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martes, 4 de marzo de 2014

Sigue vigente la penitencia

La penitencia es una virtud por la cual reparamos nuestros pecados (y los de los demás) ante Dios, ofrecemos un sacrificio de alabanza al Señor y crecemos en el dominio de nuestra carnalidad.

¿Pasada de moda? ¡No! Urgente y actual: la penitencia sigue siendo necesaria aun cuando el clima hedonista rechaza cualquier penitencia y cuando, incluso, hemos convertido la penitencia en mero sentimiento interior, privado de actos concretos que expresen y refuercen la virtud interior.


La penitencia doma al hombre viejo que tantas veces resurge con fuerza en nosotros, y hace crecer al hombre nuevo. Este es el tiempo de la gran penitencia eclesial: los hijos de la Iglesia practican la penitencia en un ejercicio constante y avanzan en la vida cristiana para llegar a la Pascua. Es la gimnasia del alma, la ascesis interior, manifestada en miles de elementos que convergen: ayuno, oración, limosna, caridad, postración, pequeños sacrificios, rezo prolongado, recogimiento, ausencia de diversiones exteriores...

Todo este conjunto, no lo dudemos, no lo olvidemos, está vigente, es actual, necesario, purificador. Aun cuando apenas se oiga hablar ni predicar ni catequizar, la penitencia es, también, un signo de vida cristiana que se purifica y crece para el Misterio pascual.


                "Por la gracia del Señor, nos encontramos aquí este año al comienzo del largo período penitencial que la Iglesia antepone a la celebración del Misterio pascual. Todos somos conscientes de los motivos espirituales y ascéticos que nos traen aquí para iniciar el camino de la santa cuaresma.

                Un camino de penitencia. Llegados a esta conclusión y, creemos, a su correspondiente propósito, surgen en la mente de todos una duda muy fácil, una pregunta casi espontánea: ¿Qué queda hoy de la penitencia en la disciplina y en el espíritu de la Iglesia?


domingo, 2 de marzo de 2014

Camino bautismal de la Cuaresma

La imposición de las cenizas en nuestra cabeza desencadena un proceso. ¿Cuál?

Lo podemos reducir a un acto tradicional, asistiendo por costumbre, sin dejar que desencadena su fuerza, y ésta es la de iniciar un proceso de ajuste y reajuste. Es un proceso bautismal, o si lo preferimos, un proceso que desemboca en el Bautismo o en su renovación, adecuando nuestra vida a la gracia del Bautismo.


Veamos una visión panorámica del conjunto y del proceso, y así marquemos nuestras pautas de vida para que la Cuaresma responda en cada cual a su propia finalidad.

La catequesis del papa Benedicto ofrece la perspectiva y, me gustaría subrayarlo, le da una gran fuerza a la participación e interiorización de la vida litúrgica. Fijaos en sus alusiones a la liturgia.


"Queridos hermanos y hermanas:
 
Hoy, marcados por el austero símbolo de la Ceniza, entramos en el tiempo de Cuaresma, comenzando un itinerario espiritual que nos prepara para celebrar dignamente los misterios pascuales. La ceniza bendita impuesta sobre nuestra cabeza es un signo que nos recuerda nuestra condición de criaturas, nos invita a la penitencia y a intensificar el compromiso de conversión para seguir cada vez más al Señor. 

martes, 16 de abril de 2013

El evangelio de Jn en Cuaresma y Pascua (III)



4. Jn 7-8: La revelación de Jesús rechazada


            En estos dos capítulos, Jesús se manifiesta como luz y vida, y por ello, continúa el tono polémico con los jefes de los judíos. La tensión se palpa: más de 14 veces se habla de la muerte de Jesús.




