"Como ungüento perfumado que baja por la barba de Aarón hasta la franja de su ornamento" (Sal 132).
Era el ritual de consagración sacerdotal en el Antiguo Testamento: derramar aceite perfumado en abundancia desde la cabeza de manera que cayera ungiendo todo el cuerpo. Visualmente, es una escena clara y simbólica.
El salmo 44, que habla figurada y proféticamente de Cristo, también cantará la unción del rey: "el Señor tu Dios te ha ungido, con aceite de júbilo".
La unción es el signo de consagración de sacerdotes, de reyes así como de profetas. El aceite derramado que todo lo impregna y que es absorbido por la piel, muestra cómo el Espíritu Santo llena e invade a la persona, dejándola marcada, sellada, para siempre.













