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miércoles, 11 de diciembre de 2013

Un ejemplo hoy de interpretación del Leccionario de Adviento

Plácidamente, pero también esperanzadamente, con tensión espiritual, escuchamos las profecías de Isaías cada día de este primera parte de Adviento (hasta las ferias mayores, a partir del 17 de diciembre), y cómo se cumplen todas en Nuestro Señor Jesucristo, eligiendo el evangelio según la lectura de Isaías, en armónica relación -y no cada lectura en paralelo o lectura semi-continua-.

El peso fuerte -ya lo señalamos- recae en la lectura semicontinua de Isaías, y luego el Evangelio se une a la primera lectura como su cumplimiento. Sabiendo esto, oíamos hoy: "Él da fuerza al cansado, acrecienta el vigor del inválido... los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, les nacen alas como de águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse" (Is 40, 30-31).

¿Quién no experimenta cansancio, desolación, vacío? ¿Y dónde descansar el corazón, sentir la paz más íntima y honda? El profeta anuncia que Dios será el descanso, la fuerza, el alivio para el cansado.

Entonces el evangelio muestra la plenitud y el cumplimiento de la profecía: "Venid a mí... encontraréis vuestro descanso". El título de la lectura de Isaías (frase en rojo que resume el sentido de la lectura y el motivo de su elección) es: "El Señor todopoderoso da fuerza al cansado", y el título del evangelio, en relación con la lectura, es: "Venid a mí todos los que estáis cansados". Lo que el profeta señalaba se realiza en Jesucristo. ¡Ya sabemos dónde encontrar descanso verdadero, renovada vitalidad! ¿A qué da alegría oír estas palabras, saborear esta Palabra?

Y ya que estamos, tomemos otra lectura y así captaremos más claramente cómo se organiza el leccionario ferial.

El miércoles de la I semana de Adviento se proclamaba el evangelio de la multiplicación de los panes y peces según Mateo. 
 ¿Por qué? 

¿Para hablar de la solidaridad, de la distribución de la riqueza o de la Campaña de Navidad (donde todos nos sentimos tan solidarios por llevar unos kilos de alimentos no perecederos)? 

¿Tal vez de la Eucaristía?


lunes, 9 de diciembre de 2013

Un día de Adviento (Preces de Laudes - I)



            Podría decirse, sin que sea un atrevimiento, que las preces de Laudes educan en la espiritualidad del Adviento, o lo que es lo mismo, forjan a una persona cristiana en la espera y en la esperanza, la ayudan a levantar la mirada del corazón aguardando a que Él venga en gloria y majestad. Orientan el deseo. Iluminan el futuro que nos aguarda.

            Cada mañana, las preces de Laudes iluminan con color de esperanza la jornada que empieza; prestar atención a ellas es asistir a una lección real en la mejor escuela de espíritu cristiano, que es la liturgia.


1. Las respuestas


            Cada formulario ofrece una posible respuesta a las distintas peticiones. Todas son expresión de un deseo, una súplica ardiente, que muy bien puede acompañar el día como jaculatoria sabrosa que renueve y prolongue durante todo el día el oficio divino matinal.


            * “Muéstranos, Señor, tu misericordia” (Dom I; Juev II), es la súplica tomada del salmo 84. Aguardamos su misericordia, vivimos de su misericordia y, en definitiva, lo que necesitamos y toda nuestra confianza radica sólo en su misericordia ante nuestra miseria, según el conocido binomio agustiniano. Pero esa misericordia no es algo, sino Alguien, tiene Rostro: es Jesucristo. “Muéstranos, Señor, tu misericordia”, es rogar al Padre que nos muestre a Cristo, que nos dé a Cristo ya, sin retrasarse.