            La gran objeción a Jesús, que se va desvelando cada vez más claramente, es el origen humano de Jesús, pero eso es juzgar por apariencias. Él procede de Dios, declara abiertamente; incluso pronuncia esas palabras “Yo soy”, majestuosas, que revelan su divinidad. Los judíos creen saberlo todo sobre Jesús y en realidad no saben nada y desconocen que es el Logos eterno hecho carne –como ya presentó el evangelista en el prólogo tan bellamente. “El conocimiento superficial que los jerosolimitanos tienen acerca de la persona de Jesús no es un conocimiento suficiente y verdadero: sólo pueden conocerle los que ven en ál al enviado de Dios”[1]. Están ciegos. Las discusiones se suceden una tras otra mientras que Jesús alude al testimonio incluso de Abrahán que vio su día y se alegró. “Prosigue Jesús. Ellos pertenecen al mundo que no puede dar la vida, mientras que él ha venido del cielo precisamente para dar esta vida. Su obcecación es la garantía segura de que morirán en pecado, puesto que rechazan la vida que sólo Jesús les puede dar. Esta vida sólo se puede alcanzar mediante la fe en él”[2].

            ¡Creen tener vida en ellos!, pero la vida viene del poder salvador de Jesús al que no quieren reconocer. Se apartan de la fuente de la vida. “La desgracia con que Jesús amenaza aquí a la incredulidad consiste simple y llanamente en no tener parte alguna en Jesús, en no tener comunión alguna con él: es la ausencia total de Jesús. En eso consiste precisamente la incredulidad: en la plena ausencia de Jesús y, a una con ello, en la falta de comunión con Dios”[3].

viernes, 12 de abril de 2013

El evangelio de Jn en Cuaresma y Pascua (II)



I. La lectura de san Juan en la Cuaresma


3. Jn 4 y 5: El signo y la confrontación

            La lectura cuaresmal comienza con Jn 4, una curación, y Jn 5, es decir, la curación del paralítico en la piscina de Betesda. En el cuarto evangelio los milagros son propiamente “signos”, en número escaso, que provocan la fe y que son interpretados a continuación por discursos largos del Señor, de modo que el signo obrado le da pie para exponer su doctrina, aclarar el sentido del signo y darle todo su alcance salvífico. El milagro es la base del discurso. “Aunque Jn no llame explícitamente nuestra atención sobre ello, este relato continúa la serie de “signos” especiales que ponen de manifiesto el cometido de Jesús como vivificador. De nuevo la palabra de Jesús es suficiente para realizar aquello de que no eran capaces las “aguas del judaísmo””[1].


            En Jn 5, tras curar al paralítico, comienza la polémica: está en juego reconocer de dónde viene el poder salvador, si de la ley de Moisés y del sábado o de la persona misma de Jesús. El judaísmo se muestra agotado en su capacidad salvífica; la novedad salvadora es la Persona del Señor.

            Los judíos niegan el poder de la persona de Jesús y sus palabras: se desencadena –y así se lee en Cuaresma y por eso se lee en Cuaresma- una confrontación con Él, recalcando que es el Hijo (en sentido propio) con poder de juzgar, dar vida y resucitar. Hay en todo momento unidad de voluntad y acción del Hijo con el Padre. Atribuirse poder sobre la vida y la muerte es atribuirse el poder mismo de Dios –según Dt 32,39-. Y así, haber curado al paralítico es un signo de ese poder.

miércoles, 10 de abril de 2013

El evangelio de Jn en Cuaresma y Pascua (I)



Comenzamos hoy una serie de catequesis sobre el evangelio de san Juan y su distribución a lo largo de la Cuaresma y de la cincuentena pascual. ¿Con qué criterios? ¿Para qué? ¿Qué se subraya en uno y otro caso?

Esto nos debe facilitar la comprensión del leccionario ferial -el de diario- que nos ofrece la lectura de este evangelio. 

1. Razones de su uso en la liturgia

            En la distribución actual del leccionario romano, nos encontramos que para las Misas diarias (feriales) de Cuaresma y de Pascua se propone una lectura semi-continuada del evangelio de San Juan, con claves distintas para interpretar la lectura evangélica, seleccionando unos capítulos concretos en las Misas feriales cuaresmales y otros que se reservan para las ferias de la cincuentena pascual.

            Obtener una visión de conjunto de este evangelio, y destacar cuáles son los capítulos leídos en Cuaresma y cuáles los proclamados en Pascua, permiten recibir y entender mejor la lectura evangélica mucho mejor que tomando cada texto aisladamente y desconociendo la razón por la que la liturgia lo presenta.

