tristeza de no ver físicamente al Señor Jesús. Su Espíritu Santo es llamado por Jesús "Consolador". "Jesús sugiere este sentido, porque promete a los discípulos la presencia del Espíritu Santo como remedio a la tristeza provocada por su partida" (Juan Pablo II, Audiencia general, 13-marzo-1991).

miércoles, 28 de mayo de 2014

Aguardando al Espíritu (Preces de Laudes de Pascua - VII)



La liturgia, con sus oraciones y ritos, se convierte en la mejor escuela de vida cristiana, el ámbito en que se forja el espíritu cristiano y, por la fuerza de la misma liturgia, sin necesidad de otros añadidos, es la mejor catequesis y la mejor cátedra de teología.


            Ahora, en Pascua, nos abre el espíritu y mueve nuestro deseo hacia las insondables riquezas del Espíritu Santo. La pneumatología –o tratado sobre el Espíritu Santo- halla aquí recursos constantes, pinceladas a base de oración y súplica. Toda la Pascua es tiempo del Espíritu y su culmen es la santa fiesta de Pentecostés, donde Cristo desde el Padre entrega su gran Don pascual, derramando el Espíritu prometido.

            La petición de la Iglesia es vivir con el fuego del Espíritu Santo que abrasa, purifica e ilumina: “Tú que por medio de tu Hijo resucitado has derramado sobre el mundo el Espíritu Santo, enciende nuestros corazones con el fuego de este mismo Espíritu” (Lun II); Cristo es el Mediador que asegura la perenne efusión del Espíritu.

            La acción del Espíritu Santo es purificadora; quema los restos de egoísmo otorgándonos una caridad diligente y activa: “Haz, Señor, que la fuerza del Espíritu Santo nos purifique y nos fortalezca” (Mier II). El Espíritu todo lo renueva, superando lo caduco en nosotros, aquello que está muerto o paralizado, y de ese modo nos transforma y nos defiende del pecado y del Maligno: “Tú que te apareciste repetidas veces a los apóstoles y les comunicaste el Espíritu Santo, renuévanos por el Espíritu Defensor” (Mart III).

sábado, 15 de marzo de 2014

Ser luz de Cristo para el mundo

El cristiano es hijo de la luz, realiza las obras de la luz aborreciendo las obras de las tinieblas, porque se ha dejado iluminar por Cristo que es la Luz del mundo.

¿Cuándo? ¿Cuándo recibió esa luz? ¡En el Bautismo!, llamado por los Padres, especialmente orientales, "iluminación" (fotismós).


Cristo hace pasar de las tinieblas a la luz viendo la Verdad y saliendo de la mentira (siempre escurridiza, nunca de frente sino de espaldas, susurros, cuchicheos, a escondidas). Desde esa iluminación bautismal, el cristiano es hijo de la luz, camina a la luz del Señor. Pensemos -cercana la Pascua- cómo además del Bautismo, todo el rito del lucernario de la Vigilia pascual es una vivencia mistagógica y espiritual. Cristo ilumina la noche, rompe la oscuridad, "disipa las tinieblas del corazón y del espíritu".

Iluminados así, somos luz del mundo. Una luz participada que refleja la Luz verdadera que es Cristo, pero luz -pequeñas luminarias- para los hombres, nuestros hermanos, para nuestro mundo.

domingo, 6 de octubre de 2013

La materia traspasada por el Espíritu

La resurrección del Señor da inicio a un movimiento de transformación de todas las cosas. Su Espíritu Santo, que vivificó la carne muerta de Jesús en el sepulcro, resucitándola, renueva y renovará el universo entero. Entonces la materia será traspasada por el Espíritu Santo, dicho técnicamente, "materia pneumatizada".


El primer momento, grandioso, en que la materia fue traspasada por el Espíritu Santo y convertida en algo espiritual, pneumático, fue el Cuerpo glorificado de nuestro Señor.

El segundo momento, grandioso a la par que humilde, es la santísima Eucaristía, en la cual el Espíritu Santo transforma la materia del pan y del vino y la llena de Sí para convertirlas en Cristo mismo. entonces la Eucaristía es comida y bebida espiritual, el Cuerpo y la Sangre del Señor espirituales, es decir, no de modo subjetivo o intimista, simbólico, sino "espiritual" en sentido real, propio del Espíritu Santo.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Dejarse inhabitar por el Espíritu

¿Será siempre el Eterno desconocido? ¿Permanecerá así en la teología, en la liturgia y en la espiritualidad de nosotros, cristianos latinos?

Sin embargo el Espíritu Santo habita en nuestro interior, como un Sello y Don, cuando se nos crismó en la frente con el Santo Crisma (el gran instrumento sacramental del Espíritu Santo).


Habita en lo interior; sugiere qué decir y cómo decirlo; indica qué hacer; nos conduce a la Verdad mediante la conciencia; impulsa al bien; ilumina en la oración; pone las palabras en nuestros labios para rezar... y nos empuja para descubrir -¡asombrados, llenos de estupor!- que Jesucristo es el único Señor, el Señor, el centro de la historia, de la vida y del propio corazón.

¡Ven Espíritu Santo!

"El Espíritu Santo... habita cuerpo y alma, como en un templo... Por lo tanto, nos invade (si se puede decir) como la luz penetra en un edificio o como un perfume delicado impregna los pliegues de un vestido valioso, de manera que, según el lenguaje de la Escritura, se dice que estamos en Él y Él en nosotros... En el lenguaje vigoroso de san Pedro, el cristiano se convierte en "partícipe de la naturaleza divina" (2P 1,4), y, como dice san Juan, tiene el "poder" o la autoridad de "convertirse en hijo de Dios"" (Newman, PPS II 19, 222).

viernes, 31 de mayo de 2013

Sobre el Espíritu Santo

Grito y súplica de la Iglesia: "¡Envía, Señor, tu Espíritu y renueva la faz de la tierra!"