            * La Iglesia desde el principio oró, con esperanza, suplicando: “Ven, Señor Jesús” (Lunes I; Dom, Lunes, Mar, Mierc, Viern y Sab de la II semana), es decir, “Maraná thá”, “Ven, Señor Jesús”, o también la confesión: “Maranathá”, “el Señor viene”. La aclamación primera a la consagración, al menos en el Misal castellano, canta: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡ven, Señor Jesús!” Es confesión y es esperanza. “Ven”, es el grito de la Iglesia Esposa que espera en la noche de la historia con las lámparas encendidas a que vuelva su Esposo. “Ven”, es el grito del amor en ausencia y espera del Amado. Y si bien viene realmente en la Eucaristía, ésta es una presencia sacramental, una mediación de Cristo, hasta su retorno glorioso y definitivo.


sábado, 7 de diciembre de 2013

El leccionario en Adviento

Cada año volvemos a profundizar y exponer las características litúrgicas y espirituales de cada tiempo litúrgico, incluso repitiendo catequesis. No se trata de un afán de novedades, como si cada año hubiera que estar inventando o la liturgia tuviera que ser nueva e innovadora cada año. Más bien repitiendo las mismas cosas, año atras año, celebrándolas del mismo modo año tras año con los libros litúrgicos vigentes, tendremos que vivirlas mejor, conocerlas mejor, interiorizarlas mejor.


La etapa que vivimos ahora no es la de la reforma de la liturgia, ya concluida, sino la de su profundización y asimilación. Cada año, pues, conviene recordar las realidades celebradas y desgranarlas hasta que formen parte ya de nosotros y de nuestro bagaje espiritual y litúrgico.

Un tiempo litúrgico ofrece una espiritualidad, y marca sus constantes vitales y teológicas mediante dos formas:

1) fundamental, las lecturas bíblicas escogidasy su distribución para ser leídas en los oficios litúrgicos de la Iglesia
2) el cuerpo de oraciones y prefacios.

 En el tiempo de Adviento el leccionario es muy rico y variado, con una selección de lecturas que enriquece la comprensión del Misterio de Cristo y nos dispone a acoger al Señor. La voz de Dios sigue resonando en los profetas, y vemos cómo Dios cumple sus promesas realizándolas en Cristo, su Hijo, venido en la humildad y pobreza de nuestra carne.


¡Comienzan los tiempos nuevos, los tiempos mesiánicos!


jueves, 5 de diciembre de 2013

El tiempo santo de Adviento: sus características litúrgicas

Un blog como éste pretende ofrecer constantemente, machaconamente, si queréis, una formación seria y sólida que debe retomar y volver sobre ciertos temas para que leídos con cierta distancia de tiempo, permitan recordar contenidos, tal vez entenderlos mejor, vivirlos más plenamente.


Hay catequesis que, sin dudarlo, deben ser anuales, es decir, repetidas cada año de manera que se puedan asimilar al compás de lo que se vive en el año litúrgico. Probablemente hay un déficit en la formación, pero de manera muy resaltada en la liturgia. ¡Todos creen saber de liturgia, todos pontifican sobre liturgia! Pero lo que nos toca es conocer la dinámica misma de la liturgia, acudir a los libros litúrgicos vigentes con sus prenotandos (Introducciones oficiales), sus textos y sus ritos. En esta tarea, sin duda alguna, hay que empeñarse.

Por ejemplo, vivir el Adviento es conocer la amplitud de su liturgia, sus directrices espirituales, las líneas de fuerza de su leccionario, la contemplación de sus oraciones y prefacios y no creer, ingenuamente, que todo el Adviento se reduce a colocar la corona de Adviento y encender un cirio semanalmente. El Adviento es mucho más.

Veamos la perspectiva general del Adviento, sus normas litúrgicas: entonces lo entenderemos y lo viviremos mejor.

El Adviento presenta una doble dimensión que hemos de tener en cuenta para vivirlo:


miércoles, 19 de diciembre de 2012

Un mutuo acostumbrarse

No es que yo sea originalísimo en mi pensamiento, es que me marcó y me agradó muchísimo. El pensamiento es de san Ireneo: Dios y el hombre tenían que acostumbrarse el uno al otro, y Dios aprendió las costumbres y modos humanos, y el hombre, al ver al Verbo encarnado, aprendió los modos divinos.


La distancia entre Dios y el hombre era infinita. Primero por ser Dios el Creador y el hombre su criatura, finita, limitada aunque hecha a su imagen y semejanza; segundo, porque el pecado del hombre estableció un abismo infranqueable.

Pero la pedagogía divina -¡qué concepto más apasionante para estudiarlo a fondo!- buscó que Dios y el hombre se fueran acercando y no alejando, se fueran acostumbrando uno a otro y pudiese nacer una amistad que es la vida verdadera del hombre. La historia entera de la salvación es un mutuo acostumbrarse y acercarse por medio de los hechos salvíficos y de los profetas.