            En la Ordenación del Leccionario de la Misa (: OLM), nº 98, se explica que en las ferias cuaresmales “desde el lunes de la cuarta semana, se ofrece una lectura semi-continua del Evangelio de san Juan, en la cual tienen cabida aquellos textos de este Evangelio que mejor responden a las características de la Cuaresma”; y para las ferias de la cincuentena pascual, una vez concluida la Octava, “se hace una lectura semi-continua del Evangelio de san Juan, del cual se toman ahora los textos de índole más bien pascual, para completar así la lectura ya empezada en el tiempo de Cuaresma. En esta lectura pascual ocupan una gran parte el discurso y la oración del Señor después de la cena” (OLM 101).

            De esta forma, el bellísimo evangelio de san Juan, con su peculiar lenguaje y técnica, se lee en grandísima medida en las ferias cuaresmales y pascuales, sin contar otros domingos (Samaritana, ciego de nacimiento, Lázaro en el ciclo A de la Cuaresma) y solemnidades en que también se proclama (Misa del día de la Natividad, Misa del día de Pascua, Pasión el Viernes Santo).


2. Estructura y rasgos generales del 4º evangelio

            La estructura general de este evangelio nos servirá de guía para entender el criterio de selección de la liturgia:


lunes, 18 de marzo de 2013

La Palabra en la V semana de Cuaresma

Ya estamos centrados, con mirada contemplativa, en la lectura evangélica de san Juan que nos ofrece la tensión y los enfrentamientos de Cristo con los judíos, con el mundo de la Ley incrédula, con la ceguera.

Todo apunta ya a su Hora, va llegando la Hora en que va a ser glorificado el Hijo del hombre.




Lunes V – 18 de marzo:

            Los Judíos buscan cualquier palabra o acción de Cristo para condenarlo, por si se saltaba la ley tal como ellos la interpretaban. Pero Jesús sale airoso (“el que esté sin pecado…”) descubriéndoles cómo también ellos han pecado aunque se crean justos.


Martes V – 19 de marzo:

            El gran signo que cura de las mordeduras del pecado es Jesús elevado en la Cruz. Ahí muestra su Amor y Misericordia. Con razón en la liturgia del Viernes Santo se nos mostrará la Cruz, diciendo: “Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo – Venid a adorarlo”.



lunes, 11 de marzo de 2013

La Palabra en la IV semana de Cuaresma

En el centro ya de la Cuaresma, la Palabra de Dios nos ayuda a iniciar un largo camino que desemboca en la Pasión y Glorificación del Señor.

Es el momento de escuchar la lectura semicontinua del evangelio de san Juan en Cuaresma y que continuará a lo largo de los cincuenta días pascuales.




Lunes IV – 11 de marzo:

            El leccionario va a presentarnos a partir de ahora, siguiendo el evangelio de san Juan, los signos salvadores de Jesús y la creciente tensión con los Judíos que desembocará en su Pasión. Son catequesis cristológicas.
            Cristo es el Salvador, el que cura, el que da vida. A nosotros nos da la vida por los sacramentos pascuales (Bautismo, Confirmación, Eucaristía) en la Vigilia pascual.



Martes IV – 12 de marzo:

            En las aguas, santificadas por el Espíritu está la Vida. Por eso, en la Vigilia pascual se bendice el agua del Bautismo introduciendo incluso el cirio pascual en las aguas para que den vida a los que se van a bautizar.

           

lunes, 4 de marzo de 2013

La Palabra en la III semana de Cuaresma

Avanza la santa Cuaresma y la riqueza del leccionario cuaresmal nos ayuda en nuestro proceso de interiorización, de evangelización del corazón, de conversión y anhelo de la Pascua. Para ello, nos encontraremos estas líneas de fuerza:




Lunes III – 4 de marzo:

            La Cuaresma surgió como la gran preparación intensiva a los catecúmenos que serían bautizados en la Vigilia pascual, como también ahora se bautizan y nosotros renovamos nuestras promesas bautismales y somos asperjados. El bautismo borra los pecados como borró la lepra de este general pagano.


