martes, 30 de noviembre de 2010

Para un nuevo Adviento

Al comenzar el Adviento, cada año, una y otra vez, es conveniente recordar las pautas litúrgicas y espirituales de este tiempo para vivirlo intensamente. Una catequesis debe volver una y otra vez, recordando, actualizando, profundizando.


El Adviento presenta una doble dimensión que hemos de tener en cuenta para vivirlo:


"El tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas dos razones el Adviento se nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre" (Calendario romano, n. 39):
  • Hasta el 16 de diciembre inclusive, la mirada es escatológica: el final de los tiempos y es la espera piadosa y alegre de la parusía, del retorno del Señor pero en gloria y majestad. Las lecturas, las oraciones y los cantos deben mirar más a esta dimensión final. El prefacio (el I y el III, que son los que se cantan estos días) recuerda la venida gloriosa del Señor y los tiempos últimos.
  • A partir del 17 de diciembre, toda la liturgia del Adviento, en sus ferias mayores, se centra en la preparación inmediata a la Navidad, a la primera venida del Hijo del hombre en el seno virginal de Santa María. Cambia la perspectiva, el tono de las oraciones es más "navideño" y mariano, la clave de todo son los evangelios de esas ferias mayores. Los prefacios, II y IV, los que se reservan para estos días, destacan la centralidad de la Virgen María y la inminente llegada del Señor.
Las características litúrgicas de este tiempo tienden a alimentar nuestra esperanza, con alegría, pero con moderación, y muchos elementos se reservan para que destaquen con energía renovada en el tiempo de la santa Manifestación del Señor:

-el Gloria no se canta para entonarlo junto con los ángeles en la Misa de medianoche;
(claro, el Gloria según la letra del Gloria, no cualquier cancioncilla con la palabra "gloria");

-las flores son moderadas en el exorno, para que todo sea esplendoroso en el ciclo de Navidad; por ejemplo, la misma corona de Adviento se prepara con ramas verdes;


-las vestiduras moradas/violetas aguardan el blanco o dorado de los vestidos litúrgicos de la Navidad...

"El tiempo de Adviento comienza con las primeras Vísperas del domingo que cae el 30 de noviembre o es el más próximo a este día, y acaba antes de las primeras Vísperas de Navidad. Los domingos de este tiempo se denominan domingo I, II, III, IV de Adviento. Las ferias del 17 al 24 de diciembre, inclusive, tienen la finalidad de preparar más directamente la Navidad" (Instrucción Calendario Romano, ns. 39-42).

lunes, 29 de noviembre de 2010

¿Interpretamos bien el leccionario?

Casi todos los años hago la misma homilía este día.

¿Acaso porque me repito mucho? ¡Tal vez! Pero creo que a veces el leccionario que tenemos por delante lo leemos, lo rezamos, lo interpretamos, lo predicamos como si fuera la suma de un texto tras otro, sin conexión, o sin un principio hermenéutico (de la liturgia).


Si lo hacemos así, el leccionario ferial de Adviento se nos va a caer de las manos, porque cada día el evangelio es distinto, no hay continuidad, y tomado en sí mismo, no veremos de ninguna manera su conexión con el tiempo de Adviento... porque a veces el evangelio se ha escogido expresamente por un versículo que no es el central ni el más relevante.

Para predicar hay que centrarse en la primera lectura, la de Isaías. Es lectura semicontinua de todo el profeta, que habla de los tiempos mesiánicos, del Reino, de la consolación. Y para ver cómo cada perícopa de Isaías se cumple se busca un evangelio ad hoc.

Dos ejemplos únicamente:

La lectura de hoy lunes I, Is 2,1-5: "Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos. Dirán: Venid, subamos al monte del Señor..."; esta lectura se cumple en el evangelio: Mt 8,5-11: "Os digo que vendrán muchos de Oriente y Occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos". Lo que Isaías anuncia, lo refuerza el vaticinio de Jesús señalando el dinamismo universal de la salvación y su escatología. No es momento (porque distorsiona su sentido) entonces de hablar de la fe del centurión, ni del poder de curar del Salvador, ni del trato justo en las relaciones laborales... Este evangelio se ha elegido únicamente en función del último versículo.

Otro ejemplo, mañana martes I.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Sugerencias para este tiempo de Adviento

Es más pedagógico, y tiene más sentido, remarcar lo importante o lo característico del Adviento, no para unos días, sino para todo el ciclo litúrgico. Eso le da unidad, lo hace distinto, lo convierte en preparación.


Así algunas de estas sugerencias vendrán bien a los sacerdotes, también a los equipos de liturgia; a todos para conocerlas y entender porqué se hacen: además habrá que sumar la dimensión espiritual para la plegaria personal.

Vamos a ello (repito, para todo el Adviento).

-La fórmula de saludo al iniciar la Misa, la propia de Adviento que señala el Misal:

El Señor, que viene a salvarnos,
esté con vosotros.
R/ Y con tu espíritu.

-Emplear como fórmula del Acto penitencial la segunda:

  • Señor ten misericordia de nosotros.
  • R/ Porque hemos pecado contra ti.
  • Muéstranos, Señor, tu misericordia.
  • R/ Y danos tu salvación.

Esta fórmula, bien hecha y con sentido recitada, está pidiendo en primer lugar la misericordia de Dios, y se le pide que se nos muestre; Dios lo hará en el Nacimiento de Cristo que es la venida de su Misericordia hecha carne. Y rogamos: "Danos tu salvación", ansiándola, esperándola, necesitándola.

-El Credo, el apostólico. Reservemos el Credo niceno-constantinopolitano para la Navidad, pues explicita mejor y más ampliamente el Misterio de la Encarnación ("Dios de Dios, Luz de Luz... de la misma naturaleza del Padre").

-La oración de los fieles que sea cada día "Ven, Señor Jesús", como respuesta a cada intención. Y si los domingos se canta la respuesta, mejor, porque expresará más adecuadamente que es la oración de los fieles (de los bautizados, de todo el pueblo cristiano) rogando que venga ya el Señor.

-Ya meditaremos aquí los prefacios; baste recordar (y aún así, cada cual luego se salta las normas) que hasta el 16 de diciembre inclusive se emplean sólo los prefacios I y III de Adviento:
  • Prefacio I: "Quien al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne realizó el plan de redención trazado desde antiguo... para que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria..."
  • Prefacio III: "Tú nos has ocultado el día y la hora en que Cristo, tu Hijo, Señor y Juez de la historia... En ese día terrible y glorioso..."

viernes, 26 de noviembre de 2010

El Baptisterio (lugares litúrgicos)

    La pila bautismal debe ser fija, sobre todo en el bautisterio, construida de materia apropiada y con arte, apta incluso para el caso del bautismo por inmersión. Con el fin de que resulte un signo más pleno, puede construirse de forma que el agua brote como un verdadero manantial (SECRETARIADO NACIONAL DE LITURGIA, Ambientación y arte en el lugar de la celebración, 1987, nº 20).


    Se prevee que la fuente bautismal esté en una capilla aparte, cerca de la entrada de la iglesia. Si no es posible, en el presbiterio, pero no como algo normal y habitual sino excepcional. Es preferible que tenga ocho lados, recuperando la antigua tradición, sea situando la fuente bautismal en una capilla octogonal, o enmarcando pila en un templete octogonal, o adoptando la forma octogonal la misma pila. ¿Por qué el número 8? Tiene evidentes raíces bíblicas. El Señor Resucitó en el Octavo Día, inaugurando un tiempo nuevo; si el tiempo cronológico tiene 7 días, el Señor abre el tiempo de la vida nueva con un día más, el Octavo, que supera el tiempo terreno.
 
La fuente bautismal debe tener cierta amplitud para poder realizar el Bautismo por inmersión (bañando al niño) y no solamente por infusión (derramando un poco de agua en la cabeza). Pensemos que hasta el siglo XIII la forma normal fue siempre la inmersión, y así lo reconoce incluso Santo Tomás de Aquino afirmando que esto es más conveniente para significar los efectos del bautismo y que se permite en cierto modo, aunque es insignificante, el bautizar derramando sólo un poco de agua en la cabeza: " la ablución con agua se puede hacer no sólo con la inmersión, sino también con la aspersión o la infusión. Por eso, aunque sea más seguro el bautismo de inmersión, que es el más común, puede, sin embargo, hacerse también el bautismo de aspersión o el de infusión" (III, 66,7): ¡esa es la tradición litúrgica, también romana!     
 

jueves, 25 de noviembre de 2010

La luz y la vida unidas en la zarza (Ex 3)


En el episodio magnífico de la zarza ardiente de Moisés, se entrecruzan el fuego (el cielo) y la vegetal (la tierra), lo divino (el fuego) y lo creado (lo vegetal), la verdad (fuego, luz) y la vida (la zarza): “la zarza que arde sin consumirse y cuya luz es la razón era la unidad sobrenatural de vida y verdad” (María Zambrano).