Mas el máximo acercamiento y, por tanto, la mejor forma de conocerse y acostumbrarse uno al otro, fue la Encarnación del Verbo.

Toda la existencia humana, de hecho, está animada por este profundo sentimiento, por el deseo de que lo más verdadero, lo más bello y lo más grande que hemos entrevisto e intuido con la mente y el corazón, pueda salir a nuestro encuentro y se haga concreto ante nuestros ojos y nos vuelva a levantar.
“He aquí que viene el Señor omnipotente: se llamará Enmanuel, Dios-con-nosotros” (Antífona de entrada, Santa Misa del 21 de diciembre). Con frecuencia, en estos días, repetimos estas palabras. En el tiempo de la liturgia, que vuelve a actualizar el Misterio, ya está a las puertas Aquel que viene a salvarnos del pecado y de la muerte, Aquel que, después de la desobediencia de Adán y Eva, nos vuelve a abrazar y abre para nosotros el acceso a la vida verdadera. Lo explica san Ireneo, en su tratado “Contra las herejías”, cuando afirma: “El Hijo mismo de Dios descendió 'en una carne semejante a la del pecado' (Rm 8,3) para condenar el pecado y, después de haberlo condenado, excluirlo completamente del género humano. Llamó al hombre a la semejanza consigo mismo, lo hizo imitador de Dios, lo encaminó en el camino indicado por el Padre para que pudiese ver a Dios, y le diese en don al mismo Padre” (III, 20, 2-3). 

miércoles, 12 de diciembre de 2012

La profecía de hoy, Miércoles II de Adviento

Plácidamente, pero también esperanzadamente, con tensión espiritual, escuchamos las profecías de Isaías cada día de este primera parte de Adviento (hasta las ferias mayores, a partir del 17 de diciembre), y cómo se cumplen todas en Nuestro Señor Jesucristo, eligiendo el evangelio según la lectura de Isaías, en armónica relación -y no cada lectura en paralelo o lectura semi-continua-.

El peso fuerte -ya lo señalamos- recae en la lectura semicontinua de Isaías, y luego el Evangelio se une a la primera lectura como su cumplimiento. Sabiendo esto, oíamos hoy: "Él da fuerza al cansado, acrecienta el vigor del inválido... los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, les nacen alas como de águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse" (Is 40, 30-31).

¿Quién no experimenta cansancio, desolación, vacío? ¿Y dónde descansar el corazón, sentir la paz más íntima y honda? El profeta anuncia que Dios será el descanso, la fuerza, el alivio para el cansado.

Entonces el evangelio muestra la plenitud y el cumplimiento de la profecía: "Venid a mí... encontraréis vuestro descanso". El título de la lectura de Isaías (frase en rojo que resume el sentido de la lectura y el motivo de su elección) es: "El Señor todopoderoso da fuerza al cansado", y el título del evangelio, en relación con la lectura, es: "Venid a mí todos los que estáis cansados". Lo que el profeta señalaba se realiza en Jesucristo. ¡Ya sabemos dónde encontrar descanso verdadero, renovada vitalidad! ¿A qué da alegría oír estas palabras, saborear esta Palabra?

Y ya que estamos, tomemos otra lectura y así captaremos más claramente cómo se organiza el leccionario ferial.

El miércoles de la I semana de Adviento se proclamaba el evangelio de la multiplicación de los panes y peces según Mateo. 

 ¿Por qué? 

¿Para hablar de la solidaridad, de la distribución de la riqueza o de la Campaña de Navidad (donde todos nos sentimos tan solidarios por llevar unos kilos de alimentos no perecederos)? 

¿Tal vez de la Eucaristía?

lunes, 10 de diciembre de 2012

Perspectivas del Adviento

Tomando en nuestras manos el Calendario romano y las normas del año litúrgico, veremos una perspectiva global del tiempo de Adviento.

Cada año, una y otra vez, es conveniente recordar las pautas litúrgicas y espirituales de este tiempo para vivirlo intensamente. 
 
Una catequesis debe volver una y otra vez, recordando, actualizando, profundizando, para no dar cosas por sabidas, sino volver sobre ellas, avanzando en su vivencia y conocimiento.