Martes III – 5 de marzo:

            El sacrificio auténtico que Dios quiere es un corazón humilde, quebrantado, capaz de perdonar y pedir perdón: eso cuesta más que rezar unas oraciones o abstenerse de carne. ¡Ahora es tiempo de perdonar!


martes, 26 de febrero de 2013

La meta de la Cuaresma es la Pascua



            El peso de los siglos aún se nota, y cuando durante siglos la liturgia del Triduo pascual se ha celebrado temprano, por la mañana, durante el Jueves y el Viernes Santo, y la Vigilia pascual –con su juego de la luz en la noche- se pasó a la mañana del Sábado Santo para convertirse en un erróneo “Sábado de gloria”, las tardes fueron vividas única y exclusivamente de modo devocional: vía crucis, procesiones, etc. Estas devociones, en sí buenas, que son una ayuda y un complemento, no tuvieron más remedio que convertirse en un sustituto de la liturgia para llenar el alma de los fieles.




            Así, ese peso de los siglos se nota aún tanto que muchos no viven, ni asisten, ni participan, a las celebraciones solemnes de la tarde del Jueves y Viernes Santo y la Vigilia pascual, corazón del año litúrgico, permanece casi desconocida, con escasa participación.

            Parecería que la Cuaresma, entonces, es un fin en sí misma con la multiplicación de ejercicios de piedad, cultos, quinarios, etc., perdiendo su perspectiva auténtica: la de ser una preparación intensa para vivir la Pascua. La Cuaresma está en función y sirve de verdad si prepara a todos y cada uno de los católicos a vivir renovados, con piedad, las solemnes liturgias del Triduo pascual y, sobre todo, la santísima Vigilia pascual. La Cuaresma servirá de veras si enciende en cada uno el deseo de participar y asistir a las celebraciones del Jueves y Viernes Santo y vivir, con inmenso fervor, la Vigilia de la noche de Pascua. La Cuaresma, bien vivida y entendida, alentará una renovación personal, comunitaria y eclesial para vivir renovados la santa Vigilia pascual. La Cuaresma, con su austeridad penitencial, desembocará en la alegría de la noche de Pascua y educará a todos para comprender que la Cuaresma es un camino penitencial pero para llegar a una meta, la santa Pascua, y luego vivirla intensamente durante los cincuenta días que dura, hasta Pentecostés.

            Los textos que se rezan en la Misa y en la Liturgia de las Horas están llenos de referencias a la Pascua que queremos vivir y a la que nos preparamos. Basta tener el oído atento cuando el sacerdote los reza en la Misa para asumirlos e integrarlos personalmente.

     

lunes, 25 de febrero de 2013

La Palabra en la II semana de Cuaresma

Para esta semana cuaresmal, el contenido de la Palabra de Dios diaria en el leccionario, puede tener esta línea directriz para cada día:




Lunes II – 25 de febrero:

            Dios es compasivo y aguarda a darnos su perdón si acudimos arrepentidos a Él. El sacramento de la Penitencia comunica su perdón y su paz… pero hemos de cuidarlo más, frecuentarlo, acudir con un buen examen de conciencia, dolor de los pecados (no rutina) y propósito de enmienda.


Martes II – 26 de febrero:

            La Cuaresma es tiempo oportuno para aprender a obrar el bien, no con palabras y discursos, sino con obras concretas y reales. La gracia de Dios no nos faltará para obrar el bien con humildad, sencillez y discreción.


lunes, 18 de febrero de 2013

La Palabra en la I semana de Cuaresma

A modo de pequeño guión para una homilía diaria, o de una orientación para la reflexión personal, vamos a ir presentando por semanas cuaresmales la idea central de la Liturgia de la Palabra diaria, teniendo muy presente, no tanto la exégesis, cuanto el momento litúrgico en que se lee, y el porqué la Iglesia ofrece este leccionario cuaresmal para las ferias.

Seguimos rigurosamente el leccionario de Cuaresma, sin atender a los días que por ser Fiesta o Solemnidad poseen lecturas propias.

Espero que sea de ayuda para todos.




Lunes I – 18 de febrero:

            Hasta la IV semana de Cuaresma, las lecturas feriales son cada día una catequesis sobre un tema de la vida cristiana: eran las catequesis que se impartían a los catecúmenos. Hoy nosotros necesitamos volver a ser evangelizados-catequizados, para llegar renovados a la Vigilia pascual.