El don del Señor resucitado es su Espíritu Santo, que va a continuar y prolongar la misma salvación y obra de Cristo en los corazones de los fieles.


Envía el Espíritu Santo para que sea el otro Paráclito, es decir, el Abogado, el Intercesor, el Consolador: las mismas funciones de Cristo ya que tomará de lo de Cristo para comunicarlo constantemente a la Iglesia.

¿Por qué es llamado así?

viernes, 9 de noviembre de 2012

Pensamientos de San Agustín (XV)

Una variedad de frases y máximas, de diversos contenidos, nos pueden ayudar a crecer y formarnos, sabiendo la precisión de san Agustín y la variedad de temas que aborda.
Esta escuela, en la que solamente Dios es el maestro, busca alumnos buenos, asiduos y aplicados. En esta escuela aprendemos cada día: una cosa en los preceptos, otra en el ejemplo y otra en los sacramentos. Todo esto es la medicación de nuestras heridas y el estímulo de nuestro celo (San Agustín. Sermón 16A,1).
Dios quiere siempre educarnos y Él mismo es un Maestro. Ahora bien, hemos de ser alumnos buenos, asiduos y aplicados, que sepamos recibir las lecciones de Dios, las interioricemos y las pongamos en práctica. Hemos siempre de aprender porque siempre hemos de avanzar.

domingo, 27 de mayo de 2012

Santísimo Pentecostés

No es una "fiesta del Espíritu Santo", devocional, como un día dedicado al Espíritu, sino que Pentecostés es la solemne conclusión de los cincuenta días de Pascua, el día en que Cristo dio el Espíritu Santo desde el Padre para ser sus testigos ante el mundo y construir la Iglesia.


Hoy es el día del gran regalo del Señor glorificado: nos da su Don, su regalo. El fruto de toda la Pascua es el Espíritu Santo.

Llega a plenitud la cincuentena pascual, y esa plenitud no es otra que recibir y participar del mismo Espíritu Santo que resucitó a Jesús de entre los muertos.

"Pues, para llevar a plenitud el misterio pascual, 
enviaste hoy el Espíritu Santo 
sobre los que habías adoptado como hijos por su participación en Cristo. 
Aquel mismo Espíritu que, desde el comienzo, 
fue el alma de la Iglesia naciente; 
el Espíritu que infundió el conocimiento de Dios a todos los pueblos; 
el Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe 
a los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas" (Prefacio de Pentecostés).

jueves, 24 de mayo de 2012

La acción del Espíritu Santo

¿A quién esperamos?
¿Cuál es el Don del Espíritu Santo?
¿Por qué oramos con intensidad esta semana?
¿Qué realiza el Espíritu Santo en nuestras almas?

San Cirilo de Jerusalén, Catequesis 16, sobre el Espíritu Santo (1, 11-12.16: PG 33, 931-935.939-942)

El agua viva del Espíritu Santo

El agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna. Una nueva clase de agua que corre y salta; pero que salta en los que son dignos de ella.

¿Por qué motivo se sirvió del término agua, para denominar la gracia del Espíritu? Pues, porque el agua lo sostiene todo; porque es imprescindible para la hierba y los animales; porque el agua de la lluvia desciende del cielo, y, además, porque desciende siempre de la misma forma y, sin embargo, produce efectos diferentes: Unos en las palmeras, otros en las vides, todo en todas las cosas. De por sí, el agua no tiene más que un único modo de ser; por eso, la lluvia no transforma su naturaleza propia para descender en modos distintos, sino que se acomoda a las exigencias de los seres que la reciben y da a cada cosa lo que le corresponde.

De la misma manera, también el Espíritu Santo, aunque es único, y con un solo modo de ser, e indivisible, reparte a cada uno la gracia según quiere. Y así como un tronco seco que recibe agua germina, del mismo modo el alma pecadora que, por la penitencia, se hace digna del Espíritu Santo, produce frutos de santidad. Y aunque no tenga más que un solo e idéntico modo de ser, el Espíritu, bajo el impulso de Dios y en nombre de Cristo, produce múltiples efectos.

miércoles, 23 de mayo de 2012

La acción del Espíritu Santo

En la antigüedad cristiana, en sus primeros siglos, no sólo hubo controversias cristológicas sobre la divinidad y la humanidad de Cristo y cómo se relacionaban entre sí, sino también controversias pneumatológicas, sobre el Espíritu Santo, el Santo Pneuma: su divinidad y su acción.


Estas controversias pneumatológicas, zanjadas luego en diversos concilios, provocaron la respuesta de los Padres de la Iglesia con diversos tratados para defender la divinidad del Espíritu Santo. Son joyas un tanto desconocidas a lo que hay que sumar la poca sensibilidad pneumatológica de Occidente, en contraste con el protagonismo que se le da en Oriente en la teología, en la liturgia y en la espiritualidad.

Uno de esos tratados, con traducción castellana en Biblioteca de Patrística de la editorial "Ciudad Nueva", es el de san Basilio Magno, con páginas antológicas, sabrosas, intuitivas. Como ya se acerca Pentecostés, sirvan las palabras de san Basilio para disponernos al culmen de la cincuentena pascual.

¿Qué hace el Espíritu Santo en nosotros?