El Adviento presenta una doble dimensión que hemos de tener en cuenta para vivirlo:

"El tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas dos razones el Adviento se nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre" (Calendario romano, n. 39):
 
  • Hasta el 16 de diciembre inclusive, la mirada es escatológica: el final de los tiempos y es la espera piadosa y alegre de la parusía, del retorno del Señor pero en gloria y majestad. Las lecturas, las oraciones y los cantos deben mirar más a esta dimensión final. El prefacio (el I y el III, que son los que se cantan estos días) recuerda la venida gloriosa del Señor y los tiempos últimos.

viernes, 7 de diciembre de 2012

En el Adviento, la presencia señera de la Virgen

Santa María acompaña nuestros pasos; Ella, presente en el Adviento de forma destacadísima alienta nuestra esperanza teologal y se presenta como señal segura por parte del Señor de que Dios cumple siempre sus promesas.  
También su espera maternal es modelo y figura de nuestra propia espera del Señor que vendrá.

Si vemos los textos litúrgicos descubriremos los matices con que es presentada la Virgen y enriquecerá la vivencia espiritual del Adviento.

Diariamente las antífonas de la Hora Intermedia se ve el plan de Dios realizado mediante María:



"Los profetas anunciaron que el Salvador nacería de la Virgen María" (ant. Tercia).

"El ángel Gabriel dijo a María: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres" (ant. Sexta).
"Dijo María: ¿Qué saludo es éste que me turba? ¿Voy a dar a luz al Rey sin romper los sellos de mi virginidad?" (ant. Nona).

miércoles, 5 de diciembre de 2012

La piedad popular en Adviento

El Adviento es un tiempo especialmente gozoso, con esa alegría incontenida de quien está esperando a Alguien sumamente amado, sumamante deseado.  





Muchas tradiciones populares han nacido al hilo de Adviento preparando la inmediata Navidad, tradiciones que habría que situar a partir de las ferias mayores (17-24 de diciembre) reservando las III primeras semanas de adviento a la Venida última y Gloria de Cristo.

Pensemos que:


"El Adviento es tiempo de espera, de conversión, de esperanza:

-espera-memoria de la primera y humilde venida del Salvador en nuestra carne mortal;
-espera-súplica de la última y gloriosa venida de Cristo, Señor de la historia y Juez universal;
-conversión, a la cual invita con frecuencia la Liturgia de este tiempo mediante la voz de los profetas y, sobre todo, de Juan Bautista: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos” (Mt 3,2);
-esperanza gozosa de que la salvación ya realizada por Cristo (cf. Rm 8,24-25) y las realidades de la gracia ya presentes en el mundo lleguen a su madurez y plenitud, por lo que la promesa se convertirá en posesión, la fe en visión y “nosotros seremos semejantes a Él porque lo veremos tal cual es” (1Jn 3,2)" (Directorio Liturgia y piedad popular, n. 96).

martes, 4 de diciembre de 2012

El leccionario de Adviento

Un tiempo litúrgico ofrece una espiritualidad, y marca sus constantes vitales y teológicas mediante dos formas:

1) fundamental, las lecturas bíblicas escogidas

2) el cuerpo de oraciones y prefacios.

En el tiempo de Adviento el leccionario es muy rico y variado, con una selección de lecturas que enriquece la comprensión del Misterio de Cristo y nos dispone a acoger al Señor.

La Ordenación del Leccionario de la Misa describe los criterios de selección de las lecturas:

a) Para los domingos:
"Las lecturas del Evangelio tienen una característica propia: se refieren a la venida del Señor al final de los tiempos (I domingo), a Juan Bautista (segundo y tercer domingos), a los acontecimientos que prepararon de cerca el nacimiento del Señor (IV domingo).

Las lecturas del Antiguo Testamento son profecías sobre el Mesías y el tiempo mesiánico, tomadas principalmente del libro de Isaías.

Las lecturas del Apóstol contienen exhortaciones y amonestaciones conformes a las diversas características de este tiempo" (OLM, 93).

sábado, 1 de diciembre de 2012

Vino, viene y vendrá con gloria

Esta tarde, con las I Vísperas, abrimos el precioso y sereno tiempo de Adviento, con una liturgia bellísima, que nos permitirá, si sabemos vivirla, salir al encuentro del Señor, cuando Él vuelva con las lámparas encendidas.