Martes I – 19 de febrero:

            La vida cristiana se define por hacer la voluntad del Padre –como Cristo hizo-. Nuestra paz es cumplir su voluntad (S. Gregorio Nacianceno).


viernes, 15 de febrero de 2013

Para la liturgia cuaresmal (sugerencias y anotaciones)

Sería bueno tener en cuenta unas cuantas sugerencias para la liturgia durante el tiempo cuaresmal (que acaba a la hora de Nona del Jueves Santo), favoreciendo así un mismo tono, una tonalidad constante. Serían sugerencias para todos los días y así se da una unidad a todo el tiempo de la Santa Cuaresma.

El saludo sacerdotal al inicio de la santa liturgia:

"La gracia y el amor de Jesucristo,
que nos llama a la conversión,
estén con todos vosotros".


La fórmula para invitar al acto penitencial que más insiste en la conversión:

"Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos".

Y realizar la primera forma del Acto penitencial cada día: "Yo confieso...", cantando luego "Señor, ten piedad", o bien "Kyrie éleison". De esta forma se realza algo más el acto penitencial de la Misa en el tiempo santo de penitencia y conversión. Es preferible esta forma primera, y dejar la tercera para la Pascua: "Tú, que... Señor, ten piedad".

Siempre hay que hacerlo, pero vamos a recordarlo; el sacerdote dice "Oremos" y se hace una amplia pausa de silencio para que sea verdad que todos oran recogidos en su corazón. Tras esta amplia pausa de silencio el sacerdote extiende las manos (sin elevarlas demasiado, in modum crucis) y recita la oración colecta dándole sentido orante a lo que recita: "el sacerdote invita al pueblo a orar, y todos, juntamente con el sacerdote, guardan un momento de silencio para hacerse conscientes de que están en la presencia de Dios y puedan formular en su espíritu sus deseos. Entonces el sacerdote dice la oración que suele llamarse “colecta” y por la cual se expresa el carácter de la celebración" (IGMR 54).

martes, 20 de marzo de 2012

De ahora en adelante (Cuaresma)

Respondo hoy a una petición que formulasteis hace unas semanas, cuando exponiendo la idea central de la Palabra de cada día de Cuaresma (I-III semanas), por su carácter de catequesis, queríais lo mismo para las semanas siguientes.


Con la IV semana de Cuaresma, la Misa cotidiana toma un giro en el Leccionario. Ahora el Evangelio va a ser del apóstol San Juan, leyendo de forma semicontinua los capítulos 5-9, donde se va viendo el desenlace de la vida de Cristo, sus signos y la tensión en aumento con la incredulidad de los judíos. Se acerca el fin, la Gloria del Señor que se manifestará en la Cruz.

El ánimo del oyente de la Palabra, más que incidir en temas de catequesis cuaresmales, debe enfocarse a una suave contemplación del Misterio mismo del Señor que camina hacia su glorificación. 

sábado, 17 de marzo de 2012

La limosna del ayuno

El tiempo cuaresmal, para ser vivido santamente, fructuosamente, incluye el rigor del ayuno y de la abstinencia de carne. La ley eclesiástica determina que ayuno (una sola comida al día) es obligatorio el Miércoles de ceniza y el Viernes Santo, y que la abstinencia de carne se da, además de esos dos días de ayuno, todos los viernes cuaresmales sin posibilidad de conmutarlo por ningún ejercicio piadoso ni oración. Aquí, en Sentire cum Ecclesia, tenéis una buena presentación.





Pero una mirada atenta y amorosa verá que realmente es poco lo que nos prescribe, con carácter obligatorio, nuestra Madre Iglesia.


El tiempo cuaresmal es tiempo de voluntario -aquí es donde vamos a insistir- ayuno, de privaciones generosas, y por encima de todo, los viernes de Cuaresma, tan penitenciales. En esos días muy bien podríamos ayunar, es decir, hacer una sola comida al día; tampoco los viernes son días para ir de bares a tomar algo o convocar una comida de amigos. Además, toda la Cuaresma debería ir señalada con privaciones cotidianas de alimentos y bebidas que nos puedan gustar.

Estos días de privaciones, que realmente nos deberían costar, sirven para mucho:

miércoles, 7 de marzo de 2012

La Vigilia pascual es la meta de la Cuaresma

Tal vez pueda parecer cansino y repetitivo, en persona y aquí virtualmente, pero hemos de considerar las cosas rectamente y repetirlas tantas veces cuantas sean necesarias para integrar verdades sencillas que suponen un cambio de conducta.