    El fuego en la zarza ardiente remite a la luz que es Dios, por lo que se acomoda fácilmente al sentido de revelación de este momento culminante. La luz que es Dios mismo nos hace ver la luz (cf. Sal 36). Así Él se revela como fuego-luz pues va a disipar las tinieblas del conocimiento conduciendo a la luz de la verdad. Es un conocimiento superior, no se adquiere por el intelecto natural sino por la revelación del Misterio mismo. Lo que Dios es en Sí mismo no lo podemos alcanzar por la inteligencia, sino porque Dios mismo desvele el Misterio. Se trata de un conocimiento que la Tradición incluso llega a calificar de místico.

    El fuego en la zarza lleva al conocimiento del Misterio ofrecido por Dios mismo revelándose:
 
“Como Moisés obtuvo este conocimiento en aquella ocasión, así la alcanza ahora toda persona desnuda de su envoltura terrenal y con los ojos abiertos a la luz que viene de la zarza, es decir, el esplendor nacido de las espinas de la carne, que es la “luz verdadera y la misma verdad”, como dice el evangelio. Una persona así es ayuda poderosa para la salvación de las almas, para destruir la tiranía de las potencias del mal y dar libertad a sus cautivos” (S. Gregorio de Nisa, Vida de Moisés, II, 26).   

    Además un segundo sentido, igualmente místico y espiritual: para poder revelarse y poder salvar a su pueblo, todo ha de ser purificado. Las zarzas son purificadas por el fuego y sólo así conocen a Dios; del mismo modo la humanidad ha de ser purificada para conocer a Dios y su salvación. Expresa la zarza ardiente la dureza y la esterilidad del pueblo judío que va a recibir a Moisés y que tantas veces no se dejará quemar por el fuego de Dios sino que resistirá a Dios. En esta ocasión, es san Agustín el que ofrece este significado: 

“La llama en la que se apareció el ángel o el Señor, significa algo bueno, y por eso, cuando vino el Espíritu Santo, se presentaron lenguas separadas, como de fuego; pero entonces debemos entender que la zarza no se quemaba, no por la ineficacia del fuego, sino por la dureza de la zarza. La zarza significa, pues, al pueblo espinoso de los judíos, al que era enviado Moisés. No se quemaba la zarza porque la dureza de los judíos, como dije, resistía a la ley de Dios. Pues si no viniese significado ese pueblo espinoso, no hubiese sido Cristo coronado de espinas por él” (Serm. 7,2).


miércoles, 24 de noviembre de 2010

Necesidad de belleza

Sabemos que no es la primera vez que el papa Benedicto XVI habla de la belleza. Es, para él, un tema recurrente por necesario. Y lo es, porque, entre otras cosas, ha bebido de los trabajos de Von Balthasar que ofrecía el acceso a Dios y la Verdad revelada en forma de Belleza que seduce y atrae revelándose así la Gloria de Dios; y que Balthasar, genial teólogo, ofrece su "estética teológica" como un método hondo y precioso, no esteticista, para toda la dogmática.


La belleza es un atributo de Dios mismo, una cualidad esencial de su Ser, mostrándose así, para atraer el corazón de los hombres. El camino de la belleza, la via pulchritudinis, es un acceso privilegiado a Dios mismo. Lo que sea bello en sí mismo va unido indisolublemente a la Verdad y al Bien.

El Papa, en Barcelona, señalaba y recordaba:

"E hizo [Gaudí] algo que es una de las tareas más importantes hoy: superar la escisión entre conciencia humana y conciencia cristiana, entre existencia en este mundo temporal y apertura a una vida eterna, entre belleza de las cosas y Dios como Belleza. Esto lo realizó Antoni Gaudí no con palabras sino con piedras, trazos, planos y cumbres. Y es que la belleza es la gran necesidad del hombre; es la raíz de la que brota el tronco de nuestra paz y los frutos de nuestra esperanza. La belleza es también reveladora de Dios porque, como Él, la obra bella es pura gratuidad, invita a la libertad y arranca del egoísmo" (Benedicto XVI, Homilía en la basílica de la Sagrada Familia, Barcelona, 7-noviembre-2010).

La verdadera belleza se origina en Dios. El mundo queda transfigurado por la belleza de Dios y esta belleza de Dios embellece y hermosea las cosas. Lo que es bello en sí, entonces, es bueno, y nos remite a Dios y nos eleva a Dios. Lo que no es bello, sino artificioso, retiene al hombre en sí mismo, en las cosas, sin elevarse ni trascenderse.
La gran necesidad del hombre es la belleza; sin ella, nada se puede vivir; sin ella, la esperanza se pierde. Es la belleza de un abrazo o de un gesto de ternura o misericordia, es la belleza de la música que envuelve o de la arquitectura que revela al hombre su pequeña estatura y tiende a situarlo en el misterio; es la belleza de la pintura o de la escultura que revela el "algo más" que el corazón desea y busca; es la belleza de la creación entera que descubre al hombre el orden del Creador y su grandeza...

La gran necesidad del hombre es la belleza.

martes, 23 de noviembre de 2010

El lenguaje de las intenciones (Oración de los fieles - IV)

Las intenciones se proponen a los fieles para que ellos oren, por tanto, es un lenguaje que tiene por interlocutor a la asamblea santa. Se trata de señalar la intención, marcar la dirección de la oración, sin grandes artificios y, por supuesto, sin convertir este momento en una catequesis o en un discurso para explicar lo que hay que pedir. Normalmente lo más adecuado serían fórmulas así:

a) Encabezadas “Por...”: “Por la Iglesia, por el papa, por el colegio episcopal, los presbíteros y diáconos. Roguemos al Señor”.


b) Encabezadas señalando el fin de la petición “Para que...”: “Para que los pobres sean socorridos, los enfermos aliviados. Roguemos al Señor”.


c) O como fórmula diaconal: “Oremos por...”, “Pidamos por...”: “Oremos por los enfermos y quienes los atienden, por los hospitalizados y por los agonizantes”; “Pidamos por los catequistas y por sus grupos; pidamos por los padres y madres de familia”.

 
Estos son los tres modos que hallamos en las intenciones de diferentes rituales y celebraciones litúrgicas, que, por tanto, sirven de pauta y modelo para todos.

a) Con el inicio “Por”, sirva de ejemplo las intenciones -¡y el contenido, el tono!- del ritual de la Confirmación:

  • “Por estos hijos suyos, a quienes el don del Espíritu Santo ha confirmado hoy como miembros más perfectos del pueblo de Dios” (RC 35).

  • “Por la santa Iglesia de Dios, para que congregada por el Espíritu Santo en la confesión de una misma fe, crezca en el amor y se dilate por el mundo entero hasta el día de la venida de Cristo” (RC 37).

O el ritual del Matrimonio, con intenciones bellísimas, en lugar del sentimentalismo de tantas peticiones “creativas”:

  • “Por la santa Iglesia: para que Dios le conceda ser siempre la esposa fiel de Jesucristo.

  • Por los nuevos esposos N. y N.: para que el Espíritu Santo los llene con su gracia y haga de su unión un signo vivo del amor de Jesucristo a su Iglesia.

  • Por nuestro hermano N.: para que sea siempre fiel al Señor como Abrahán y admirable por su piedad y honradez como Tobías” (RM 75).

lunes, 22 de noviembre de 2010

Belleza, música, liturgia

La Iglesia siempre amó la belleza, cuidó las artes, se esmeró en la composición literaria de sus textos litúrgicos y en la disposición solemne de sus ritos, favoreció la música sacra, engendrando una cultura cristiana, un amplio patrimonio cultural nacido al amparo de la liturgia. Aquí la reflexión debe abordar un punto importante: la música y el canto en la liturgia.
 