No es tiempo de propósitos ascéticos ni de compromisos; diría más bien que es tiempo de personas que saben amar, y porque aman a Cristo, desean que venga, aumentando su esperanza y su deseo.

Ya el rito hispano-mozárabe vive en Adviento, pues este tiempo dura VI semanas, como parece ser fue su origen primitivo. Roma lo redujo a IV domingos. Pero los textos hispanos para la liturgia, más poéticos o más desarrollados en su forma, nos pueden ayudar a vivir este tiempo que empezamos.

Leamos y recemos unaa oratio admonitionis, la exhortación sacerdotal antes de los dípticos, que el sacerdote dirige al pueblo en nuestro Rito hispano-mozárabe. Las ofrendas han sido llevadas procesionalmente al altar (entre cirios e incienso), se han colocado en el altar, se han cubierto con un velo y se han incensado. Vuelve el sacerdote al chorus (sede, fuera del presbiterio) y comienza un rito peculiar, que son los Dípticos, una intercesión de los fieles con oraciones del sacerdote que culmina con el beso de paz, antes de pasar a la Plegaria eucarística.

En este caso, y es la excepción, la Oratio, el discurso del sacerdote, en lugar de dirigirse a los fieles, se dirige al mismo Jesucristo y resume todos los contenidos teológicos y espirituales del Adviento:


sábado, 24 de diciembre de 2011

Ya, ya llega

La liturgia de las Laudes de hoy nos han situado en el clima de espera inminente, de deseo que va a ser colmado. Es tan grande la necesidad que tenemos de Jesucristo que le insistimos y urgimos:

Apresúrate, Señor Jesús, y no tardes,
para que tu venida consuele y fortalezca 
a los que esperan todo de tu amor (Oración colecta).


Tal cual: apresúrate, ven ya. Es el grito del pobre hombre al Dios rico en misericordia, del enfermo aquejado al Médico celestial para sanarlo, del que está ardiendo en amor y quiere ver y abrazar a la Persona amada. Apresúrate, no tardes.

La esperanza se va a ver colmada. Ya decía el mismo responsorio breve de Laudes:

"Mañana quedará borrada la iniquidad de la tierra 
y sobre nosotros reinará el Salvador del mundo".

Ya es el momento: "A María le llegó el tiempo de dar a luz a su Hijo primogénito" (antífona Benedictus).

Todo está preparado: Dios va a entrar en el mundo mediante la carne humana del Verbo. María va a dar a luz al Sol que todo lo ilumina disipando las tinieblas.

No es momento de sentimentalismos navideños cuando el Salvador va a venir para redimirnos; ni es momento de desfigurar la Navidad hablando, tan alegóricamente, de que "Jesús nace en nuestros corazones", ni ocultar el Misterio tras el velo y la excusa de reuniones familiares. Es el momento del paso de Dios al mundo, de su primera Pascua, haciéndose hombre.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Contemplando el Misterio que se nos dará

Cada día, junto a las Laudes y Vísperas, la Iglesia celebra en la Liturgia de las Horas el Oficio de lecturas, la gran lectio divina de toda la Iglesia. En este Oficio de lecturas, después del himno y tres salmos (o un salmo extenso en tres partes) se proclama una lectura bíblica y otra lectura tomada de los Padres de la Iglesia o de otros santos y autores espirituales.



"El Oficio de Lectura se orienta a ofrecer al pueblo de Dios y principalmente a quienes se han entregado al Señor con una consagración especial, una más abundante meditación de la palabra de Dios y las mejores páginas de los autores espirituales. Pues si bien es verdad que en la misa de cada día es más rica la serie de lecturas bíblicas, no puede negarse que el tesoro de la revelación y de la tradición contenido en el Oficio de lectura es de grande provecho espiritual. Traten de buscar estas riquezas, ante todo, los sacerdotes, para que puedan transmitir a otros la palabra de Dios que ellos han recibido y convertir su doctrina en "alimento para el pueblo de Dios"" (IGLH 55).