En este caso concreto, la repetición es decir y reiterar, a tiempo y a destiempo, que la Cuaresma que vivimos está enfocada a la Pascua, a los cincuenta días de Pascua que se inauguran con la Santísima Vigilia pascual, la noche santa de la Resurrección del Señor, del Sábado Santo al Domingo de Resurrección.

No todo es la Cuaresma ni podemos detenernos en la Cuaresma ni remarcar pastoral y litúrgicamente tanto la Cuaresma que nos olvidemos que ésta es un camino bautismal y ascético para llegar a una realidad nueva: la santa Vigilia pascual con la que inauguramos los festivos cincuenta días de Pascua.

Retengamos los consejos sobre el camino que nos da san Agustín, porque realmente es esto lo que nos pasa en Cuaresma:

"Nadie llega sino quien está en el camino; mas no todo el que está en el camino llega... Quienes ya están en él no deben sentirse todavía seguros, no sea que, retenidos por los encantos del camino mismo, no tengan suficiente amor para sentirse arrastrados hacia aquella patria" (S. Agustín, Serm. 346B, 2).

domingo, 4 de marzo de 2012

2º Domingo, la Transfiguración del Señor

El contexto litúrgico da la clave de interpretación de la Palabra proclamada.

O sea, no es lo mismo la Fiesta de la Transfiguración del Señor el día 6 de agosto, que el 2º domingo de Cuaresma y, sin embargos, en ambos días se proclama el evangelio de la Transfiguración.

El 6 de agosto es una celebración en la que destaca la divinidad de Jesús que se muestra a los suyos y ofrece la posibilidad de la divinización a los que viven en Cristo.

El 2º domingo de Cuaresma, al leer la Transfiguración del Señor, se quiere subrayar cuál es la meta de la Cuaresma: llegar a la Pascua donde veremos la gloria del Señor resucitado, pero que, para ello, antes hay que ir a Jerusalén, sufrir la pasión, pasar del Tabor al Gólgota.

Son distintos enfoques o claves de interpretación del mismo evangelio según se proclame un día u otro de la santa liturgia.

Los mismos prefacios apuntan a esa perspectiva.

El prefacio de la Fiesta de la Transfiguración canta:

 Cristo nuestro Señor reveló su gloria ante los testigos que él escogió; y revistió con máximo esplendor su cuerpo, en todo semejante al nuestro, para quitar el corazón de sus discípulos del escándalo de la cruz y anunciar que toda la Iglesia, su cuerpo, habría de participar de la gloria que tan admirablemente resplandecía en Cristo, su cabeza.

sábado, 3 de marzo de 2012

Cantamos en Cuaresma

La liturgia cuaresmal, ciñéndonos a la Eucaristía, tiene también sus modalidades propias para el canto litúrgico, subrayando además algunos elementos que permiten vivir mejor la espiritualidad de este tiempo penitencial y bautismal.

Durante la Cuaresma, a excepción del IV domingo "Laetare", el órgano y los demás instrumentos sólo pueden emplearse para acompañar y sostener el canto, y si no guardarán silencio. La sobriedad, así pues, se guarda también con el uso del órgano.

Para este tiempo hemos de recordar las características del canto litúrgico y señalar también qué es conveniente cantar y qué es conveniente omitir, con cantos adecuados al tono de este tiempo, sin abusar de los cantos que ya solemos usar habitualmente en el Tiempo ordinario. Aquí un repertorio propio cuaresmal debe desempolvarse y resonar como una ayuda espiritual.

El Directorio "Canto y música en la celebración", del Secretariado Nacional de Liturgia, ofrece una visión panorámica que cualquier coro litúrgico debe, simplemente, adoptar y realizar, sin falsas creatividades: para ello estará siempre la ayuda de una formación litúrgica del coro parroquial y no sólo el ensayo.

miércoles, 29 de febrero de 2012

La Palabra diaria cuaresmal

Sabiendo lo que ya sabemos por la catequesis de ayer, pienso que puedo orientarnos ver la catequesis diaria de la liturgia de la Palabra, entendiendo catequesis diaria en un sentido muy amplio, ya que la liturgia no es propiamente catequesis, sino celebración, actualización, Presencia, Misterio, Sacrificio.