 
“La música puede conducirnos a la oración: nos invita a elevar la mente hacia Dios para encontrar en él las razones de nuestra esperanza y el apoyo en las dificultades de la vida” (Benedicto XVI, Discurso, 18-noviembre-2006). 
“Una música de alto nivel nos purifica y eleva y, en última instancia, nos hace sentir la grandeza y la belleza de Dios” (Benedicto XVI, Alocución al final de un concierto, 20-octubre-2005).
    Se han arrinconado los tesoros musicales de la Iglesia, el gregoriano y la polifonía, el órgano ya no suena en las iglesias. Se ha reemplazado por música mediocre, instrumentos ruidosos y profanos, ritmos musicales que no favorecen el recogimiento y la plegaria, letras sentimentales y secularizadas, en nada inspiradas en los textos bíblicos y litúrgicos, que los parafrasean, o los alteran, o simplemente se omiten por canciones que son emotivas. Al final, es cantar por cantar, cualquier cosa vale, todo da igual, desvirtuando el fin y la esencia de la música y canto litúrgicos, argumentando con excesivo simplismo que “lo importante es que la gente cante”. 
 
¿Habrá que señalar lo horrible y vulgar de ciertas letras, lo inadecuado de ciertas músicas y ritmos chillones y estridentes? "Tus manos son palomas de la paz", "Ven a la fiesta, Jesús esperando está", "Padre nuestro tú que estás en los que aman la verdad...", "Un nuevo sitio disponed para un amigo más..." Lo que serían cantos para una velada o un fuego de campamento, ¡se introduce en la acción litúrgica, pervirtiendo lo sagrado!
 
Si en general la cultura y la educación ya no elevan a nadie, sino que se vulgarizan, la liturgia por el contrario siempre ha elevado a los hombres y fue expresión en todas sus facetas de la sublimidad de la cultura cristiana. Hoy la liturgia participa del proceso de pobreza cultural reinante en la sociedad.

    

domingo, 21 de noviembre de 2010

El Señor reina, ¡venga a nosotros tu reino!

El año litúrgico -como la vida misma- termina mirando a Cristo, el Señor, el Rey vencedor, al final de los tiempos, porque todo fue creado por Él y para Él, todo culmina en Él. La historia halla su clave de sentido en Cristo, Señor y Rey del Universo y de todas las cosas.

La liturgia de hoy encamina nuestros pasos a Cristo, orienta nuestro caminar hacia la meta: hacia Él, que tiene las llaves de la muerte y del abismo, al que Es y era y viene.

¡Hermoso día de esperanza! La victoria final es de nuestro Dios; las fuerzas del mal y del pecado en la historia, el odio y la mentira, son derrotados porque vence el Señor.

La preciosa oración colecta de hoy, entretejida de textos bíblicos, contiene el sentido del misterio de hoy.

Dios todopoderoso y eterno,
que quisiste fundar todas las cosas en tu Hijo muy amado, 
Rey del universo,
haz que toda la creación, liberada de la esclavitud del pecado,
sirva a tu majestad y te glorifique sin fin.


Dios ha creado todo y lo ha cimentado en su Hijo. Todo fue creado por Él y para Él; Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo, porque ya desde el principio existía junto a Dios, todo fue hecho para Él y sin él nada se hizo.

Su Hijo muy amado, el predilecto, es el Rey del universo, porque el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante es recapitular en su Hijo todas las cosas del cieloy de la tierra, haciendo la paz del universo por su sangre en la cruz.

La creación ahora gime, aguarda la redención plena; pero mientras llega hay un desorden, hay esclavitudes, que la hacen gemir con dolores de parto. En Cristo Rey del universo, Alfa y Omega, Principio y fin, la creación se verá liberada del pecado y se entregará a los pies del Señor, sirviendo a su majestad y glorificándole sin fin: "Eres digno, Señor, Dios nuestro", "a Él gloria y alabanza por los siglos".

sábado, 20 de noviembre de 2010

Consecuencias eucarísticas (De Lubac)

Una sana teología evita luego el cometer acciones que atenten contra la santidad de las cosas; una buena teología evita la banalización o una mirada excesivamente humana a las cosas que termina por secularizar (incluso con muy buena intención).

De Lubac, extrayendo las consecuencias de la relación Eucaristía-Iglesia, advertía:

“En las tentativas que se han hecho en nuestros días, de lo que debemos alegrarnos, para conseguir una celebración litúrgica más “comunitaria” y más viviente, nada sería más perjudicial que el dejarse obsesionar por los éxitos de ciertas fiestas profanas, éxitos que han sido obtenidos gracias a los recursos combinados de la técnica y de la exaltación de los intereses de la carne y de la sangre. ¿Cómo realiza Jesucristo la unidad entre nosotros? No por nada que se parezca a un frenesí colectivo, ni mucho menos por una especie de magia oculta. Los fieles que se reúnen para celebrar el memorial del Señor no son una reunión de iniciados, que han venido a compartir un secreto que les colocaría fuera del vulgo. No es tampoco una masa de la que se querría extraer un alma común, exaltando las propiedades, los recursos, los valores e incluso los partidismos; el poder de la ilusión e incluso las fuerzas demoníacas que en esa masa se encuentran latentes” (Meditación sobre la Iglesia, p. 128).

Pensamos según la carne y la sangre cuando se concibe la acción eucarística no como una intervención de Dios sino como una acción humana que a toda costa buscamos hacer falsamente "participativa", forzando la dinámica litúrgica para convertirla en "fiesta", "espectáculo", en el que todos intervengan haciendo algo, o con cantos realmente sentimentales y subjetivistas que busquen sólo la mera "emoción" religiosa, cantando cualquier cosa, o multiplicando las moniciones larguísimas como si la Eucaristía fuese la ocasión y pretexto de una "toma de conciencia" y un "compromiso": ¡¡todo confiado a la carne y la sangre, al poder humano!!

La Eucaristía por sí misma contiene una fuerza que proviene del Espíritu Santo con la cual se construye la Iglesia. Lo otro es simplemente "secularizar" el dinamismo eucarístico, convirtiendo el Sacramento en un acto humano y pedagógico-educativo. O "usando" la Eucaristía para cualquier cosa y con cualquier pretexto... como un adorno más en un programa de actos para lanzar un discurso a los que asisten...

Por tanto, es una doble dirección: de la Iglesia a la Eucaristía, de la Eucaristía a la Iglesia. El misterio eucarístico se prolonga necesariamente en el de la Iglesia y el misterio de la Iglesia es indispensable para la realización del misterio eucarístico. “Porque es en la Eucaristía donde la esencia misteriosa de la Iglesia encuentra una expresión perfecta, y correlativamente, es en la Iglesia, en su unidad católica, donde florecen frutos efectivos la significación oculta de la Eucaristía... Si la Iglesia es de esta suerte la “plenitud” de Cristo, Cristo en su Eucaristía es con toda verdad el corazón de la Iglesia” (p. 132).

La Iglesia la construye el Señor con su Eucaristía. Demasiado santa es para que nosotros la reduzcamos o la mezclemos con ambigüedades y falsas pastorales.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Cristianos perseguidos y "desinformación" (2ª catequesis de hoy)

Ayer leyendo el semanario "Alfa y Omega" me quedó el sabor amargo de volver a encontrarme con las persecuciones a los cristianos silenciadas por la prensa. No sólo el caso horrible de la mujer de Pakistán, hermana nuestra, condenada a muerte por ser cristiana, sino la persecución en general a todos los cristianos en Oriente Medio.

Claro está que perseguir a los cristianos y silenciarlos no altera la Alianza de Civilizaciones, nombre grandilocuente de una gran falsedad; erradicar el cristianismo y arrancarlo de raíz (que eso es erradicar) no le duele a ninguno de los miembros de la Alianza de Civilizaciones, entregados a fantasear y esperando eliminar la única voz crítica del relativismo que atenta contra su ideología. Se asesinan a cristianos, y no pasa nada. No sale en las noticias; los diarios de tirada nacional (salvo siempre alguna honrosa excepción) callan. Hay una fascinación hacia el Islam y un odio desatado hacia el cristianismo.

¿Saben cuántos cristianos son asesinados cada año en el mundo? ¡170.000! Copio una reseña de Alfa y Omega, ayer, en el apartado "Contrapunto" de Ricardo Benjumea:

"Doscientos millones de personas sufren persecución religiosa; más de tres cuartas partes son cristianos. El Consejo de Conferencias Episcopales de Europa denuncia el asesinato de 170 mil cristianos al año.
¿La ONU? No se ha escuchado una condena de su Secretario General contra esta tragedia incesante. Ocasiones, ha tenido. E infinidad de peticiones. Las Naciones Unidas, en cambio, no pierden ocasión de diseñar planes de ingeniería social anticristiana: de exigir que se elimine la protección legal al niño no nacido, de propagar la ideología de género..., procurando, eso sí, no molestar a los sultanes del Golfo.
¿Estados Unidos? Su Administración patrocina con entusiasmo esta agenda. Los últimos atentados en Iraq se produjeron durante la visita del Presidente al país con mayor población musulmana, Indonesia. Mientras omitía cualquier condena sobre esos hechos, Obama denunciaba la islamofobia occidental.
¿Y Europa? Las cosas van mejorando. En contraste con España, una nueva generación de dirigentes empieza a hablar de libertad religiosa. Varios eurodiputados democristianos, entre ellos Jaime Mayor Oreja y el italiano Mario Mauro, hacen un importante trabajo de sensibilización en las instituciones comunitarias. Atrás quedan los tiempos en los que el Parlamento europeo reprobaba al Vaticano por violar los derechos humanos, que es como entendía la defensa católica de la objeción de conciencia sanitaria. Pero queda mucho por hacer. Sólo ahora empieza a despertar Francia del laicismo agresivo que fue santo y seña de su identidad. La cuestión decisiva es si es posible un republicanismo que renuncie a imponer su moral a todos, con el respeto a los derechos fundamentales como lugar de encuentro.
Definitivamente, no lo tienen fácil los cristianos iraquíes para encontrar la solidaridad del mundo".

Europa, relativismo, nihilismo

La homilía en Santiago de Compostela elevó la mirada a Europa, a su raíz cristiana (sí: Europa nació cristiana) y sin embargo algunos ideólogos y políticos están convirtiendo Europa en, simplemente, un conjunto de naciones movidas por un compartir económico y unas bases secularizadas, renegando de la peculiar vocación de Europa.

"Desde aquí, como mensajero del Evangelio que Pedro y Santiago rubricaron con su sangre, deseo volver la mirada a la Europa que peregrinó a Compostela. ¿Cuáles son sus grandes necesidades, temores y esperanzas? ¿Cuál es la aportación específica y fundamental de la Iglesia a esa Europa, que ha recorrido en el último medio siglo un camino hacia nuevas configuraciones y proyectos? Su aportación se centra en una realidad tan sencilla y decisiva como ésta: que Dios existe y que es Él quien nos ha dado la vida. Solo Él es absoluto, amor fiel e indeclinable, meta infinita que se trasluce detrás de todos los bienes, verdades y bellezas admirables de este mundo; admirables pero insuficientes para el corazón del hombre. Bien comprendió esto Santa Teresa de Jesús cuando escribió: “Sólo Dios basta”" (Benedicto XVI, Homilía Santiago de Compostela, 6-noviembre-2010).

Europa no se concibe sin el cristianismo y ahora, nosotros, católicos en el siglo XXI, tenemos algo que hacer para este continente: devolverle su alma, señalarle a Dios, mostrar a Dios y su amor en quien radica la Verdad, la Belleza y el bien. La gran aportación de la Iglesia es mostrarle a Dios.

Pensemos que por haberle mostrado a Dios, Europa fue lo que fue; el arte europeo nace cristiano y alcanza sus magníficas expresiones por la fe; la escuela y los colegios son inventos cristianos así como la Universidad es un invento católico; la Iglesia contribuyó y apoyó el desarrollo de la ciencia. Baste leer el libro de Woods
"Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental", en la editorial Ciudadela (maravilloso libro e imprescidible).

Europa perdió su alma cuando la modernidad (Ilustración, los filósofos del XIX, el nihilismo de Nietzsche) pensaron que Dios es el obstáculo para el desarrollo del hombre, la fe un lastre, y la Iglesia la principal enemiga del desarrollo cultural y social. 

A este planteamiento que permanece hoy en la mentalidad dominante, el Papa responde:

Es una tragedia que en Europa, sobre todo en el siglo XIX, se afirmase y divulgase la convicción de que Dios es el antagonista del hombre y el enemigo de su libertad. Con esto se quería ensombrecer la verdadera fe bíblica en Dios, que envió al mundo a su Hijo Jesucristo, a fin de que nadie perezca, sino que todos tengan vida eterna (cf. Jn 3,16).

jueves, 18 de noviembre de 2010

La formación litúrgica en la catequesis de adultos

La catequesis de adultos pretende ser una iniciación no solamente doctrinal sino también litúrgica y vivencial, a tenor de las directrices de la Iglesia, que señala como una de las tareas fundamentales la educación litúrgica:

    “La comunión con Jesucristo conduce a celebrar su presencia salvífica en los sacramentos y, particularmente, en la Eucaristía. La iglesia desea ardientemente que se lleve a todos los fieles cristianos a aquella participación plena, consciente y activa que exige la naturaleza de la liturgia misma y la dignidad de su sacerdocio bautismal. Para ello, la catequesis, además de propiciar el conocimiento del significado de la liturgia y de los sacramentos, ha de educar a los discípulos de Jesucristo para la oración, la acción de gracias, la penitencia, la plegaria confiada, el sentido comunitario, la captación recta del significado de los símbolos...; ya que todo ello es necesario para que existe una verdadera vida litúrgica” (DGC 85).

Por eso, además de un año que se dedique a la mistagogia de la Eucaristía, al iniciarse un nuevo tiempo litúrgico (Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua) se podría hacer lo siguiente:

  • en cada curso de forma cíclica es bueno dedicar una o dos sesiones cada año a desgranar el contenido espiritual de cada ciclo litúrgico, su historia, su dinamismo interno, la distribución de las lecturas bíblicas, las líneas fuertes de espiritualidad,  viendo los textos litúrgicos (oraciones y prefacios), señalando qué es lo propio de cada momento del año litúrgico...
  •  y de modo particular, las catequesis de iniciación al Triduo pascual, donde paso a paso se explique de forma mistagógica cada celebración litúrgica: partes de cada celebración, estructura, respuestas y cantos. Para muchos será un descubrimiento lo que estas celebraciones encierran de riqueza y belleza así como la primera vez para algunos en descubrir y vivir (y participar) en la Santa Vigilia pascual. Tras la Pascua, puede haber algunos momentos de intercambio de la experiencia litúrgica-espiritual del Triduo.
  • Con algunos folletos u hojas, entregar los textos litúrgicos y enseñar cómo se estructuran (invocación, memorial, petición y conclusión), su inspiración bíblica, y educar en la oración con los textos litúrgicos.
  • La catequesis de adultos, dedicando una sesión por ejemplo al trimestre alternando con el contenido doctrinal, enseñará las distintas posturas y gestos corporales en la liturgia, cómo se proclama una lectura, el significado de algún rito o signo... También, y cada día parece más importante, explicar el sentido del canto litúrgico, qué es y qué no es, su momento propio para cantarlo, la importancia de la letra y de la música, acostumbrados hoy a cantar cualquier cosa pensando que eso ya es "participar", hacer "la Misa distraída, divertida", olvidando a veces la letra y solemnidad de los grandes cantos: el Gloria, el salmo responsorial, el Santo...
    La liturgia es escuela de vida espiritual, donde se bebe el genuino espíritu cristiano. La participación en la liturgia no se improvisa, porque no se trata de que todos intervengan y "hagan algo", sino que sepan orar, cantar, responder, adorar, escuchar y amar, con finura de espíritu y sensibilidad para la dignidad de la liturgia.

    miércoles, 17 de noviembre de 2010

    Testigos que testimonian

    En línea con la Deus caritas est, el papa Benedicto XVI en Santiago de Compostela volvía a lo esencial del cristianismo, aquello mismo que tal vez hemos recubierto de tantas cosas que lo hemos perdido de vista.

    Vamos entonces al centro de las cosas.
    ¿En torno a qué gira todo?


    El cristianismo es la Persona misma de Cristo: ha venido al encuentro del hombre y lo ha salvado y redimido, lo ha agraciado y derramado su Espíritu, entablando amistad con el hombre. Esto fue lo que impactó a los primeros testigos, apóstoles y discípulos, y viéndolo Resucitado, comprendieron el alcance de su Persona y sus Palabras, testimoniándolo ante los hombres.

    En la Deus caritas est -que en la columna de la derecha del blog aparece como un principio que sustenta este blog-catequesis- el Papa decía de manera sublime:

    "Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva" (Benedicto XVI, Deus charitas est, n. 1)

    Este principio y fundamento lo expresa con la palabra "testimonio" en la homilía de Santiago:
    "Una  frase de la primera lectura afirma con admirable sencillez: «Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor» (Hch 4,33). En efecto, en el punto de partida de todo lo que el cristianismo ha sido y sigue siendo no se halla una gesta o un proyecto humano, sino Dios, que declara a Jesús justo y santo frente a la sentencia del tribunal humano que lo condenó por blasfemo y subversivo; Dios, que ha arrancado a Jesucristo de la muerte; Dios, que hará justicia a todos los injustamente humillados de la historia.
    «Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen» (Hch 5,32), dicen los apóstoles. Así pues, ellos dieron testimonio de la vida, muerte y resurrección de Cristo Jesús, a quien conocieron mientras predicaba y hacía milagros. A nosotros, queridos hermanos, nos toca hoy seguir el ejemplo de los apóstoles, conociendo al Señor cada día más y dando un testimonio claro y valiente de su Evangelio. No hay mayor tesoro que podamos ofrecer a nuestros contemporáneos. Así imitaremos también a San Pablo que, en medio de tantas tribulaciones, naufragios y soledades, proclamaba exultante: «Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que esa fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros» (2 Co 4,7)" (Benedicto XVI, Homilía en Santiago de Compostela, 6-noviembre-2010).
    El Papa nos recuerda que el cristianismo es una acción de Dios, una gesta divina; esto amplía el horizonte mental que tal vez se haya forjado: el cristianismo no es mera acción humana que se pueda convertir en un fruto o resultado de esfuerzos y compromisos, planes pastorales, normas de vida u objetivos pastorales; el cristianismo no es la empresa de la voluntad humana que busque algo bueno, o que luche por las transformaciones sociales-revolucionarias o, en su vertiente humanitaria, que busque la promoción de los hombres y ofrecer determinadas prestaciones al desarrollo... Es decir, el cristianismo ni es filantropía, ni es ideología, ni es fuerza revolucionaria, ni es un moralismo, ni es la oferta de servicios sociales. No nos hemos dado a nosotros mismos el cristianismo.

    martes, 16 de noviembre de 2010

    Cosas varias (de importancia, tal vez)

    Cuando impartía la catequesis de adultos, alguna que otra vez, me atrevía a comentar algo más personal, o algo más informal, que daba pie a comentarios, o bromas, creando un clima distentido y fraterno. Otras veces no era yo, era alguno que decía algo de su vida, o nos comunicaba algo. Pues eso quiero hacer ahora.

    Hay una pequeña alegría que creo que también es vuestra: acabamos de superar las 75.000 visitas. Claro que en ese recuento no entra el otro blog, o la otra sede de este blog, en Religión en Libertad que va por 87.000.

    Aquí, en este blog, desde julio de 2009, vamos impartiendo catequesis y formación. No quiero otra cosa, no busco otra cosa. No es un foro de discusión, ni un blog de actualidad con noticias: sería incapaz de llevarlo adelante. Hago lo que sé hacer: dar clases, impartir doctrina, llevar una catequesis de adultos y predicar retiros mediante un blog. La respuesta indudablemente es satisfactoria, porque diariamente hay más de 100 personas (y más de 200 visitas). Pues gracias y felicidades a todos.

    Tal vez sería bueno vencer la timidez y que hubiesen más comentarios porque nos enriquecen a todos, y a mí el primero, al compartir la vida cristiana ysu experiencia con mis hermanos.

    La segunda cosa... es que los católicos están siendo perseguidos en distintos países y nada se dice. Tal como suena. Nada se dice. Han masacrado a 58 católicos y más de 60 heridos en una iglesia en Bagdad, y siguen las persecuciones en otros sitios. Pero todos callan porque son católicos, y ya se sabe, tenemos derecho a ser perseguidos porque nos lo hemos ganado... ¡ay, si fuesen otros! Saldría en primera plana hablando de la intolerancia religiosa y la libertad de no-sé-qué. Os pido, por favor, que leáis la entrada de este blog de mi amigo Séneka (y si lo podéis leer con frecuencia os agradará, aunque tenga otra "línea" y otros "objetivos").

    Por último, el asunto de El Valle de los Caídos, que me pedía un culto y sabio amigo que tengo (y cuánto aprendo de él a la vez que "moderadamente" difiero de algunas de sus opciones).  Allí se ora por la paz, la reconciliación y las almas de tantos que murieron en la Guerra Civil. Pero "Patrimonio nacional" pone de pronto a la Guardia Civil impidiendo el acceso a la Basílica para la Misa dominical. Es un claro atropello a la libertad de culto, pero claro, ¡es que somos católicos!, y lo políticamente correcto nos puede atropellar. Hay muchas noticias sobre el tema, por ejemplo, en la página Religión en Libertad. Os aconsejo que las leáis y abramos todos los ojos ante lo que está pasando.

    De nuevo, y por último, ¡¡GRACIAS!! 75.000 visitas. Muchas catequesis y muchas personas diariamente acudiendo a este salón virtual de catequesis de adultos. Sigamos en ello. Y, por favor, invitad a alguno más a estas catequesis: enlaza este blog en tu blog, o mándalo en tu email a tus contactos, o coméntalo en tu parroquia, catequistas, Cáritas, comunidad, Monasterio....

    ¡Gracia y paz!

    Verdad y libertad

    Tema fascinante pero difícil de explicar: la Verdad y la libertad van unidas.

    Entre verdad y libertad hay una relación estrecha y necesaria. La búsqueda honesta de la verdad, la aspiración a ella, es la condición para una auténtica libertad. No se puede vivir una sin otra.

    La Iglesia, que desea servir con todas sus fuerzas a la persona humana y su dignidad, está al servicio de ambas, de la verdad y de la libertad. No puede renunciar a ellas, porque está en juego el ser humano, porque le mueve el amor al hombre, «que es la única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma» (Gaudium et spes, 24), y porque sin esa aspiración a la verdad, a la justicia y a la libertad, el hombre se perdería a sí mismo (Benedicto XVI, Discurso en la Catedral, Santiago de Compostela, 6-noviembre-2010).

     Para ser libres, la verdad se presenta como fundamento.

    Y es que la libertad no es la ausencia de normas para dejar paso salvaje a los instintos y a los caprichos; libertad no es la ausencia de condicionantes exteriores o interiores. El reclamo por la libertad de hoy es la exigencia de que desaparezca toda norma moral, todo aquello que oriente, para ser uno quien trace sus opciones sin referentes alguno. Esa sería una libertad vaciada de sí misma, vacía de contenido. Se traduciría en el "allá cada cual con su conciencia" en el sentido que se le da: que cada uno haga lo que quiera... Pero, ¿se sacan las conclusiones reales de este planteamiento? ¿Allá cada cual con su conciencia si decide abortar, si decide ser un terrorista, si decide autodestruirse? ¿Allá cada cual con su conciencia sin límites? ¿No hay nada objetivo, cierto? Porque si no existe la verdad sino solamente la libertad, todo es lícito, todo se puede hacer, todo vale. ¿Todo vale? ¿Nos damos cuenta de lo que esto significa, de adónde conduce? La libertad sin verdad es una fuerza desatada que ciega y se conduce por los instintos, los caprichos, la conveniencia... o el pensamiento políticamente correcto de cada momento.

    ¿No hay nada objetivo, ni cierto, ni auténtico?

    ¡Sí que lo hay! La verdad sustenta la libertad, mientras que la mentira engrandece la libertad privándole de su ser. La verdad del ser humano orienta la libertad: uno es más libre cuanto más verdadero sea, cuanto más se acerque a la verdad, la descubra, la asimile y su conciencia, ahora sí, bien formada, se ajuste al contenido de la verdad.

    lunes, 15 de noviembre de 2010

    Liberalismo religioso o secularización (¡ya lo decía Newman!)

    Si no dijéramos el autor, y por tanto la fecha en que fue escrito, este texto podría pasar por una descripción actual en cualquier revista de teología de lo que está pasando. Pero no: el autor es el beato Cardenal Newman, y la fecha, 12 de mayo de 1879, en un discurso al anunciársele su cardenalato. El texto es conocido como "Biglietto Speech".


    Lo publicaba la revista "Alfa y Omega" (que hay que comprar y leer los jueves) el 16 de septiembre de este año.

    Siempre me parece bueno traer textos a este blog de autores que valgan la pena y abran horizontes o perspectivas que nos hagan pensar. Newman es interesante. Viene aquí como cuando en catequesis de adultos se nos reparten fotocopias de artículos sólidos para estudiar luego. Vamos pues al trabajo.

    "El liberalismo religioso afirma que no hay ninguna verdad positiva en religión, que un credo es tan bueno como otro. Es incongruente con cualquier reconocimiento de cualquier religión como verdadera. Todas deben ser toleradas, pues todas son materia de opinión. La religión revelada no es una verdad, sino un sentimiento o gusto; y está en el derecho de cada individuo hacerle decir tan sólo lo que impresiona a su fantasía. Los hombres pueden fraternizar juntos con pensamientos y sentimientos espirituales sin tener ninguna doctrina en común, o sin ver la necesidad de tenerla. Si, pues, la religión es una posesión tan privada, debemos ignorarla en las interrelaciones de los hombres entre sí. Es tan impertinente pensar acerca de la religión de un hombre como acerca de sus ingresos o el gobierno de su familia. La religión en ningún sentido es el vínculo de la sociedad.

    domingo, 14 de noviembre de 2010

    Iglesia y abrazos

    No, no me refiero al rito de la paz en la Misa -tan exagerado muchas veces-; me refiero a algo más hermoso, al ser mismo de la Iglesia, a una definición de Iglesia que particularmente me ha llamado la atención.

    ¿Qué es la Iglesia?

    Muchos empezarán a proferir por su boca frases tocadas de ideología: institución, poder, represión moral... Ven la Iglesia desde fuera y con anteojos que deforman la visión, y no logran ni vivirla ni captarla tal cual Ella es. La ven tan deformada que la juzgan según sus parámetros ideológicos, equiparándola a sus partidos políticos "democráticos" (¿seguro?), o proyectando en Ella las ansias de poder de otros grupos, o mirándola a la luz tenebrosa de las caricaturas del pensamiento dominante, de la leyenda negra y de la tergiversación, ya que hay muchas campañas para desacreditar a la Iglesia o fabricar falsas noticias a partir de hechos no comprobados, no demostrados o exagerados en su pequeñez.

    Repito, ¿qué es la Iglesia?

    El papa Benedicto en su brevísimo discurso en la catedral de Santiago dio una definición hermosísima:

    "Mediante la fe, somos introducidos en el misterio de amor que es la Santísima Trinidad. Somos, de alguna manera, abrazados por Dios, transformados por su amor. La Iglesia es ese abrazo de Dios en el que los hombres aprenden también a abrazar a sus hermanos, descubriendo en ellos la imagen y semejanza divina, que constituye la verdad más profunda de su ser, y que es origen de la genuina libertad" (Benedicto XVI, Discurso en la Catedral, Santiago de Compostela, 6-noviembre-2010).


    Aquí hay de fondo una melodía continua, la de la encíclica "Deus caritas est". El amor de Dios se comunica al hombre y la revela la verdad de su ser. Sólo el Amor de Dios salva al hombre y lo acoge en su verdad, en su limitación... a lo que debe corresponder el amor del hombre que se entrega a Dios.

    "Tanto amó Dios al mundo..." (Jn 3, 16).

    La fe -que es un don, una gracia, y que muchos experimentan como una necesidad y buscan tener fe- es entrar en este Amor de Dios que da sabor y color a esta vida. En ese sentido, se puede afirmar que Dios nos abraza, nos rodea con sus brazos y nos estrecha en su corazón, transmitiéndonos afecto incondicional, cercanía y acogida.

    sábado, 13 de noviembre de 2010

    Y en España arraigó la fe

    La fe cristiana, cuyas raíces son apostólicas, arraigó en España, creciendo luego un árbol muy frondoso y de copiosos frutos. 

    España modeló su alma hispana con la fe, y su cultura y su historia, y su grandeza y sus logros, sólo se pueden explicar por la fe que sustentó a este pueblo; más aún, sin el dato de la fe cristiana, jamás se entendería la historia y la vida de España, por más que la leyenda negra tan difundida (y tan falaz, pero rentable políticamente) quiera culpabilizar a toda una sociedad y generar algo ex novo, una España laicista y totalmente secularizada, donde lo cristiano sea marginal y esté arrinconado como el causante de todos los males o de todos los supuestos males.

    La fe sembrada en España, que fue regada con la sangre de tantos gloriosos mártires desde el principio hasta el siglo XX, ha sido valiente, creativa, audaz, evangelizadora y profundamente mística.

    "Como Sucesor de Pedro, he venido además para confirmar a mis hermanos en la fe. Esa fe que en los albores del cristianismo llegó a estas tierras y se enraizó tan profundamente que ha ido forjando el espíritu, las costumbres, el arte y la idiosincrasia de sus gentes. Preservar y fomentar ese rico patrimonio espiritual, no sólo manifiesta el amor de un País hacia su historia y su cultura, sino que es también una vía privilegiada para transmitir a las jóvenes generaciones aquellos valores fundamentales tan necesarios para edificar un futuro de convivencia armónica y solidaria. Los caminos que atravesaban Europa para llegar a Santiago eran muy diversos entre sí, cada uno con su lengua y sus particularidades, pero la fe era la misma. Había un lenguaje común, el Evangelio de Cristo. En cualquier lugar, el peregrino podía sentirse como en casa. Más allá de las diferencias nacionales, se sabía miembro de una gran familia, a la que pertenecían los demás peregrinos y habitantes que encontraba a su paso. Que esa fe alcance nuevo vigor en este Continente, y se convierta en fuente de inspiración, que haga crecer la solidaridad y el servicio a todos, especialmente a los grupos humanos y a las naciones más necesitadas" (Benedicto XVI, Discurso de despedida, Barcelona, 7-noviembre-2010).

    Es conveniente recordar lo que fuimos, para saber siempre lo que somos hoy y lo que estamos llamados a ser. Al igual que la síntesis que ha ofrecido Benedicto XVI en este viaje, el papa Juan Pablo II trazó varias en sus diferentes viajes a nuestra patria, magníficos retratos del alma hispana.

    "Vengo a encontrarme con una comunidad cristiana que se remonta a la época apostólica. En una tierra objeto de los desvelos evangelizadores de San Pablo; que está bajo el patrocinio de Santiago el Mayor, cuyo recuerdo perdura en el Pilar de Zaragoza y en Santiago de Compostela; que fue conquistada para la fe por el afán misionero de los siete varones apostólicos; que propició la conversión a la fe de los pueblos visigodos en Toledo; que fue la gran meta de peregrinaciones europeas a Santiago; que vivió la empresa de la reconquista; que descubrió y evangelizó América; que iluminó la ciencia desde Alcalá y Salamanca, y la teología en Trento.
    Vengo atraído por una historia admirable de fidelidad a la Iglesia y de servicio a la misma, escrita en empresas apostólicas y en tantas grandes figuras que renovaron esa Iglesia, fortalecieron su fe, la defendieron en momentos difíciles y le dieron nuevos hijos en enteros continentes. En efecto, gracias sobre todo a esa simpar actividad evangelizadora, la porción más numerosa de la Iglesia de Cristo habla hoy y reza a Dios en español. Tras mis viajes apostólicos, sobre todo por tierras de Hispanoamérica y Filipinas, quiero decir en este momento singular: ¡Gracias, España; gracias, Iglesia en España, por tu fidelidad al Evangelio y a la Esposa de Cristo!
    5. Esa historia, a pesar de la lagunas y errores humanos, es digna de toda admiración y aprecio. Ella debe servir de inspiración y estímulo, para hallar en el momento presente las raíces profundas del ser de un pueblo. No para hacerle vivir en el pasado, sino para ofrecerle el ejemplo a proseguir y mejorar en el futuro.

    viernes, 12 de noviembre de 2010

    La Palabra es eficaz en la liturgia

        La Palabra adquiere en la liturgia un rango casi sacramental, porque la Palabra actúa de modo eficaz en el sacramento. Esta Palabra proclamada produce un efecto de gracia, sólo atribuible a Dios. La escucha y acogida de la Palabra es también gracia salvadora y acrecienta la fe (que entra por el oído, que dice S. Pablo).

    La misma Ordenación del Leccionario de la Misa explica:

    "En la celebración litúrgica, la palabra de Dios no se pronuncia de una sola manera, ni repercute siempre con la msma eficacia en los corazones de los que la escuchan, pero siempre Cristo está presente en su palabra y, realizando el misterio de salvación, santifica a los hombres y tributa al Padre el culto perfecto.
    Más aún, la economía de la salvación, que la palabra de Dios no cesa de recordar y de prolongar, alcanza su más pleno significado en la acción litúrgica, de modo que la celebración litúrgica se convierte en una continua, plena y eficaz exposición de esta palabra de Dios.
    Así, la palabra de Dios, expuesta continuamente en la liturgia, es siempre viva y eficaz por el poder del Espíritu Santo, y manifiesta el amor operante del Padre, amor indeficiente en su eficacia para con los hombres" (OLM 4).
       

    jueves, 11 de noviembre de 2010

    ¿Qué somos y qué fuimos?




    España ha tenido una identidad forjada por la fe, por la grandeza de alma y por un sentido alto de responsabilidad, preservando los derechos y libertades gracias a su Derecho. ¿Habrá que recordar a la Escuela de Salamanca? Sí, esto no quita el pecado de los hombres concretos, pero no el alma de toda una nación. Jamás estableció la esclavitud ni degradó a los hombres exterminándolos como otros Imperios hicieron al descubrir o conquistar, sino que respetó su libertad y dignidad, empezando por el mestizaje como ejemplo. España nace cristiana y eso forma parte de su grandeza.

    Necesitamos reconocer y recordar la grandeza y la vocación de España. Necesitamos volver a nuestros orígenes y raíces, tan nobles, para confrontando con nuestro presente, crear un futuro digno de la propia vocación. Dicho de otra forma, volver a ser lo que fuimos; que nuestro pasado y el alma hispana se proyecten a nuestro futuro.

    Éste es el sentido que podemos sacar de las primeras palabras, protocolarias y de saludo, del Papa en Santiago. ¿Qué España? ¿Qué fue? ¿Qué aportó? ¿Qué hizo?

    “Siento una profunda alegría al estar de nuevo en España, que ha dado al mundo una pléyade de grandes santos, fundadores y poetas, como Ignacio de Loyola, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Francisco Javier, entre otros muchos; la que en el siglo XX ha suscitado nuevas instituciones, grupos y comunidades de vida cristiana y de acción apostólica y, en los últimos decenios, camina en concordia y unidad, en libertad y paz, mirando al futuro con esperanza y responsabilidad. Movida por su rico patrimonio de valores humanos y espirituales, busca asimismo superarse en medio de las dificultades y ofrecer su solidaridad a la comunidad internacional.
    Estas aportaciones e iniciativas de vuestra dilatada historia, y también de hoy, junto al significado de estos dos lugares de vuestra hermosa geografía que visitaré en esta ocasión, me dan pie para ensanchar mi pensamiento a todos los pueblos de España y de Europa. Como el Siervo de Dios Juan Pablo II, que desde Compostela exhortó al viejo Continente a dar nueva pujanza a sus raíces cristianas, también yo quisiera invitar a España y a Europa a edificar su presente y a proyectar su futuro desde la verdad auténtica del hombre, desde la libertad que respeta esa verdad y nunca la hiere, y desde la justicia para todos, comenzando por los más pobres y desvalidos. Una España y una Europa no sólo preocupadas de las necesidades materiales de los hombres, sino también de las morales y sociales, de las espirituales y religiosas, porque todas ellas son exigencias genuinas del único hombre y sólo así se trabaja eficaz, íntegra y fecundamente por su bien” (Benedicto XVI, Discurso de bienvenida, Santiago de Compostela, 6-noviembre-2010).

    ¿Qué señalaba el Papa?

    - Primero, la pléyade de santos. España ha dado grandes santos a la Iglesia, santos que han dejado una impronta clara e indeleble... pero que hoy deberá seguir suscitando santos, hombres y mujeres llenos de Dios, que sean transparencia de Cristo. Toda pastoral debe ser una “pastoral de la santidad” y tal vez, entonces, haya que cambiar el rumbo de lo que muchas veces se hace.

    miércoles, 10 de noviembre de 2010

    Sacerdotes sin temor


    El sacerdocio es una manifestación del amor de Cristo por su Esposa, la Iglesia.

    Y nada fácil resulta vivir el sacerdocio ya que se trata de una situación de ex-propiación para ser propiedad absoluta de Cristo. Uno no se pertenece a sí mismo, sino al Señor, y por eso busca ante todo, sobre todo, por encima de todo, el bien de la Iglesia, a tiempo y a destiempo, oportuna e inoportunamente. Aquí la inteligencia debe estar despierta y el corazón vigilante: deberá animar, enseñar, corregir, exhortar, reprochar... con tal de edificar la Iglesia. La conciencia sacerdotal debe estar por encima de cualquier otro interés humano en el sacerdote.

    El seguimiento, pero podríamos tranquilamente decir: el sacerdocio, no puede jamás representar un modo par alcanzar seguridad en la vida o para conquistar una posición social. El que aspira al sacerdocio para un aumento del propio prestigio personal y el propio poder mal entiende en su raíz el sentido de este ministerio. Quien quiere sobretodo realizar una ambición propia, alcanzar éxito propio será siempre esclavo de su mismo y de la opinión pública. Para ser considerado deberá adular; deberá decir aquello que agrada a la gente; deberá adaptarse al cambio de las modas y de las opiniones y, así, se privará de la relación vital con la verdad, reduciéndose a condenar mañana aquello que había alabado hoy. Un hombre que imposta así su vida, un sacerdote que vea en estos términos el propio ministerio, no ama verdaderamente a Dios y a los otros, sino solo a si mismo y, paradojalmente termina por perderse a si mismo. El sacerdocio -recordémoslo siempre- se funda sobre el coraje de decir sí a otra voluntad, con la conciencia, que debe crecer cada día, que propiamente conformándose a la voluntad de Dios, 'inmersos' en esta voluntad, no solo no será cancelada nuestra originalidad, sino, al contrario, entraremos siempre más en la verdad de nuestro ser y de nuestro ministerio (Benedicto XVI, Homilía en las ordenaciones sacerdotales, 20-junio-2010).
      El sacerdote debe ser muy libre y estar por encima de lo que puedan pensar de él. Por tanto, será dudosa la actuación de quien sólo pretende quedar bien con todos, decir "sí" a todos, dejar hacer. Refleja esta postura la inmadurez y al mismo tiempo el deseo de ser considerado por todos. Pero estará abdicando de su responsabilidad sacerdotal.

    martes, 9 de noviembre de 2010

    El simbolismo de la zarza y del fuego (Ex 3)

    El fuego está sobre una zarza –otros autores leen “un zarzal”- y allí se manifiesta Dios, al que no se le ve, sino que se le oye y su descubre su Presencia en el fuego siguiendo el relato del libro del Éxodo (cap. 3). En la imagen icónica, el rostro joven, sin barba, está completamente circundado por la zarza y el fuego de modo que no es posible que Moisés lo pueda ver. El fuego y la zarza son dos elementos intangibles, no se pueden tocar, incluso hay que guardar una cierta distancia ante ellos. Ahí se hace presente Dios, porque el Misterio no puede ser tocado por el hombre, ni manipulado, ni controlado .

        El fuego que es incontrolable y que proviene del cielo (“como un rayo”) es elemento muy presente en las hierofanías veterotestamentarias. Expresa un carácter divino y además y sobre todo, la absoluta libertad de Dios de manifestarse de formas distintas que el hombre no pueda ni abarcar ni supeditar a su voluntad. “Toda hierofanía [manifestación de lo sagrado], incluso la más elemental, revela esa paradójica coincidencia de lo sagrado con lo profano, del ser y del no ser, de lo absoluto y de lo relativo, de lo eterno y del devenir... Podría incluso decirse que las hierofanías todas no son sino prefiguraciones del milagro de la encarnación, que cada hierofanía no es sino un intento fallido de revelar el misterio de la coincidencia hombre-Dios... La morfología de las hierofanías primitivas no aparece en manera alguna como absurda dentro de la perspectiva de la teología cristiana: Dios disfruta de una libertad que le permite adoptar cualquier forma, incluso la de la piedra o la de la madera... En definitiva, lo paradójico, lo ininteligible, no es el hecho de la manifestación de lo sagrado en piedras o árboles, sino el hecho mismo de que se manifieste y, por consiguiente, se limite y se haga relativo” (Mircea Eliade) .

        El fuego es el primer elemento destacable, empleado por Yahvé muy frecuentemente, de hecho “sus hierofanías celestes y atmosféricas constituyeron muy pronto el núcleo de las experiencias religiosas gracias al cual fueron posibles las revelaciones ulteriores... La zarza ardiente del episodio de Moisés, la columna de fuego y las nubes que conducían a los israelitas por el desierto son epifanías yahvistas... El Señor es el único y verdadero dueño del cosmos” (Id.).

    lunes, 8 de noviembre de 2010

    El ministerio sacerdotal necesita tiempo de oración


    “Os exhorto a nutrir cada vez más vuestro ministerio con la amistad viva y personal y la compañía con Cristo. Una actividad pastoral inmensa e incansable, una dedicación total a los propios quehaceres, las homilías, las catequesis, las reuniones, las celebraciones y cualquier otra actividad que ocupe la jornada del sacerdote, se reducirá a mera agitación humana, si no está animada por el esencial ‘hilo directo’ con Dios en la escucha de la palabra, en la meditación y reflexión prolongada en la oración incesante y confiada”. (JUAN PABLO II, Discurso a los sacerdotes en Nola (Italia), 23-5-1992).


    “Para perseverar en nuestro ministerio pastoral necesitamos sobre todo ‘una sola cosa’, la cual, dice Jesús, ‘hace falta’ (cf. Lc 10,42). Necesitamos conocer muy bien al Pastor. Necesitamos una profunda relación personal con Cristo, fuente y modelo supremo de nuestro sacerdocio; una relación que exige la unión en la oración. Nuestro amor por Cristo, que se enciende siempre de nuevo en la oración –particularmente en la plegaria ante el Santísimo Sacramento- constituye la base de nuestro compromiso de vida célibe. Este amor hace posible también que, como servidores del reino de Dios, podamos amar a nuestros fieles profunda y castamente”. (JUAN PABLO II, Alocución a los sacerdotes en Miami, (EE.UU.), 16-9-1987).

    domingo, 7 de noviembre de 2010

    Plegaria: la vida que brota del Bautismo


    Oh Padre de la vida eterna,
    que no eres Dios de muertos sino de vivos,

    y que enviaste a tu Hijo como mensajero de la vida,

    para arrancar a los hombres del reino de la muerte
    y conducirlos a la resurrección,

    te rogamos que libres a estos elegidos

    de la potestad del espíritu maligno,
    que arrastra a la muerte, para que puedan recibir la nueva vida de Cristo resucitado
    y dar testimonio de ella.
    Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


    Señor Jesús,
    que, resucitando a Lázaro de la muerte, significaste que venías
    para que los hombres
    tuvieran vida abundante,
    libra de la muerte a éstos,

    que anhelan la vida de tus sacramentos,

    arráncalos del espíritu de la corrupción

    y comunícales por tu Espíritu vivificante

    la fe, la esperanza y la caridad,

    para que viviendo siempre contigo,
    participen de la gloria de la resurrección.
    Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

    sábado, 6 de noviembre de 2010

    Nuestros mártires españoles del siglo XX

    6 de noviembre: memoria obligatoria en la liturgia de los mártires españoles de la persecución religiosa del siglo XX.

    A todos se les podría aplicar estas palabras de Juan Pablo II:

    "Ninguno de los religiosos de la comunidad de Daimiel se había mezclado en cuestiones políticas. No obstante, en el clima del momento histórico que les había tocado vivir, también ellos se vieron arrastrados por la tempestad de persecución religiosa, dando generosamente su sangre, fieles a su condición de religiosos, y émulos, en pleno siglo veinte, del heroísmo de los primeros mártires de la Iglesia" (Homilía, 1-octubre-1989).

    No estaban en una trinchera disparando; ninguno hizo mal: desde 1931 hasta 1939 se desató una persecución religiosa que buscaba exterminar a la Iglesia en España. Los mártires no estaban mezclados en ideologías, ni armas, ni revoluciones: obispos y sacerdotes, jóvenes seminaristas o novicios, religiosos y religiosas, monjas de clausura, seglares por el mero hecho de ser miembros de la Adoración Nocturna, o de la Acción Católica... No; no eran víctimas de la guerra civil, sino mártires de una persecución religiosa desatada años antes de la guerra de 1936.
     
    "Ellos no murieron por una ideología, sino que entregaron libremente su vida por Alguien que ya había muerto antes por ellos. Así devolvieron a Cristo el don que de él habían recibido" (Juan Pablo II, Homilía, 7-marzo-1999).

    Conmueve conocer los relatos de su vida y su martirio y ver sus fotos; Alfa y Omega (¡magnífico semanario!) ha dedicado mucho a los mártires, especialmente cuando se celebraba su beatificación o canonización; por ejemplo en mayo de 1998,  o marzo de 1999, asi como en 2007, cuando fueron beatificados 498 mártires, que son aliento para la santidad.


    No antepusieron nada al amor de Cristo; ninguno negó a Cristo; y todos murieron perdonando a sus verdugos. ¡Gigantes de la fe!

    viernes, 5 de noviembre de 2010

    Salmo y participación litúrgica (un poco de todo)

    Desde que leí esta afirmación de san Juan Crisóstomo no la he podido olvidar por lo gráfica e impactante que es refiriéndose al estribillo del salmo responsorial:

    "Yo os exhorto a no salir de aquí con las manos vacías, sino a recoger las respuestas como perlas, para que las guardéis siempre, las meditéis y las cantéis a vuestros hijos" (Com. Sal 41).

    Esta frase nos daría para varios puntos de catequesis y formación:

    1. Los salmos deben ser alimento constante para la oración personal, repetirlos, cantarlos, asimilarlos, memorizarlos, porque esa es la Tradición de la Iglesia.

    2. El salmo responsorial, al que alude el Crisóstomo, se cantaba desde el ambón (no se sustituía por un canto cualquiera) y el pueblo participaba cantando la antífona como estribillo. Este salmo era objeto muchísimas veces del comentario homilético del Obispo (y esto era práctica común en todos los ritos y familias litúrgicas y en la praxis de los Padres de Oriente y Occidente).

    3. El pueblo participaba en la sagrada liturgia cantando, oyendo al salmista, respondiendo con el canto. No asistía en silencio a un rito incomprensible en lengua extraña, sino que tomaba parte cantando, rezando, respondiendo. Y esto mismo le otorgaba un carácter sagrado a la celebración: cantaban a Dios, cantaban delante de Dios, cantaban las palabras de Dios (los salmos y antífonas).
    Lo sagrado no es asistir en silencio a algo incomprensible.

    4. Participar activa, consciente, plenamente es hacer propio, asimilar e interiorizar las oraciones litúrgicas, las lecturas, el salmo. Es lo que ofrecía el Crisóstomo a su pueblo: tomar la antífona del salmo responsorial como "bastón de viaje" que lo acompañara siempre después del Oficio. La participación litúrgica es orar con los textos que el sacerdote pronuncia, interiorizar las lecturas bíblicas en las que Dios sigue hablando a su pueblo, dejarse empapar por el estilo y el contenido de los textos que se proclaman, se rezan o se cantan en la divina Liturgia.

    ¡Y cuántas cosas más se podrían añadir...!

    Empecemos -¡atención los coros parroquiales!- a cantar el salmo responsorial. Y todos a vivir una sincera espiritualidad litúrgica.

    jueves, 4 de noviembre de 2010

    Algo de rúbricas... (porque son necesarias)

    ¿Cómo se expone el Santísimo a continuación de la Misa?

    ¿Da el sacerdote la bendición, dice "Podéis ir en paz" y luego se acerca al altar para exponer al Señor?


    Como la adoración eucarística es prolongación de la Misa, la bendición del sacerdote se omite, así como despedir al pueblo: ¿para qué lo va a despedir si hay que seguir allí adorando? Y la bendición del sacerdote, lógicamente, se suprime, porque sólo hay una bendición, la que se da con el Santísimo al terminar la exposición.

    Esto que es tan básico, en la práctica se ve cómo cada cual obra según le parece, y el pueblo cristiano se confunde, pensando cada uno a su modo, o molestándose porque el sacerdote no ha dado la bendición (la suya, la del sacerdote) y ha procedido a exponer el Santísimo...

    Vayamos a las rúbricas, al modo correcto de hacer todos las cosas santas.

    "Si se trata de la exposición solemne y prolongada, conságrese en la Misa que preceda inmediatamente a la exposición la hostia, que se ha de exponer a la adoración, y póngase en la custodia sobre el altar después de la comunión.

    Entonces la Misa concluirá con la oración después de la comunión, omitiéndose el rito de despedida;
    y antes de retirarse el sacerdote ponga el Sacamento, si se juzga conveniente, sobre el trono o expositorio e inciénselo" (RCCE 94).

    O sea:

    -termina la comunión y se deja la custodia ya en el altar
    -se recita la oración de postcomunión
    -antes de retirarse el sacerdote pone el Sacamento en la custodia y lo inciensa.

    Y por si acaso, también el Caeremoniale episcoporum:

    "Se colocará la custodia sobre el altar, después de la Comunión. La Misa terminará con la oración después de la Comunión, omitidos los ritos de conclusión, antes que el Obispo se retire, inciensa el Sacramento" (CE 1105).

    Es el esquema, si recordamos, del Jueves Santo en la Misa en la Cena del Señor. El copón se deja sobre el altar tras la comunión, se recita la oración de postcomunión y entonces -omitida la bendición y la despedida- el sacerdote se acerca al altar, inciensa el Santísimo y con el paño de hombros toma el copón y se inicia la procesión hasta el lugar de la reserva eucarística.

    ¿Fácil, no?