La segunda lectura es unas veces una glosa o comentario de la lectura bíblica, otras una lectura continuada de alguna obra o tratado patrístico, y otras muchas son textos al hilo del tiempo litúrgico, verdaderas y preciosas catequesis que permiten, mediante la oración litúrgica, interiorizar el rico patrimonio espiritual de la Iglesia, acogiendo la Palabra, ofreciendo un asentimiento razonable a la revelación, contemplando las maravillas de Dios, dando al alma expresiones eclesiales de la fe, alejando el subjetivismo y sentimentalismo que tanto daño están haciendo.

¿Cuáles son los criterios que la Iglesia considera para esta lectura llamada "hagiográfica"? La Introducción General de la Liturgia de las Horas explica:

"163. La finalidad de esta lectura en ante todo, la meditación de la Palabra de Dios tal como es entendida por la Iglesia en su tradición. Porque la Iglesia siempre estimó necesario declarar auténticamente a los fieles la Palabra de Dios de modo que la línea de la interpretación profética y apostólica se guíe conforme a la norma del sentido eclesiástico y católico.

martes, 20 de diciembre de 2011

Ferias mayores: preparación, esperanza, deseo

El santo tiempo de Adviento, que es nuestro presente aguardando nuestro destino futuro, ha llegado a las ferias mayores, la semana previa del 17 al 24 de diciembre, ambos inclusive. Se acelera la preparación más inmediata a esta Natividad del Señor, litúrgicamente actualizada y hecha presente, en este año de gracia de 2011.



Todo en la liturgia apunta a esta primera venida en carne del Verbo, a su venida que ya aconteció. La mirada, la celebración, la espiritualidad, acrecienta el deseo de Cristo que viene y aguardamos, si me permitís, con ternura infinita, a que el Verbo que ahora se está gestando en el seno bendito de la Virgen, salga como el esposo de su alcoba (cf. Sal 18A), nazca, brille, muestre el esplendor de su gloria.

La intensidad espiritual -y la belleza- de estas ferias mayores conforman nuestro espíritu a imagen de María, para aguardar al Señor con el mismo amor inefable de su Madre, con su silencio orante, pudoroso y recogido, con el deseo de recibir a Quien viene a salvarnos por puro amor. Este es otro tono espiritual, rebosante de esperanza, de alegría contenida, de deseos santos.

La liturgia, maestra de vida espiritual, escuela de cristianismo, forja nuestra alma en estos días en tonos distintos.

Ya la misma liturgia de la Palabra en las ferias mayores ha cobrado un giro distinto. Ahora el peso fuerte recae en el Evangelio, proclamando todas las perícopas de los evangelios de la infancia, previos al nacimiento del Salvador en cierto orden cronológico: 

sábado, 17 de diciembre de 2011

Convertir el corazón, preparar el camino

Aunque la penitencia no es el tono fundamental del Adviento, sí es cierto que en todo tiempo se ha de convertir el corazón al Señor. Así, en Adviento, la voz profética del Precursor, grita a quien quiera oírle: "preparad el camino al Señor", ya que él vino para convertir el corazón.


Ahora, en Adviento, el corazón ha de convertirse para preparar el camino al Señor; ahora es tiempo de que los corazones se preparen y Cristo encuentro un pueblo bien dispuesto. Nuestros pecados retardan la salvación de Cristo; apresuremos su venida, adelantémosla, ofreciendo el corazón sin valles ni montes, sino una calzada digna de ser transitada.

El ritual de la Penitencia viene en nuestra ayuda abriéndonos los tesoros de la liturgia para nuestro aprovechamiento y transformación interior. Siempre está la posibilidad de celebrar el Sacramento de la Reconciliación en la forma B, reconciliación de varios penitentes con confesión y absolución individual (la forma C, la absolución comunitaria, está restringida a tenor de la normativa de nuestra Conferencia episcopal). Pero además de la forma B del sacramento, el ritual de la Penitencia ofrece unas "celebraciones penitenciales", a modo de celebraciones de la Palabra, que pueden muy bien enriquecer la vida litúrgica de una parroquia, de un Monasterio o de una comunidad religiosa, como una ayuda y acicate para el reconocimiento del propio pecado, la escucha de la Palabra y la conversión personal, que desembocarán en la celebración del sacramento de la Penitencia cuando cada uno estime conveniente (se sobrentiende que antes de Navidad).

"Las celebraciones penitenciales son reuniones del pueblo de Dios para oír la palabra de Dios, por la cual se invita a la conversión y a la renovación de la vida, y se proclama, además, nuestra liberación del pecado por la muerte y resurrección de Cristo. Su estructura es la que se acostumbra a observar en las celebraciones de la palabra de Dios, y que se propone en el Rito para reconciliar a muchos penitentes" (RP 36).

Son, sencillamente, celebraciones de la Palabra, una catequesis interior que la misma liturgia ofrece para que cada uno llegue "al verdadero conocimiento del pecado y a la verdadera contrición del corazón, es decir, a lograr la conversión" (RP 36) sin que se confundan con celebraciones del sacramento de la Penitencia (cf. n. 37). ¿Para qué son útiles? Responde el ritual:

domingo, 11 de diciembre de 2011

Convirtámonos porque está cerca

Durante los domingos II y III de Adviento, Juan el Bautista abre caminos a Cristo, el Mesías prometido, esperado, aguardado, pero lejos de ser una predicación dulzona y sensible, o una predicación revolucionaria llamando al "compromiso" y al cambio de estructuras sociales, es una predicación dura y exigente llamando a la conversión personal que, además, se concreta en gestos pequeños y cotidianos y no en discursos.


La preparación de la Venida del Señor no nos deja cómodamente instalados, sino más bien desinstalados, saliendo al desierto de donde ha de venir el Salvador; rompe las ataduras que nos retienen para estar libres y dispuestos a seguir al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. La conversión es un ingrediente del Adviento.

En nuestras iglesias resuena la voz del Bautista llamando a la conversión. El camino del Señor debe estar bien preparado para que Él pueda transitar y no tropezar con nuestros pecados. Es momento oportuno para abajar los montes de nuestro orgullo y levantar los valles de nuestros desánimos y cobardías, como reza una petición de las Laudes en este tiempo.

La figura de Juan el Bautista enlaza el Antiguo con el Nuevo Testamento, lo anunciado con la inminencia de su cumplimiento. El grita a quien quiera escuchar, que ya está aquí el Deseado de las naciones, el Príncipe de la Paz cuyo reinado será eterno.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Constancia y paciencia, virtudes para el Adviento

Se repiten muchísimo en Adviento textos que nos recuerdan, invitan, empujan, a aguardar la Venida de Cristo, pero este aguardar es paciente. Recordemos la lectura del apóstol Santiago en Vísperas, los jueves, señalando: "Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda..." (St 5,17). O algunas preces de Laudes que rezan: 
  • Cólmanos de alegría y paz en nuestra fe, para que rebosemos de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo.
  • Haz que nos mantengamos firmes, Dios de clemencia, hasta el día de la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
  • Concédenos, por tu misericordia, llevar ya desde ahora una vida sobria y religiosa, mientras aguardamos la dichosa esperanza, la aparición gloriosa de Jesucristo.
  • Tú que desde el trono del Padre todo lo gobiernas, haz que aguardemos con alegría la dicha que esperamos, tu aparición gloriosa.
Aguardando a Cristo, es necesario que germine en el corazón la virtud de saber esperar; para ello la constancia y la paciencia son necesarias, dan serenidad y firmeza, no se dejan abatir, ni se "desilusionan", sino que avanzan paso a paso, firmes, tranquilas, para que jamás la esperanza decaiga sino que crezca y se sostenga. Son virtudes que hacen al hombre grande.

"La Liturgia propone un pasaje de la Carta de Santiago, que comienza con esta exhortación: "Tened, pues, paciencia, hermanos, hasta la Venida del Señor" (5, 7). Me parece particularmente importante, en nuestros días, subrayar el valor de la constancia y de la paciencia, virtudes que pertenecían al bagaje normal de nuestros padres, pero que hoy son menos populares, en un mundo que exalta, más bien, el cambio y la capacidad para adaptarse a situaciones siempre nuevas y diversas. Sin nada que quitar a estos aspectos, que también son cualidades del ser humano, el Adviento nos llama a potenciar esa tenacidad interior, esa resistencia de espíritu, que nos permiten no desesperar en la espera de un bien que tarda en llegar, sino más preparar su venida con confianza operante. 
 "Mirad: el labrador espera el fruto precioso de la tierra aguardándolo con paciencia hasta recibir las lluvias tempranas y tardías. Tened también vosotros paciencia; fortaleced vuestros corazones porque la Venida del Señor está cerca" (Santiago 5, 7-8). La comparación con el campesino es muy expresiva: quien ha sembrado en el campo tiene ante sí meses de espera paciente y constante, pero sabe que la semilla mientras tanto cumple con su ciclo, gracias a las lluvias de otoño y primavera. El agricultor no es fatalista, sino que es un modelo de esa mentalidad que une de manera equilibrada la fe y la razón, pues, por una parte, conoce las leyes de la naturaleza y cumple bien con su trabajo, y, por otra, confía en la Providencia, dado que algunas cosas fundamentales no dependen de él, sino que están en las manos de Dios. La paciencia y la constancia son precisamente síntesis entre el compromiso humano y la confianza en Dios.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Mirada general al Adviento

Un blog como éste pretende ofrecer constantemente, machaconamente, si queréis, una formación seria y sólida que debe retomar y volver sobre ciertos temas para que leídos con cierta distancia de tiempo, permitan recordar contenidos, tal vez entenderlos mejor, vivirlos más plenamente.


Hay catequesis que, sin dudarlo, deben ser anuales, es decir, repetidas cada año de manera que se puedan asimilar al compás de lo que se vive en el año litúrgico. Probablemente hay un déficit en la formación, pero de manera muy resaltada en la liturgia. ¡Todos creen saber de liturgia, todos pontifican sobre liturgia! Pero lo que nos toca es conocer la dinámica misma de la liturgia, acudir a los libros litúrgicos vigentes con sus prenotandos (Introducciones oficiales), sus textos y sus ritos. En esta tarea, sin duda alguna, hay que empeñarse.

Por ejemplo, vivir el Adviento es conocer la amplitud de su liturgia, sus directrices espirituales, las líneas de fuerza de su leccionario, la contemplación de sus oraciones y prefacios y no creer, ingenuamente, que todo el Adviento se reduce a colocar la corona de Adviento y encender un cirio semanalmente. El Adviento es mucho más.

Veamos la perspectiva general del Adviento, sus normas litúrgicas: entonces lo entenderemos y lo viviremos mejor.

viernes, 2 de diciembre de 2011

La distribución de las lecturas en Adviento

Cada año volvemos a profundizar y exponer las características litúrgicas y espirituales de cada tiempo litúrgico, incluso repitiendo catequesis. No se trata de un afán de novedades, como si cada año hubiera que estar inventando o la liturgia tuviera que ser nueva e innovadora cada año. Más bien repitiendo las mismas cosas, año atras año, celebrándolas del mismo modo año tras año con los libros litúrgicos vigentes, tendremos que vivirlas mejor, conocerlas mejor, interiorizarlas mejor.


La etapa que vivimos ahora no es la de la reforma de la liturgia, ya concluida, sino la de su profundización y asimilación. Cada año, pues, conviene recordar las realidades celebradas y desgranarlas hasta que formen parte ya de nosotros y de nuestro bagaje espiritual y litúrgico.

Un tiempo litúrgico ofrece una espiritualidad, y marca sus constantes vitales y teológicas mediante dos formas:

1) fundamental, las lecturas bíblicas escogidas
y su distribución para ser leídas en los oficios litúrgicos de la Iglesia

2) el cuerpo de oraciones y prefacios.


martes, 29 de noviembre de 2011

Vivir la liturgia del Adviento (sugerencias, apuntes)

El tiempo litúrgico de Adviento tiene una unidad interna que se centra en la preparación a la Venida del Señor. Al celebrar la liturgia, sería importante y pedagógico, que todo este ciclo litúrgico de preparación tuviera unas notas comunes al celebrar. Eso le da unidad, lo hace distinto, lo convierte en preparación. Aquí, evidentemente, sólo se ofrecen sugerencias, o apuntes, que nos pueden ser útiles a los sacerdotes al celebrar, y a los fieles en general para que sepan el porqué de determinados elementos.



Pero no basta con unas sugerencias más o menos acertadas para la liturgia del Adviento, así sin más. Con ellas hay que buscar lo realmente importante que es la dimensión espiritual del Adviento, es decir, buscar la participación plena, consciente, activa, fructuosa e interior de este tiempo.

¿Qué hacer o qué destacar, qué emplear y qué subrayar cada día de la liturgia del Adviento?