Cada día ferial, hasta empezar IV semana de Cuaresma donde haremos una lectura semicontinua del evangelio de san Juan, y la primera lectura vaya en consonancia con esa lectura semicontinuada, ahora mismo cada día cuaresmal tiene un "tema", una línea de convergencia entre lectura y evangelio.

La edición del Calendario litúrgico Nacional, tan bien preparada, cada día cuaresmal pone un leit-motiv, una frase "resumen" de la unidad temática de la Palabra. Las traemos aquí para que veamos cómo cada día es una catequesis distinta, y también para que las tengamos a mano.

Lunes I: "La Cuaresma: practicar la verdadera religión".

Martes I: "La Cuaresma: Hacer la voluntad de Dios".

Miércoles I: "La Cuaresma: Urgencia de la conversión".

Jueves I: "La Cuaresma: Renovar la fe en la oración".

Viernes I: "La Cuaresma: Reconciliación con Dios y con los hermanos".

Sábado I: (Una errata u olvido involuntario hace que no haya este día una frase-resumen).

martes, 28 de febrero de 2012

La Palabra en la Cuaresma

"No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Así hemos de vivir la Cuaresma, porque así la ofrece la Iglesia. Es tiempo de ayuno y abstinencia de carne, y nuestro alimento se convierte en la Palabra de Dios y en la oración personal. Adelgazamos de pecados, para que engorde el alma con alimentos divinos.

El leccionario de Cuaresma nos puede ayudar mucho si captamos su dinámica interna tanto de las ferias de Cuaresma como de los domingos cuaresmales.

Primero leamos -siempre la enseñanza de la Iglesia- la Ordenación del Leccionario:

"a) Domingos 

97. Las lecturas del Evangelio están distribuidas de la siguiente manera: En los domingos primero y segundo se conservan las narraciones de las tentaciones y de la transfiguración del Señor, aunque leídas según los tres sinópticos. En los tres domingos siguientes se han recuperado, para el año A, los evangelios de la samaritana, del ciego de nacimiento y de la resurrección de Lázaro; estos evangelios, como son de gran importancia, en relación con la iniciación cristiana, pueden leerse también en los años B y C, sobre todo cuando hay catecúmenos.

Sin embargo, en los años B y C hay también otros textos, a saber: en el año B, unos textos de san Juan sobre la futura glorificación de Cristo por su cruz y resurreción; en el año C, unos textos de san Lucas sobre la conversión. 

viernes, 24 de febrero de 2012

Aprovechando los recursos del Ordinario de la Misa

En el Ordinario de la Misa -Ordo Missae- en la edición castellana, así como en otras ediciones, hay diversos textos ad libitum, es decir, que se pueden escoger: saludos del sacerdote, moniciones al acto penitencial o al Padrenuestro, etc.

Si desde el principio de la Cuaresma aprovechamos los recursos del Ordinario de la Misa y escogemos aquello que puede subrayar más la austeridad y penitencia del tiempo cuaresmal, daremos una unidad a todo este ciclo litúrgico, diferenciándolo de otros tiempos como la Pascua o las sencillas ferias del Tiempo Ordinario.

Tanto para los sacerdotes y diáconos que leen el blog como para los fieles laicos, vendrá bien recorrer algunos textos litúrgicos para ser usados diariamente en la Cuaresma. La repetición de unos mismos textos o fórmulas da un marcado carácter de unidad a un ciclo litúrgico posee una fuerza pedagógica.

Hay una serie de fórmulas en las que domina una idea que debe resonar ampliamente en la liturgia y en la espiritualidad de la Iglesia: la conversión; es tiempo de volver a Dios, de redirigir el corazón a Dios, ajustando la vida al Corazón de Cristo que vence al pecado. El saludo inicial de la Misa, propuesto por el Misal para el tiempo de Cuaresma, parece una exhortación profética en medio del desierto:
"La gracia y el amor de Jesucristo, que nos llama a la conversión,
esté con vosotros".

La invitación al acto penitencial de la Misa, entre las que ofrece el Misal, podría ser la que más marcado carácter penitente posee, uniendo la conversión y la reconciliación tanto con Dios como con los hermanos: